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La ministra de Economía y Finanzas, María Antonieta Alva, sustentó ante el Pleno un proyecto consensuado entre Ejecutivo y Legislativo que propone facilidades de pago de deudas a las entidades financieras. | Fuente: Congreso

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Si todos mantenemos el esfuerzo por respetar las reglas sanitarias y cultivar el espíritu de unidad, octubre podría ser recordado como el mes que cambió el curso de una larga caída. Los últimos informes oficiales registran 56 fallecidos en un día, cifra que por trágica que sea, es la más leve desde abril. Seis distritos de Lima no registran defunciones por COVID-19 durante los últimos cuatro o más días: Rímac, Pueblo Libre, Chorrillos, Barranco, Lince y San Isidro. La nueva situación se expresa también en la neta caída de demanda de oxígeno y en la reducción del número de hospitalizaciones. Por supuesto que todos estos progresos pueden revertirse, en particular si el levantamiento gradual de medidas restrictivas nos conduce a un comportamiento irresponsable que desconozca las tres exigencias irrenunciables: mascarilla, distancia social, lavado de manos.

Pero octubre ha comenzado también con la aprobación de un proyecto de ley sobre reprogramación de deudas que es fruto de una coordinación, tan alentadora como inusual, entre el Congreso y el Ministerio de Economía. La misma ministra que hace pocos días sobrellevó con éxito una larga interpelación ha sido escuchada en su demanda de afinar la versión inicial del proyecto y así favorecer a los sectores necesitados de alivio económico sin poner en riesgo el equilibrio de nuestro sistema financiero. El proyecto que reduce las tasas de interés se ha ampliado a cajas de crédito y entidades microfinancieras, que prestan precisamente a sectores que no suelen acceder a créditos bancarios. El presidente Vizcarra ha anunciado que promulgará la ley en cuanto reciba la autógrafa. Parece simple que los poderes del Estado coincidan, pero durante los últimos tiempos hemos visto que las fricciones iniciales llegaron hasta la presentación de una moción de vacancia presidencial.

Lo que ha sucedido en el Perú es exactamente lo que preconizan analistas e instituciones internacionales que anticipan lo que puede ser el mundo post-pandemia. Lo más importante será la coordinación entre gobiernos, empresas y bancos de desarrollo para hacer frente a la caída económica y el aumento del desempleo causados por el coronavirus. El historiador israelí Noah Harari sostiene que la automatización y la aceleración de la inteligencia artificial causarán una sucesión de revoluciones en el mercado laboral, en la política y en todos los ámbitos de la vida. Para adaptarnos al mundo post-pandemia Harari advierte que dos virtudes son cada vez más necesarias: estabilidad mental y capacidad de reinventarnos para adaptarnos a los cambios inevitables.

Por su parte el Papa Francisco ha publicado la tercera encíclica de su pontificado, destinada también a orientar la evolución de la humanidad en el futuro incierto al que nos encaminamos. Bajo el titulo, de Hermanos todos, el jefe de la Iglesia Católica vuelve a inspirarse en San Francisco de Asís, a quien le atribuye haber sido “un padre fecundo que supo despertar el sueño de una sociedad fraterna”. La encíclica papal retoma también ideas que fueron formuladas el año pasado en un documento sobre la fraternidad humana redactado en conjunto por Francisco y el Gran Imán de la mezquita Al-Azhar, que atrae al Cairo a intelectuales y creyentes musulmanes de todo el mundo. El Papa reprueba el populismo, el dogma neoliberal, la violación de los derechos humanos, las noticias falsas, la manipulación de las redes sociales, la trata, la pena de muerte, el terrorismo, el crimen organizado y la guerra en todas sus formas. Francisco reitera que la actividad política es una de las formas más altas de la caridad cuando está orientada al bien común. La Encíclica, de 286 acápites, redactada durante la pandemia es desde ya el más importante documento de la Iglesia sobre la globalización y los desafíos que plantea el mundo contemporáneo a los valores del Evangelio.

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