¿Has mirado las nubes y encontrado rostros en ellas? No estás loco, este fenómeno tiene nombre: Pareidolia.
Si ya te ha pasado que ves caras en formas abstractas como las nubes, o cualquier otra silueta conocida, seguro te preguntarás el porqué de este fenómeno. Para empezar, tiene nombre: pareidolia, y también se origina por una razón muy simple, que va de la mano con nuestro desarrollo evolutivo.
La pareidolia: el arte de ver caras y formas donde no las hay
Aunque suene increíble, el ver caras y formas en sitios o cosas abstractas viene con una razón ligada fuertemente a nuestra supervivencia. También tiene que ver con nuestra capacidad creativa, como dictan los expertos.
Y es que, a medida que fuimos evolucionando con los siglos, nuestro cerebro se hizo más receptivo para reconocer rápidamente los rostros y las formas. De esta manera, podemos localizar a nuestros amigos o las amenazas con tan solo verlas por unos instantes.
Un estudio de la universidad de Berkley comenta al respecto que “los científicos sostienen que la pareidolia es un producto de nuestra capacidad evolutiva adaptativa para distinguir rostros y otras imágenes significativas de la masa de información visual que llega a nuestros ojos en cada momento de vigilia”.
Por otro lado, la periodista especializada en neurociencia y neuromarketing, Raquel Mascaraque, añade que esta capacidad se encuentra en el giro fusiforme del cerebro.
La cuestión es que hemos perfeccionado tanto esta capacidad que incluso podemos encontrar la forma de rostros o de otras figuras conocidas en donde realmente no las hay.
Otro dato interesante relacionado con este fenómeno que han descubierto los científicos es que la pareidolia es más frecuente en personas conocidas por su alta creatividad.
Los expertos notaron que las personas creativas encontraban un mayor número de formas en imágenes abstractas, comparado con el promedio.
Así que no, no estás loco: cuando encuentres la silueta de Mickey Mouse en las nubes o la forma de un elefante es tu cerebro ayudándote a darle sentido a algo que, normalmente, no lo tiene. La pareidolia en su máxima expresión.
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