Además de "Animal" este año Francella ha estrenado en Argentina la comedia "Mi obra maestra". | Fuente: BF Distribution

Lejos de la comedia que lo hizo tan popular, el argentino Guillermo Francella ha encontrado en el drama sus mejores papeles en el cine. Francella se apoderó de la pantalla en "El Secreto de sus Ojos" y en "El Clan", y con su personaje en "Animal" también se perfilaba a conseguirlo otra vez.  Aquí Francella es Antonio Decoud, un padre de familia ejempla y gerente en una empresa dedicada a la venta de carne. Todo marcha muy bien para él hasta que sufre un ataque que lo convertirá en un paciente permanente de sesiones de diálisis. Antonio necesitará un transplante de riñón y su nombre se añadirá a una larga lista de espera. Ese estado de ansiedad, de suponer que un día su salud se quebrará finalmente sin que llegue un donante a tiempo, lo llevará a tomar decisiones sin importar el costo.

Antonio Decoud es un personaje que se va quebrando por no encontrar una forma legal de salvarse la vida. No entiende cómo teniendo el dinero suficiente para comprarse una casa o un automóvil no puede comprar un riñón. Su mayor enemigo es el sistema de salud y en general todo aquello que la sociedad impone para hacer lo correcto. Es en ese dilema que encuentra una oferta en Internet: una pareja de jóvenes está dispuesta  a dar un riñón a cambio de una casa. Esta posible solución enfrentará a Antonio con sus principios y con su familia, sin pensar en que tan confiable es esta pareja.

 

Armando Bo, el director y guionista de "Animal" fue uno de los escritores de "Birdman" y "Biutiful", ambas películas de Alejandro Gonzáles Iñárritu, la primera con un personaje descontrolado y la otra con un moribundo. Su primera película "El último Elvis", sobre un imitador de Elvis Presley que entra en crisis, es una pequeña joya del cine argentino. Sin embargo, aunque "Animal" transita en parte por esos mismos temas, es un paso atrás. Su primera parte es la mejor, cuando el personaje de Francella busca soluciones a su enfermedad y siente que se va quedando solo. Pero luego la película pierde el rumbo, no encuentra la forma de que la desesperación del personaje siga creciendo hasta llegar al final. Hace falta mayor urgencia y que se note, porque la vida de Antonio Decaud no parece estar en peligro. Él está obsesionado con conseguir un riñón, pero no parece que se fuera a morir.

Lo que pudo mantenerse como un relato de suspenso y con un debate moral sobre si todo vale para salvar una vida, se va desdibujando porque el director no encuentra una forma verosímil de que el descenso de su protagonista hacia su lado más salvaje o animal tenga un real impacto. La desesperación de Antonio Decaud da un salto muy grande que ya parece ser otra película, una sin matices, apurada e irritante.

Valoración: 2.5/ 5

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