Crítica | "Caiga quien caiga": Fuga sin rumbo

La caída de Vladimiro Montesinos  llega al cine pero en una película con serias limitaciones. Una historia sin profundidad ni tensión, llena de lugares comúnes y que no sabe cómo contarse.

Dentro de las limitaciones del guion, el actor Miguel Iza cumple con interpretar al ex asesor presidencial. | Fuente: Amaranta Films

"Caiga quien caiga" es decepcionante. Una promesa incumplida por toda la expectativa que se generó antes de su estreno. Contar la fuga de Vladimiro Montesinos, en la etapa final del gobierno de Alberto Fujimori, se presentaba como la oportunidad para hacer un thriller de intrigas políticas, pero hay que tener oficio para eso y lo que tenemos en cambio es un guion y una dirección poco inspiradas y con limitaciones.

La película representa los momentos claves en la fuga de forma muy superficial. No desarrolla un clima de tensión y urgencia que sostenga lo narrado. Solo algunas escenas de Miguel Iza ─quien sí se toma el trabajo de darle forma física y emocional a Montesinos─ se salvan en un guion lleno de clichés, que toma caminos que no conducen a nada, en el que aparecen y desaparecen personajes sin aportar a la historia, en el que los buenos toman decisiones en nombre de la dignidad y el futuro de la patria. Todo es muy moralizante y quiere sonar ejemplar. Los actores hablan como si estuvieran en un escenario o en una telenovela en la que todo es declamativo, en la que los diálogos tienen que sonar importantes aunque no lo sean.

 

Miguel Iza destaca como Montesinos en los momentos en los que se muestra autoritario, aún con el poder de ser el mandamás ante su gente, pero en otros roza la caricatura por culpa del guion. Uno siente que las correrías de Montesinos, el  ver que se está quedando sin aliados y que no encuentra  alguna vía de escape de la justicia, podría haberle sumado algo más de nervio  a la película, pero esto le hubiera restado minutos a la otra parte del relato, la de José Ugaz, procurador del caso Montesinos en el año 2000, y las investigaciones de abogados y periodistas.  Y eso no podría suceder, porque si hay alguien con quien quiere quedar bien la película es con Ugaz.

Se nota demasiado la intención de colocar como héroe a Ugaz, también autor del libro en que está basada la película. Hay películas apasionantes sobre pesquisas judiciales, pero quizá tanto al guionista como al director Eduardo Guillot les resultó bastante aburrida de contar en pantalla la labor de un abogado, y entonces ficcionalizaron varios detalles pero recurriendo al lugar común: tiene que haber un secuestro, tiene que haber un soplón, alguien se tiene que enamorar del héroe. Pero le hacen un flaco favor a Ugaz, porque su tarea en la vida real es absorbida por toda esta decoración, tanto que al final parece que no hizo nada por la captura y menos por cercar judicialmente a Montesinos. La participación decisiva del personaje de Ugaz ─interpretado por el actor Eduardo Camino─ pasa tan rápido que no se entiende y luego se acaba la película.

Dentro de todo, si hay algo que destacar en "Caiga quien caiga" es que llama a las cosas por su nombre. No hay medias tintas para decir que Montesinos y Fujimori fueron socios ni para resaltar las sentencias de los cómplices de un régimen que no se debe repetir y que nadie debe olvidar. Pero tratar un "tema importante" no hace que una película sea de por sí valiosa, porque el tratamiento que se le da al tema en "Caiga quien caiga" es tan burdo en términos cinematográficos que el resultado es una caricatura de la realidad, que no alcanza para tomar conciencia o indignarse por lo que sucedió en aquel gobierno. 

"Caiga quien caiga" es una oportunidad perdida para encontrar a través de la ficción paralelos con la corrupción de hoy. Y si eso no estaba en el interés del director y su equipo, es también una oportunidad perdida de hacer simplemente una película entretenida.

Valoración: 1/5

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