Este 2021, por primera vez en su historia, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) puso en circulación la serie numismática “La mujer en el proceso de la Independencia del Perú”, conformada por monedas de un sol con la finalidad de rendir tributo y difundir la imagen e historia de mujeres patriotas que lucharon de diversas formas e incluso entregaron su vida para lograr la Independencia del Perú. Las monedas muestran a Brígida Silva de Ochoa, las heroínas Toledo y María Parado de Bellido.

Sin embargo, a doscientos años de nuestra Independencia, historiadoras consultadas para esta nota coinciden en que aún no se termina por aceptar que la participación de la mujer, con sus habilidades y talentos, ha contribuido al desarrollo de la sociedad a través del tiempo en disciplinas como las letras, ciencias o el arte.

En la actualidad, a pesar de ciertos avances en la legislación en favor de la mujer, los estereotipos de género que se asignan desde la infancia como verdades absolutas siguen siendo el principal obstáculo para que ellas puedan alcanzar sus plenos derechos. Pero esto no siempre fue así.

Voz y mando de las mujeres en la cultura Inca

En las Crónicas de Indias se relata que cuando los españoles llegaron a América comprobaron con sorpresa que las mujeres no solo tenían voz y mando, sino que además eran respetadas por los varones. La arqueóloga, antropóloga y educadora peruana, Ruth Shady, concluye en sus investigaciones que la mujer de la civilización preinca tuvo un rol protagónico en la administración pública.

Shady, quien también es directora de la zona arqueológica Caral -cuya antigüedad es de 5 mil años-, comenta que las mujeres desarrollaban actividades productivas que permitieron el florecimiento de los antiguos centros urbanos de esta ciudad.

Antropóloga Ruth Shady. | Fuente: Archivo Personal.

“La mujer siempre tuvo una posición importante en la sociedad (incaica). Había complementariedad entre el género masculino y el femenino”, refiere. Y esto lo podemos ver desde la configuración de las deidades masculinas como el sol “Inti” y las femeninas como la luna “Quilla”, agrega.

Pero también se ha encontrado representaciones de ambos géneros donde la mujer tenía acceso al poder político como la Dama de los Cuatro Tupus, refiere Shady. La arqueóloga ha señalado en repetidas ocasiones que, en la época prehispánica, la mujer y el hombre no eran diferentes, se dividían el trabajo y ambos podían alcanzar posiciones altas.

Cuando los españoles vieron este tipo de relación dijeron que los hombres “de esta parte del mundo” eran muy débiles porque permitían que las mujeres tuvieran acceso al poder y al gobierno. Desde ese entonces, con la presencia de la cultura castellana en América, los roles fueron cambiando y se instauró que la mujer no estaba capacitada para gobernar y que era el hombre quien debía tener el control.

En pie de lucha ante la Corona Española

En el Perú, a finales del Siglo XVIII, la mujer fue protagonista importante en la sublevación contra la Corona Española que las había obligado a estar bajo la tutela de un padre, sacerdote, esposo o hijo. Sin embargo, la historia oficial no le ha sabido dar la dimensión real a la labor que cumplieron en la lucha por la Independencia.

Cuando en 1780, en pleno Virreinato de Perú, Túpac Amaru se rebeló contra la administración española cansado por el abuso que sufría su gente, a su lado estuvo una mujer: Micaela Bastidas, su esposa. Ella también iba al frente dando órdenes, reclutaba mujeres y logró que la intervención femenina se produjera en todos los niveles sociales.

Micaela Bastidas. | Fuente: Andina

La historiadora Claudia Rosas, docente de la PUCP, considera por eso que a la mujer peruana hay que mirarla de otra manera porque su contribución a la sociedad ha sido fundamental en todas las etapas que le tocó vivir. Como historiadora ha logrado plasmar en una de sus publicaciones el reconocimiento a la participación femenina en tres guerras representativas de la historia del Perú republicano: La Guerra de la Independencia, entre 1780 y 1824; la Guerra con Chile, de 1879 a 1884, y la guerra con Ecuador, en 1941.

En el proceso de Independencia participaron mujeres de diversas clases sociales; “indígenas, criollas, peninsulares, mestizas y de castas, así como esclavas, libertas, plebeyas y aristócratas”, comenta. Si bien, la transformación en los roles de género se iniciaron en la sociedad colonial, los avances de la ciencia y la medicina, las reformas borbónicas y las guerras que sobrevinieron a inicios del siglo XIX, abrieron nuevas posibilidades a la participación femenina en la esfera pública, aunque fuera por breves períodos.

