Las desigualdades de nuestro país se han incrementado durante la pandemia y son las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad las que más se han visto más afectadas. En temas de alimentación, por ejemplo, son los niños y niñas menores de 5 años, adolescentes, mujeres embarazadas y lactantes y personas adultas mayores quienes se encuentran en mayor riesgo de enfrentar una malnutrición. Y una malnutrición desde pequeños puede traer enfermedades como la anemia, desnutrición u obesidad como consecuencias a futuro.

Por ello es tan importante hablar de una alimentación saludable, sobre todo en nuestro país y en tiempos de pandemia. Los nutricionistas consideran que dentro de la estructura alimentaria hay dos tipos de alimentos. El que ingresa por la boca y proporciona los nutrientes que necesita el cuerpo para el buen funcionamiento del organismo y el “alimento afectivo” que estructura el bienestar emocional desde que somos niños.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que en los primeros 6 meses se debe alimentar a los niños con leche materna exclusiva porque es la forma de alimentación óptima para los lactantes. También recomienda que luego de esos seis meses, se comience con una alimentación complementaria sin abandonar la lactancia materna hasta los 2 años o más.

Hábitos alimenticios desde pequeños

Parece algo cotidiano, pero cuando hablamos de alimentación hablamos también de un conjunto de decisiones humanas que comprenden la siembra, cosecha y distribución de los productos, la interacción con el ambiente, frecuencia de consumo, tamaño de las raciones, horarios, calidad de agua y hasta la forma cómo compramos y preparamos los alimentos que elegimos. Y todo ello puede garantizar (o no) que le brindemos una alimentación saludable a los pequeños de casa.

No obstante, Juana Molina, enfermera de Essalud y especializada en Crecimiento y Desarrollo Infantil, señala que la alimentación saludable es más que darle de comer al niño y que tiene mucho que ver con la salud, nutrición y la atención que recibe el menor.

“Es todo un sistema integral. A los recién nacidos se les controla su crecimiento, su actividad motora, la relación con sus padres y su entorno. Hay que vigilar la ganancia de su peso, talla y el tipo de alimento que debe recibir”, comenta.

En esa línea, afirma que en la alimentación de los niños importa la cantidad y calidad de nutrientes que recibe, de modo que cubra todos sus requerimientos según edad, sexo, talla, peso y actividad física.

“La mayoría de los padres no tienen en cuenta el contenido nutricional que le proporcionan al niño. En las alturas de Cusco hemos encontrado niños gorditos, rosaditos llenos de vida, pero chiquitos. Esto es un tipo de desnutrición; comen papa, pero no crecen. Cuando hablamos de alimentación tenemos que ver todo: lactancia materna, trato afectivo, nutrición, desarrollo motor”, revela.

Juana Molina recomienda a las mamás que van a sus controles médicos que la lactancia materna es primordial para una buena alimentación.

En los primeros 6 meses de vida son necesarios los controles médicos para analizar el crecimiento de los niños y niñas, que es afectado algunas veces por factores genéticos, hormonales, ambientales y especialmente nutricionales y, por lo que, pueden requerir de una alimentación complementaria.

La pediatra Tania Paredes, también de EsSalud, considera que en el caso de los niños de 2 a 5 años se debe tener en cuenta la distribución de las calorías, proteínas y grasas de los alimentos que se le brinda. “La alimentación saludable consiste en saber seleccionar los alimentos de alto valor biológico como carne, pescado, huevo o leche para proveer al niño y con esto garantizar su desarrollo y crecimiento”, señala.

Como el niño pequeño está en una etapa de crecimiento acelerado, los alimentos de origen animal aportan las sustancias necesarias para la formación y desarrollo de sus pulmones, cerebro y principales órganos, comenta la experta.

La pediatra Tania Paredes recomienda tener en cuenta la distribución de las calorías, proteínas y grasas de los alimentos que ingieren los niños.

Su recomendación para una buena alimentación es tener en cuenta la porción diaria que requiere el niño o niña y si está en relación con el tamaño y capacidad de su estómago, cuyo desarrollo -recordemos- es progresivo. 

