Fuegos artificiales: Los efectos sobre los bebés y las mujeres embarazadas

Los fuegos artificiales pueden generar intensidad sonora que varía entre 110 hasta 190dB, ocasionando lesiones en los bebés y en las mujeres embarazadas.

El efecto de los artefactos pirotécnicos sobre los niños es diverso, pero fundamentalmente se refiere al efecto sonoro y al directo a través del fuego y la onda expansiva que generan. | Fuente: Getty Images | Fotógrafo: coscaron

A pesar de las regulaciones de la SUCAMEC (Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil) sobre la comercialización y uso de fuegos artificiales en nuestro país, es evidente que muchos ciudadanos se las ingenian para su comercialización y uso indiscriminado en las fiestas navideñas y de fin de año. 

Usualmente, cuando hablamos del uso racional de dichos artefactos pirotécnicos, la mayoría de publicaciones se refieren al efecto nocivo y hasta letal, sobre nuestras mascotas y sobre la fauna urbana en general. Y aunque es importante proteger a los animales, no debemos olvidar que el efecto de dichos artefactos puede afectar también severamente a nuestros niños, incluso antes de nacer.

El efecto de los artefactos pirotécnicos sobre los niños es diverso, pero fundamentalmente se refiere al efecto sonoro y al directo a través del fuego y la onda expansiva que generan. Vamos a separarlos en dos:

- Efecto prenatal: relacionado fundamentalmente al efecto del ruido sobre el feto y el desarrollo coclear y los órganos sensoriales periféricos de la audición, así como el efecto autonómico.

- Efecto postnatal: quemaduras y mutilaciones (por su manipulación), pérdida de la audición (o disminución de la capacidad auditiva), efecto emocional (taquicardia, aumento de presión arterial, temor, pánico, llanto, etc.). Obviamente, a menor edad el efecto auditivo es mayor, especialmente en los recién nacidos.

Obviamente, a menor edad el efecto auditivo es mayor, especialmente en los recién nacidos. | Fuente: Getty Images

EFECTO DEL RUIDO

El sonido se define como la vibración de un determinado medio, usualmente el aire. El sonido tiene intensidad, frecuencia y periodicidad. Mientras que el ruido se define como un sonido indeseable. La intensidad del sonido la medimos en decibeles (dB), y la idea es que vivamos en ambientes saludables desde el punto de vista acústico, donde no sobrepasemos los 55 dB. En las unidades de cuidados intensivos neonatales y áreas hospitalarias no debemos sobrepasar los 45dB, según regulaciones médicas (US Enviromental Protection Agency, EPA).

Para tener un mejor entendimiento de los decibeles vamos a dar ejemplos de algunas situaciones y su medición en decibeles:

- 10dB: susurros, respiración
- 30dB: oleaje suave de la playa
- 50dB: conversación normal
- 70dB: conversación en voz alta, griterío, tráfico
- 80dB: camión en movimiento, timbre
- 90dB: fábrica, aspiradora
- 100dB: banda de rock
- 110dB: claxon, petardos, pirotecnia 
- 120dB: UMBRAL DEL DOLOR
- 150dB: avión a reacción
- 180db: cohete espacial

Los fuegos artificiales pueden generar intensidad sonora que varía entre 110 hasta 190dB, dependiendo del tipo de los artefactos utilizados y la distancia a la que nos encontramos. La OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda que los niños no se expongan jamás a sonidos mayores a 140dB.

Muchas mujeres embarazadas se exponen a ruidos intensos, sin darse cuenta que sus bebés aún no nacidos están también en riesgo de lesiones importantes. Diversos estudios realizados fundamentalmente en el área de medicina ocupacional han demostrado que los ruidos de alta intensidad, y de manera repetida, pueden generar pérdida de la audición en los fetos.

Muchas mujeres embarazadas se exponen a ruidos intensos, sin darse cuenta que sus bebés aún no nacidos están también en riesgo de lesiones importantes. | Fuente: Getty Images

En los fetos el efecto del ruido, a altas intensidades (85-95dB), peor aún si es constante, puede tener un efecto negativo sobre el desarrollo de la cóclea (oído interno, caracol). La cóclea completa su desarrollo entre las semanas 24-25, y su función es consistente a las 28 semanas. Quiere decir que a las 28 semanas los fetos pueden oír sonidos o ruidos a 40dB, mientras que a las 42 semanas perciben incluso sonidos de 13,5dB.

En las mujeres que trabajan en industrias estando embarazadas, el efecto es mayor debido al efecto sonoro persistente. En relación con la pirotecnia, quizás el daño sea menos frecuente debido a que no es tan común la exposición, sin embargo, la intensidad es mucho mayor y el efecto autonómico es consistente (aumento de frecuencia cardiaca, presión arterial, y perturbación de los ciclos de sueño).

En los recién nacidos, que vienen de un ambiente pacífico, sin luz y sin mucho ruido, la exposición a los fuegos artificiales puede generar respuestas y efectos notables. 

Se ha conducido estudios en las unidades intensivas neonatales encontrando que los bebés que han permanecido hospitalizados bajo estímulos sonoros de 50-80dB, tienen riesgo de pérdida de audición sensorioneural de 4-13% (el riesgo usual es 2%). Quiere decir que la exposición de los recién nacidos al ruido de los fuegos artificiales podría tener efectos a corto, mediano y largo plazo, tanto al aparato auditivo, como al estado autonómico (alteración de la frecuencia cardiaca, respiratoria, presión arterial), así como alteración de las fases de sueño-vigilia. En síntesis, el ruido constituye un factor de estrés importante.


En niños mayores, el efecto ya no es sobre el desarrollo del oído medio específicamente, sin embargo, se ha descrito perforaciones timpánicas y daño temporal y permanente sobre la capacidad auditiva.

El presente artículo no tiene como punto central el daño destructivo que se genera en los niños debido al fuego y la explosión, sin embrago, no podemos dejar de lado el peligro que significa la manipulación de dichos artefactos por parte de los niños, incluso de adultos, teniendo como consecuencia grandes quemaduras, mutilaciones y hasta ceguera, con daño importante en la víctima y su familia. La incidencia de accidentes por su uso continúa en aumento en diversas partes del mundo, por lo que además de regular su comercialización, deberíamos ser nosotros quienes terminemos con la demanda y el consumo. 

En conclusión, es importante controlar el ruido al que sometemos a nuestros niños, más aún si son pequeños, recordemos los decibeles antes de gritar y tocar la bocina de nuestros autos. Controlemos el volumen de nuestros audífonos y celulares. Respetemos a las personas que tenemos al lado, que el ruido constituye también una forma de contaminación ambiental. 

En el año 2012, un grupo de profesionales de la salud, y más de 20 payasos de hospital (Bolaroja, dirigido por Wendy Ramos, y Gesundheit, dirigido por Patch Adams) a propósito de un estudio clínico, logramos reducir los decibeles en la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital Nacional Arzobispo Loayza hasta niveles saludables para los bebés prematuros, a través de campañas silenciosas utilizando paneles que instaban a hablar a baja intensidad y a no usar los teléfonos celulares. Sigamos el ejemplo.

Susúrrale al oído a tu bebé (10dB), cántale suavemente y despacito (30dB), protégelo de los ruidos molestos y acarícialo como lo hace el suave oleaje del mar.


¿Qué opinas?