Historiadora Claudia Rosas. | Fuente: PUCP

También reseña que “en el proyecto ilustrado de modernidad, con argumentos científicos, médicos y filosóficos, se planteó que el papel de la mujer se circunscribiría a la esfera privada, mientras que el hombre se desplegaría en la pública”. En esa línea, las mujeres comenzaron a hacerse cargo del hogar y del espacio doméstico en el seno de una familia “sentimental”, mientras que el espacio público era de dominio masculino, donde los hombres se ocupaban del trabajo, la economía, la política y la guerra.

Además de “buenas esposas”, las mujeres debían cumplir a cabalidad “su rol de madre” y para ello, se consideró fundamental su educación en esos temas, cuenta Rosas. A mediados del siglo XVII fueron los conventos donde se brindaba educación a las hijas de las familias de estrato social alto y, solo en Lima, había cuatro o cinco colegios de monjas para la educación de huérfanas, mestizas y niñas españolas.

La conquista de los estudios superiores

La primera mujer universitaria en toda Latinoamérica fue una cusqueña: Trinidad María Enríquez, quién logró ingresar a la Universidad San Antonio Abad a estudiar Derecho en 1874. Esto marcó un hito en la educación superior; sin embargo, no fue hasta 1908 que se promulgó la ley que permitía a las mujeres estudiar en la universidad.

La aspiración de Trinidad María Enríquez por la educación superior la llevó a fundar un colegio y fue considerada hereje porque en esa época no se aceptaba que las mujeres realizaran estudios, así que pidieron la clausura de la institución. Cuentan los biógrafos que el local fue apedreado y las mujeres que asistían a clase fueron calumniadas y denigradas.

Trinidad María Enríquez. | Fuente: El Peruano.

Pasó mil peripecias para defender su derecho a la educación y finalmente logró la hazaña de ingresar a la Facultad de Jurisprudencia, lo que sería el comienzo de la profesionalización de la mujer en el Perú. Este aporte nos permitió avanzar en el acceso a la educación y decir que actualmente tenemos a más mujeres que egresan de estudios superiores, superando ligeramente en proporción su presencia respecto a los hombres en los últimos años, según la SUNEDU.

Liderazgo que perdura en el tiempo

Conforme pasaron los años y ya en un Perú republicano, las voces de mujeres que lideraron en su comunidad y que promovieron el cambio fueron aumentando cada vez más. El caso de Maria Elena Moyano es un ejemplo. Moyano fue una mujer afrodescendiente, estudiante de sociología y activista de Villa El Salvador que vivía interesada en difundir las ideas progresistas del desarrollo personal a madres y jóvenes, con amplio sentido comunitario y defensora de los programas de alfabetización a como diera lugar.

Maria Elena Moyano. | Fuente: Andina

Según datos de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), a fines de 1992, fue elegida presidenta de la Federación de Mujeres de Villa El Salvador. Durante esa labor logró agrupar a 112 comedores populares, alimentaba a 30 mil comensales a diario y gestionaba 507 Comités de Vasos de Leche que atendían aproximadamente a 60 mil niños y niñas.

Ese mismo año, a sus 33, fue asesinada por la agrupación terrorista Sendero Luminoso tras alzarse en su contra. Acérrima defensora de los derechos humanos, Maria Elena Moyano es siempre recordada por su tesón, su actitud solidaria, por liderar los movimientos en defensa de los derechos de la mujer y la paridad de género.

Diana Miloslavich, amiga cercana de Maria Elena, revela que cuatro años después de su muerte, el Ministerio de Cultura le otorgó póstumamente la Personalidad Meritoria de la Cultura en reconocimiento a su activa y valiente defensa de los DD.HH., como dirigente vecinal y luchadora social, y por revalorar la cultura de la mujer afroperuana.

A esta historia se agregan otras que dan cuenta del aporte de la mujer en la construcción del país y a esa larga lista se suman los nombres de auténticas heroínas como María Valdizán, Cleofé, María e Higinia Toledo, Tomasa Tito Condemayta, Micaela Bastidas, María Parado de Bellido, Matiaza Rimachi, Catalina Buendía de Pecho, Laura Rodríguez Dulanto, María Alvarado Rivera, Flora Tristán, Mercedes Cabello de Carbonera y María Asunción Galindo.

Todas ellas son mujeres que tienen un lugar en la historia gracias a su aporte a la libertad, la educación, la literatura y por sus contribuciones a nivel político, cultural y social, desde la gesta de la independencia hasta la actualidad. Sin embargo, el largo camino por los derechos de la mujer en el Perú continúa en plena evolución y sigue enfrentado al estereotipo cultural machista aún no superado. Es tarea de todos y todas reducir estas brechas que no nos permiten crecer en igualdad.