Si un niño de 6 meses pesa 8 kilos, su capacidad gástrica es más o menos el 10% de su peso; es decir, debería ingerir una porción de 80 gramos. En esta pequeña porción los padres deben concentrar todos los nutrientes posibles. Los alimentos deben ser espesos y evitarse los caldos o sopas porque eso llena la capacidad de su estómago (pero no los alimenta)”, comenta.

Se recomienda que los alimentos para la primera infancia sean espesos y evitarse los caldos o sopas porque no alimentan.

Además, Paredes también resalta que los primeros 5 años de vida son claves para que la familia tenga la seguridad que el niño podrá desarrollar todo su potencial el futuro y su crecimiento será saludable. “El cerebro crece bien si tiene los nutrientes adecuados. Si no es así, el cerebro aumenta de tamaño, pero el niño tendrá carencias de adaptación social y deficiencia en su aprendizaje”, sostiene.

“No se trata de comer por comer”

El nutricionista Óscar Aquino, profesor de la Universidad Cayetano Heredia (UPCH) advierte que para gozar de buena salud no se trata de comer por comer sino saber elegir los alimentos adecuados y necesarios para nuestra vida diaria.

Señala que en niños de 6 meses a 5 años el aumento gradual del tamaño y crecimiento del cerebro y la capacidad y funciones de sus órganos van de la mano, y para ello la nutrición es clave. “La alimentación de una niña y un niño debe ser en base a una variedad de frutas y verduras, leche como fuente de calcio, huevos, lentejas, cereales y carnes. A esto debe sumarse el amor, la alegría, el entorno agradable que ayude a que el niño coma mejor y con más gusto”, aconseja.

El nutricionista recomienda que la dieta que se le da a los niños debe tener poca grasa, casi nada de sal o de azúcar y graduar las porciones que se les da de acuerdo con su apetito y con sus necesidades. Las razones por la que se debe evitar las bebidas con azúcar antes del año son para evitar crear condiciones para enfermedades como la obesidad y que perjudican su metabolismo.

“Es importante que los padres conozcan que hay que inculcarle a los niños, durante sus primeros años, buenos hábitos alimenticios. Los estudios revelan que el niño es inteligente y los patrones alimenticios que proporcionan los padres se graban en el cerebro muy rápidamente”, refiere.  

Otra de las recomendaciones es que la dieta de los niños debe ser variada y con muchos sabores para que experimenten con los alimentos. “Los niños a temprana edad requieren menos agua y para una buena nutrición necesitan -en poco volumen- densidad calórica y proteica en base a carne y la combinación de legumbres con cereales. Una alimentación saludable dependerá del manejo de las porciones diarias”, agrega.

Preferir los alimentos naturales a los procesados

Para la nutricionista Gisela Mauricio, del Instituto Nacional de Salud (INS), la alimentación saludable en niños está relacionada a la ingesta de alimentos en estado natural (no procesados) y que sirvan para proteger la salud del niño y defenderlo de enfermedades como la obesidad o anemia, que suelen vincularse a una nutrición deficiente.

“La alimentación dependerá de la edad del niño y las porciones que recibe. La mayor cantidad de alimentos deben ser de origen animal. Si no se tiene mucho dinero habría que utilizar tubérculos, fruta y recurrir a las menestras”, comenta.

La especialista señala que en muchos lugares del Perú no se conoce lo que es una alimentación saludable que evite la desnutrición infantil. “Es necesario enseñar, en todos los niveles, la importancia de la nutrición a temprana edad porque mucha gente prefiere alimentos procesados y deja de lado los alimentos naturales. Habría que enseñar lo que significa nutrición sana”, recomienda.

A finales del 2019, Perú logró reducir en la mitad la desnutrición crónica infantil, al pasar de 28% en el 2018 a 12.2% el año pasado. Además, entre los años 2018 y 2019, la anemia en menores de 3 años se redujo de 43.5% a 40.1% según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES).

Sin embargo, la pandemia ha hecho que este esfuerzo para reducir la malnutrición se vea estancado. Las cifras oficiales aún no se publican, pero lo más probable es que sigamos en el mismo índice. Se necesitan políticas públicas y esfuerzo de todos los actores involucrados de manera conjunta, y también podemos contribuir a la prevención de la anemia y la desnutrición infantil desde casa, tomando en cuenta todas estas recomendaciones para garantizar una alimentación saludable en los pequeños desde sus primeros años de vida.