Las celebraciones de la disidencia cubana en Estados Unidos contrastó con la tranquilidad de las calles de la capital de la isla tras conocerse la noticia.












En Miami, Florida (EE.UU.) decenas de cubanos se reunieron con banderas de su país y de Estados Unidos en el café Versailles de Miami al conocer la muerte de Fidel Castro, bajo cuya Administración miles de personas huyeron de Cuba desde 1959.
Los canales de televisión locales mostraron imágenes de la multitud a las afueras del famoso café, que ha sido escenario de celebraciones semejantes cada vez que se intensificaban los rumores de la muerte de Fidel, y de manifestaciones de protesta y reuniones de los exiliados en Miami.
Ramón Saúl Sánchez, líder de la organización del exilio cubano Movimiento Democracia, se lamentó hoy de que la muerte de un "tirano" como definió a Fidel Castro no vaya a significar "la libertad del pueblo de Cuba". "Es la tristeza más grande que tengo en mi corazón", dijo este activista a quien la noticia de la muerte de Castro le sacó de la cama como a muchos otros miamenses.
Calma en La Habana. En contraste las calles de La Habana mostraban una absoluta normalidad pocas horas después de que se conociera la muerte del expresidente. Como es habitual durante la noche de los viernes y los fines de semana, el emblemático malecón habanero es punto de reunión de cubanos que acuden a charlar con amigos y familiares junto al mar, a escuchar música o a pasear, y en el lugar, casi nadie parecía conocer la noticia.
La alocución televisiva del presidente cubano, Raúl Castro, informando sobre la muerte de su hermano Fidel tuvo lugar al filo de la media noche, una hora a la que muchos cubanos ya se han ido a dormir.
Incredulidad. Además, la intervención del mandatario en el canal estatal se produjo sin aviso previo que pusiera en guardia a la audiencia, a diferencia de lo que ocurrió en otras ocasiones relevantes como el anuncio de la normalización de relaciones diplomáticas con Estados Unidos el 17 de diciembre de 2014.
Tampoco los turistas que pasean por La Habana dieron muestras de conocer la noticia, e incluso algunos jóvenes cubanos que se encontraban en la calle, tomaban con incredulidad la información y la descartaban pensando que se trataba de una broma.
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