Jefferson Savarino (i) de Venezuela disputa un balón con Miguel Trauco de Perú durante el partido Venezuela-Perú. | Fuente: EFE | Fotógrafo:

“Es un partido para no perder”, este fue el mensaje que mandó Juan Carlos Oblitas en la previa del partido ante Venezuela. Un mensaje que era más que un indicio de la postura que iba a asumir la Selección Peruana en su debut por Copa América 2019. El recuerdo de ese primer partido con Dinamarca en Rusia 2018 influyó.

La inclusión de Christofer Gonzales para formar un triángulo en la primera línea de volantes obligando a Cueva y Farfán a tirarse por los costados, volvió más combativo a Perú, pero le quitó elaboración por el medio. Le quitó espacios y el socio que siempre busca Yotún cuando busca progresar. La línea media y la de ataque lució inconexa. Otros contenidos fueron los laterales, mientras se mantuvo el sistema inicial, sólo Advíncula se animó -a través de acciones individuales- campo contrario. Las sociedades con Flores y Carrillo -acostumbrados a la banda- se extrañaron.

 

Perú estuvo bien en su papel de neutralizador, pero sacrificó el juego y si bien generó, no precisamente se logró con el sello del equipo de Gareca. Venezuela creció y eso se reconoce, pero aún así, la selección sigue siendo más. Aun con problemas futbolísticos y de confianza, superó en el trámite al equipo de Dudamel, faltó meterla, que no es poca cosa, pero se tenido armas para hacer más daño y buscar no sólo no perderlo, sino ganarlo.

Contra Bolivia, será distinto. El cambio de sistema y de postura (4-2-3-1) es algo seguro que se dará. Se aplaude el plan ‘B’, pero hay que saber cuando y contra quien se antepone al sistema madre. Hay que ganar, ya no alcanza con no perder.

 

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