El fenómeno absurdo de los "precios negativos" de la electricidad al cual se confronta en forma regular Alemania ha provocado la paradoja de que ciertos sectores reciban ese suministro en forma casi gratuita y evidencia la difícil convivencia entre las energías renovables y las tradicionales.

El miércoles, el precio del magavatio-hora costaba unos 40 euros (unos 50 dólares) en el mercado de la electricidad de la bolsa especializada EEX de Leipzig (este).

En la noche del 3 al 4 de octubre, había alcanzado un precio negativo de hasta -500 euros.

Esto significaba que el distribuidor de electricidad debía pagar a su comprador para sacarse de encima la mercadería.

Sin alcanzar siempre esa amplitud, este fenómeno se produjo unas 25 veces el año pasado y hasta en cuatro oportunidades este año, según EEX.

Para ello deben darse dos situaciones: una débil demanda (por ejemplo la fiesta nacional del 3 de octubre, Navidad, vacaciones escolares) y vientos fuertes que hacen trabajar los parques eólicos a tiempo completo.

"El problema con el viento es que hay días en que representa 0% de la producción alemana de electricidad y otros en lo que produce más de lo necesario", comentaba recientemente Fritz Varenholt, uno de los responsables del número dos de energía en Alemania, RWE, propietario de numerosas centrales nucleares y a carbón.

En Alemania, la electricidad proveniente de energías renovables tiene prioridad para ser inyectadas en el sistema.

Los distribuidores, los "vendedores mayoristas de electricidad", están obligadas a comprarla a un precio establecido, sea cual sea la demanda.

El objetivo es garantizar a los propietarios de los parques eólicos y paneles solares la venta de su mercancía.

Pero, en forma paradójica, esta electricidad que cuesta "menos que cero" termina inflando las facturas de los hogares alemanes.

En efecto, los propietarios de las redes de distribución, obligados de comprar a pérdida la electricidad verde, tienen derecho de trasladar ese sobrecosto a los consumidores.

Esta situación se convierte además en una gran ventaja para los propietarios de represas hidroeléctricas, en Alemania y especialmente en los países limítrofes.

A las represas se les paga para "comprar" la electricidad excedentaria, con la cual activan las bombas aspirantes y llenan sus reservorios.

De este modo, un día de débil producción y fuerte demanda, abren las compuestas y producen electricidad que venden a un precio elevado, con lo cual el negocio se vuelve redondo para ellos.

"Los precios extremos del 4 de octubre son una advertencia gratuita. El mercado alemán de la electricidad puede verse enfrentado a problemas masivos de funcionamiento y la principal víctima es el consumidor", indicó recientemente en un comunicado el ministro de Economía, Rainer Brüderle.

"Con el desarrollo de las energías renovables, este tipo de situaciones se va a multiplicar", advirtió el ministro liberal, partidario de la energía nuclear.

Alemania quiere duplicar para 2020 la parte de energías renovables en el consumo total de electricidad.

Esa porcentaje es actualmente del 10%.

El fenómeno de los "precios negativos" lleva agua al molino de los partidarios de las energías tradicionales y, sobre todo, de los reactores nucleares, cuya vida útil se extenderá, según prometió la canciller alemana
Angela Merkel.AFP