Crítica: "Había una vez en Hollywood": El tiempo del héroe

Valiéndose de la expectativa por un suceso sangriento del Hollywood del pasado, Quentin Tarantino reconstruye una época para decirnos que el cine puede salvar el peor de los días 

La película se vio por primera vez en mayo en el prestigioso Festival de Cannes. Ahora con su estreno comercial apunta a llegar a los premios Oscar. | Fuente: Sony Pictures

“Había una vez en Hollywood” es una película sobre el poder reparador de las ficciones. El cine, ese mundo de ilusiones, como un arma para protegerse de la vida real. Estamos en 1969 y tenemos tres protagonistas. Dos de ficción: Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), un actor de westerns que se siente en el inicio de su ocaso, y Cliff Booth (Brad Pitt) su doble de acción, asistente y mejor amigo. Y un personaje real, la actriz Sharon Tate (Margot Robbie), quien entonces era esposa del director Roman Polanski, y que estando embarazada fue brutalmente asesinada en su propia casa por seguidores de la secta de Charles Manson el 9 de agosto de 1969. Una fecha que marcó el fin de una década de contracultura, psicodelia y libertades, y que conmocionó para siempre a todo Hollywood. La muerte había tocado a la puerta de este cuento de hadas. No hay un mundo de sueños sin que existan también pesadillas.

Quentin Tarantino cuenta su historia en tres actos. El primero nos ubica en la época, Los Ángeles a fines de los sesentas, y en cómo viven sus tres protagonistas, qué música escuchan, qué consumen, qué ven en la televisión. Es un acto lento –y que pudo ser más corto y con más ritmo-, de observación de los personajes y del rumbo que tomarán. En el segundo acto vemos un día en la vida de cada uno. Rick Dalton en un rodaje tratando de sacar adelante un papel, enfrentado sus demonios y frustraciones para demostrar que aún puede ser un buen actor, Cliff Booth visitando las viviendas de las chicas hippies de la secta de Manson (un momento brillante, una antesala de lo que podría ser una película de terror filmada por Tarantino), y Sharon Tate (sublime Margot Robbie) en una sala de cine, atenta a las reacciones de la gente, viviendo el sueño de lograr ser una estrella. Son largas secuencias intercaladas que podrían funcionar como tres películas por sí mismas. Cada una en un registro distinto. Y el último acto trata sobre aquel 9 de agosto de 1969.

La narración de Tarantino se centra en el recuerdo. Una situación común contada en la película puede encadenar, en un tránsito natural, hasta dos o más flashbacks de un personaje. Pero también se centra en el papel del doble, “el que hace el trabajo sucio”, como lo define Rick Dalton. Porque de alguna forma un personaje también es un doble, el que en la ficción toma los riesgos que el autor ya no puede en la vida real.

Esta es la recreación del cine dentro del cine, de un espacio de fantasía en el que convivían estrellas y sus dobles, protagonistas y secundarios, artistas y obreros. Es una reivindicación de los héroes de las seriales de vaqueros o las películas de bajo presupuesto que veía Tarantino cuando era chico, héroes que quedaron grabados para siempre en su memoria y en su forma de hacer cine. Pero también una reivindicación de los personajes anónimos para el gran público, los que han mantenido el fuego encendido de la industria del cine, que no han dejado que la fantasía termine, los que salvan un mal día.

“Había una vez en Hollywood” es un festival de referencias cinéfilas. Una avalancha de lugares, películas, nombres de directores y actores, personajes, al que se suman canciones y músicos. Un museo de memorabilia ante el cual un espectador no tan enterado podría quedar fuera de lugar. Es a la vez un resumen del cine de Tarantino. Están sus fetiches (los primeros planos de pies femeninos) y hay escenas de todos los géneros o temas tratados en sus películas previas: pistoleros del spaghetti western, nazis vs soldados americanos, peleas de artes marciales (con Bruce Lee incluido). Todos géneros casi extintos, un cine de las cenizas. Además, con Rick Dalton y Cliff Booth, vuelve Tarantino a centrar su trama en dos amigos que se acercan al fin de la batalla, como sucedió en “Reservoir Dogs” (Mr.White y Mr. Orange), “Pulp Fiction” (Julius y Vincent) y “Django sin cadenas” ( Django y el Dr.Schultz).

En su novena película, Tarantino no cede a las sensibilidades de nuestra época, y responde con sangre y fuego a quienes critican la violencia de su cine. Se planta como un viejo vaquero listo para dar pelea.

Valoración: 4.5/5 

 

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