Clint Eastwood no había vuelto a actuar en una de sus películas desde "Gran Torino" en el 2008. | Fuente: Warner Bros.

A los 88 años, Clint Eastwood estrena "La mula", una película contada desde la vejez, desde quien mira el tiempo transcurrido y tiene por fin conciencia de cuál fue el costo de todo. Aquí  Eastwood es Earl Stone, un comerciante y cultivador de flores que ha vivido para su negocio y ha descuidado siempre a su hija y a su esposa. Al viejo Earl lo aplauden en convenciones organizadas por otros comerciantes de flores, pero luego de años de ausencia es un extraño en la vida de su familia. Agobiado por deudas y por negocios en Internet con lo que ya no puede competir, Earl quizá siente por primera vez que ya es un anciano que se está quedando al margen de la sociedad. No sabe qué hacer. Pero un día alguien le cuenta de una oportunidad de trabajo: necesitan un buen conductor, alguien que por su edad pase desapercibido para trasladar y repartir algunos paquetes. Luego de hacer su primera entrega y de ver el pago recibido, Earl lo volverá a hacer. Y así se convertirá en un transportista de drogas para un cartel de narcotraficantes.

Earl se vuelve El Tata, como lo llaman los narcos. Como si fuera un western, esas películas de vaqueros que han quedado para siempre unidas a la figura de Eastwood, El Tata asume la última aventura de su vida. Pero una aventura al margen de la ley, dominada por crímenes, lujuria y muerte. Y a pesar de ser una pieza de ese sistema oscuro, El Tata aún reconoce lo que es hacer lo correcto.

"La mula", que está basada en un caso real, es la película de Clint Eastwood donde quizá hay más humor. La edad del personaje en un mundo que ha cambiado tan rápido sirve para generar humor a partir de no saber cómo funcionan los celulares y en general la tecnología, o de volver a sentirse como un joven cuando sus contemporáneos ya están muertos o jubilados. Eastwood se ríe de ser viejo  y El Tata funciona como una revisión de su biografía fílmica (el hombre duro que asume una misión) y también pública porque Eastwood es un republicano que apoya a Donald Trump y se ha mostrado en contra de que hoy todo tenga que ser muy correcto para no ser acusado de racista, por ejemplo. El Tata es incorrecto, dice lo que piensa, y no se arrepiente. Aunque en el fondo sabe que por todo lo malo puede ser castigado. Es un hombre que acepta la penitencia por los pecados cometidos.

Donde menos funciona la película es con los antagonistas. La policía, encabezada por Bradley Cooper, y que está investigando las rutas de la droga no parece un peligro real para El Tata, y los narcos y su mundo están hechos de lugares comunes.

A través de su personaje en "La mula", ese cultivador de bellas flores todavía reconocido en un pequeño grupo de gente como él, Clint Eastwood parece estar hablando también de su oficio de cineasta y del público que sigue fiel a sus películas. En tiempos en los que prima la espectacularidad y el ruido, un director de casi 90 años tiene todavía cosas que decir y las dice con claridad. Clint  Eastwood es el último vaquero.

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