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Opinión | Contigo Perú, el día que cambió la historia, por Juan Carlos Vizcarra

El recuerdo de un partido perdido se convirtió en el símbolo de una victoria a largo plazo: el de un país que conmovió al mundo por su amor a la selección.
Hincha ruso canta el popular 'Cómo no te voy a querer'. | Fuente: GRUPO RPP | Fotógrafo: Juan Carlos Vizcarra

Metí las manos en mis bolsillos y la encontré, era de cartulina celeste y contenía todos los datos claves de un momento que quería borrar de mi vida. La iba a destruir, quería romperla en mil pedacitos y dejarla olvidada para siempre en un tacho de basura de Saransk, la ciudad más pequeña de la Copa del Mundo.

Entrada para el Perú - Dinamarca en Saransk.
Entrada para el Perú - Dinamarca en Saransk. | Fuente: GRUPO RPP | Fotógrafo: Juan Carlos Vizcarra

La selección de Perú acaba de debutar en el Mundial y hemos perdido el partido que no debíamos. No puedo dejar de mirar el arco donde Cueva erró el penal que pudo cambiar el resultado, sin embargo los aplausos de la gente me devuelven a la realidad. Los 35 mil hinchas peruanos aplauden de manera estruendosa al equipo de Gareca. Y no dejan de hacerlo, no hay un solo silbido, ningun reproche. Pero… ¡si hemos perdido!

Algo cambió ese día, el corazón aún me sigue latiendo fuerte, pero la historia no será la misma después del partido frente a Dinamarca. Nació una nueva relación entre el hincha y la selección. Fue amor puro, una conmoción emocional que nos contagió, que nos impidió sentirnos mal. Estabamos más fuertes que nunca.

Saransk apenas pasa los 300 mil habitantes y está en medio de la nada. El lugar perfecto para el nacimiento de un amor sincero, sin más intereses que el cariño. Los colores rojo y blanco han pintado la ciudad. Una ola de peruanos avanza entonando canciones que ninguno de los habitantes entiende. Salen por los balcones de sus casas y nos miran intrigados. ¿Son los daneses?

El estadio está a 15 cuadras del centro y ahí vamos todos juntos, como nunca, sin mirarnos de reojo ni por encima del hombro, sin hablar mal del otro, cómo no te voy a querer… Gente pobre, gente rica, padres e hijos, hauncaínos, chimbotanos, trujillanos, arequipeños. Gente como José Flores de Chancay, que en realidad viene desde Suzuka en Japón. Él trabaja en la fábrica de Honda, donde cada 38 segundos sale un auto nuevo. José lleva 20 horas viajando y ha tenido que vender su auto para poder ver al 'oreja' Flores y amigos.

El estadio mundialista de Saransk tiene capacidad para 42 mil espectadores, aunque no necesitan tanto porque el equipo de fútbol de la ciudad acaba de descender a la tercera división del fútbol ruso. Por eso despues del Mundial será reducido a 35 mil, más o menos la misma cantidad de peruanos que han cubierto casi todos sus asientos… Somos locales otra vez… con sus camisetas rojiblancas, originales y bambas. Hay ganas de aplaudir, de gritar, de cantar. Se siente en el aire.

De pronto estalla el Mordavia Arena de Saransk, los tres arqueros de Perú salen a pelotear, tan solo eso, un hecho común y silvestre. Pero la gente grita como si fuese un gol (que luego no podremos cantar frente a Dinamarca). Cáceda no puede dejar de mirar las tribunas mientras hace volar a Gallese. Apoyado contra uno de los palos Carvallo se acomoda los guantes y se los sopla nervioso. 10 minutos después otro estallido sacude a los rusos que fueron a ver el partido. Acaba de saltar al campo el resto de jugadores nuestros… Seeeeelección, esta noche vamos a ganar… están todos, no falta nadie, estamos todos. En Saransk y en el país, el corazón de cada peruano ha empezado a estrujarse, 36 años latiendo gastado y cansado (terrorismo, hiperinflaciones, autogolpes, terremotos, niños costeros y mil males más) y ahora de pronto lo tenemos en la garganta.

Hasta que nuestro universo explota, nadie lo espera, la voz del ‘Zambo’ Cavero atraviesa la atmósfera… Cuando despiertan mis ojos y veo… nos desnuda, no tenemos piel ni huesos que aguanten semejante huaico de emociones. No hay músculo en la cara que soporte tantas lágrimas.

Estamos desnudos, tenemos solo nuestra alma y el corazón ahora en la mano… Que sigo viviendo contigo Perú… los jugadores peruanos se dan cuenta. También tienen una inundación en los ojos,  pero deben seguir calentando, tocando (ojalá nunca dejen de hacerlo). Miran a las cuatro tribunas, retumba el Zambo en la voz de nosotros, los hinchas. Los que representabamos a 31 millones que se encuentran a 13 mil 147 kilometros de distancia.

En ese momento se detiene el mundo. Los jugadores y los hinchas nos damos cuenta, se acaba de producir el punto de quiebre entre la selección y sus seguidores. Puedo garantizarles que donde quiera que juegue la rojiblanca, inclusive en Marte, habrá gente alentando a nuestros jugadoresSomos tus hijos y nos uniremos y seguro que triunfaremos, contigo Perú… aunque despues fallen penales y perdamos el partido, el amor entre el hincha y la selección acaba de consumarse en Saransk. Y será para siempre.

La vida nos ha enseñado a luchar. Aprendimos a seguir creyendo en nuestro país a pesar de todo. El Mundial nos ha dejado una nueva enseñanza, ahora los peruanos hemos entendido que el éxito no solo pasa por ganar, lo importante es volver a intentarlo, es ponerse de pie y mirar hacia adelante. El fútbol (tantas veces negado y maldecido) nos ha dado identidad. En cualquier ciudad de Rusia y Europa en general los peruanos llevan puesta la camiseta, son reconocidos y saludados. No somos más personas sin documento. Los rusos y todo el mundo se han conmovido por nuestro amor hacia la selección peruana. Los deslumbramos, nos hicimos inolvidables, ahora saben que existimos.

Hinchas peruanos en Rusia 2018.
Hinchas peruanos en Rusia 2018. | Fuente: GRUPO RPP | Fotógrafo: Juan Carlos Vizcarra

Por eso guardé como un símbolo de ese instante único, de un momento clave en nuestras vidas, la entrada de un partido que no ganamos.

Porque lo importante no es llegar sino seguir avanzando.

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