Grupo RPP

Las investigaciones han demostrado que el cerebro comienza a aprender y a procesar información, aún antes del nacimiento. Y cuando el niño nace, es irreal pensar que es como una pizarra en blanco sobre la que podemos escribir, porque llega a este mundo con rasgos especiales en potencia, heredados, con un temperamento individual y facultades innatas, dones, talentos, capacidades, limitaciones y virtudes.
Los padres son los custodios que se encargarán de amar y guiar a este nuevo ser, sobretodo en los primeros años de su vida, son los primeros maestros y más importantes.

Todo niño tiene una capacidad innata de aprender. Son como semillas, que dentro de sí tienen la facultad de convertirse en enormes robles. Tienen un gran potencial porque nacen con todas las virtudes, los dones, listos para desarrollarlos regidos por cuatro factores. La naturaleza que hace que ciertas virtudes sean mayores en un niño que en otro.

La crianza es la manera en que se educa a un niño, cómo se reconocen y se respaldan sus dones.
La diferencia entre regar una planta y dejarla marchitar. Las oportunidades que los menores tengan de poner en práctica sus virtudes harán posible que se conviertan en lo que son. El esfuerzo es la responsabilidad del niño, su capacidad de responder a las oportunidades de poner en práctica sus virtudes. Al final es el niño quien decide si responderá a las oportunidades de su vida. La opción es el núcleo de la voluntad moral.

Cuando el niño experimenta el surgimiento de sus virtudes va nacer espontáneamente dentro de sí mismo, la autoestima y la verdadera felicidad. Los adolescentes son, por naturaleza, apasionados idealistas en busca de una manera propia de cambiar las cosas, de causar su efecto en el mundo. Cuando este idealismo se frustra se convierte en rebelión gratuita, pero cuando es honrado y apoyado, nada impedirá que preste un servicio entusiasta. Existen instituciones que han logrado rescatar jóvenes inmersos en la delincuencia juvenil ofreciéndoles la oportunidad de servir creativamente.

La autoestima es la suma total de cosas exactas y positivas que cada uno sabe de sí mismo. Tanto los niños como los adultos necesitan que alguien les diga cómo es su conducta, que alguien repare en ella y la agradezca, no por habernos complacido, sino por honrar a su propia naturaleza.

 

Dr. José Luis Pérez Albela Beraún