César Vallejo, el poeta de la esperanza

Se cumplen 80 años de la muerte del autor de "Los heraldos negros" y "Trilce". Su genio y vanguardia se reflejaron en una obra que marcó generaciones.
Las formas de exclusión, de sufrimiento y su humanidad, eran puntos clave en la obra de César Vallejo.

César Vallejo pronosticó su propia muerte. Lo hizo en "Piedra negra sobre piedra blanca", poema en el que un aguacero en París eran telón para su último aliento. Pequeñas diferencias no hacen menos grande la coincidencia: el escritor murió un Viernes Santo en Francia un 15 de abril hace 80 años.

La muerte no fue la única idea alrededor de la cual giraban los escritos de Vallejo, quien se desarrolló en terrenos poéticos tanto como en prosa y hasta en la dramaturgia. Su originalidad radica en su enfoque en temas sustanciales del ser humano, así que también la vida y el dolor fueron materia central de su exploración. "Hay golpes en la vida tan fuertes como el odio de Dios", dice en "Los heraldos negros" y manifestó su convicción de que había nacido "un día que  Dios estuvo enfermo, grave" en "Espergesia". La vida y la muerte en su pluma.

Santiago de Chuco vio nacer a uno de los más grandes escritores peruanos en 1892. César Vallejo fue hijo de Francisco de Paula Vallejo Benites y María de los Santos Mendoza Gurrionero. Fue llamado el shulca, "último" en quechua, porque era el menor de 11 hermanos. Entre 1900 y 1904 cursó estudios primarios en la Escuela Municipal y luego en el Centro Escolar 271 de su tierra natal. Entre 1905 y 1907 estudia en el colegio San Nicolás de Huamachuco, pero en ese último año lo hace como alumno libre, por carecer de recursos.

Tras pasar un par de años junto con sus padres, en 1910 se matricula en la Facultad de Letras de la Universidad de Trujillo, pero abandona los estudios. En 1911 pasó un breve tiempo en Lima como alumno de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Las dificultades económicas lo hacen volver atrás nuevamente, aunque esta etapa influye claramente en su poesía, al utilizar términos anatómicos en su obra.

Las obras de César Vallejo abarcaron la poesía, la narrativa y el teatro. | Fuente: RPP Noticias

En 1913 inicia el primer año de Letras en la Universidad de Trujillo y se dedica a la docencia. Publica sus primeros poemas, que más adelante formarían parte de "Los heraldos negros". En 1915 la muerte de su hermano Miguel lo afectaría profundamente. Asimismo la partida de María Rosa Sandoval, con quien mantuvo un romance en 1916.

Vallejo frecuentó a los más importantes intelectuales peruanos de la época. Abraham Valdelomar, José María Eguren y Manuel González Prada. Con el primero guarda una anécdota particular: "Los heraldos negros" se termina de imprimir en 1918, pero se publica recién en 1919. La razón es que Vallejo esperaba que Valdelomar escribirá el prólogo, el cual nunca llegó debido a las muchas actividades del vate iqueño.

INCIDENTE EN SANTIAGO DE CHUCO

En agosto de 1920 César Vallejo regresa a Trujillo y más tarde se ve envuelto en un incidente que termina llevándolo a la cárcel, donde permanece durante 112 días. Es liberado en febrero de 1921 y regresa a Lima para corregir el libro que se llamaría "Trilce". Esta obra, emblemática de la poesía universal, se publica finalmente en 1922 con un prólogo de Antenor Orrego. Como sucede muchas veces, en su momento no recibió comentarios importantes, pero su trascendencia se puede sentir hasta el día de hoy.

En imágenes, el escritor siempre se mostró taciturno, como sus escritos.

En 1923 Vallejo llegó a la que consideraba la ciudad de sus sueños, París. Aunque al principio su vida ahí fue todo menos un sueño. No tenía trabajo ni lugar fijo para dormir, pero encontró en el músico y pianista peruano Alfonso de Silva un hombre en el que apoyarse.

En 1925 su situación mejora pues comienza a traducir libros del francés al español. Por esas épocas conoce a Georgette Philippart, quien se convierte en su interés amoroso y más tarde en su esposa. Desde entonces viaja por muchos países de Europa, incluyendo Rusia -eran conocidas sus convicciones revolucionarias marxistas-. Por esta época escribe varias piezas de teatro. En 1931 pulbica "El Tungsteno" y "Rusia en 1931. Reflexiones al pien del Kremlin".

Se casa con Georgette en 1934 y dos años después el estallido de la Guerra Civil española reaviva su militancia. A inicios de 1938 se siente enfermo y se somete a análisis clínicos. Sufre de fiebres y escalofríos. No logran precisar qué enfermedad tiene.

Sus últimas palabras, dictadas a Georgette, son "Cualquiera que sea la causa que tenga que defender ante Dios, más allá de la muerte, tengo un defensor: Dios".

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