Avatar: La obra de Cameron donde la fantasía y la realidad se unen

La cinta fusiona de manera brillante dos mundos que parecían destinados a nunca tocarse. El real y virtual. Dos escenarios que se juntan en toda la cinta, pero que parecen nunca haber tenido separación.
Foto: Difusi

Si hablamos de la película Avatar, la más reciente producción de James Cameron, podría resumirlo sencillamente como una evolución en el cine al que estamos acostumbrados. Cuesta creerlo, seguramente. Algunos pensarán que suena un poco exagerado. Pero es cierto. Sino júzguelo usted con sus propios ojos cuando la vaya a ver.

De hecho, para hacer un punto de comparación, pese a que éstas no son bien vistas, el estreno de Avatar recuerda la aparición en el mapa del séptimo arte de la tan afamada saga Stars Wars, cinta que rompió la barrera de los efectos digitales abriendo un nuevo mundo y lenguaje de imágenes visto hasta ese entonces, cuando transitaba el año 1977.

Sin embargo, Avatar es más. Porque fusiona de manera brillante dos mundos que parecían destinados a nunca tocarse. El real y virtual. Dos escenarios que se juntan en toda la cinta, pero que parecen nunca haber tenido separación. La historia empieza en el año 2154 con la imagen de Jake Sully (Sam Worthington), una verdadera sorpresa, a decir verdad, en el cine de acción-ficción. Él es un soldado parapléjico que tiene como único sueño volver a caminar. De pronto, la ciencia le da esa oportunidad.

Pero no para encontrarle una solución a su terrible mal físico sino para convertirlo en un arma de guerra de un ejército que tiene como finalidad destruir todo lo que tiene a su paso para obtener sus recursos de un mundo llamado Pandora.

¿Lo que buscan? Una especie de roca adorada que vale millones en dinero y que solo se encuentra en ese lugar. Sitio que es habitado por criaturas azules que miden más de dos metros y con rostro entre felino y equino.

Ellos han frustrado durante muchos años los intentos de ejércitos invasores de establecer una colonia en su territorio. Y esta vez, no sería la excepción. Sully fue el escogido para ser parte del proyecto Avatar, que busca infiltrar su conciencia a un Na"Vi artificial para convertirlo en su arma de guerra o su caballo de Troya.

El ejército invasor lo tiene todo. Tecnología, ciencia y de más. Así como un grupo científico que es liderado por la Doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver), recordada por sus excelentes actuaciones en películas de este tipo. Una de ellas, Alien.

De todos los puntos importantes que tiene Avatar como película, uno se resalta el ingenio creativo del equipo realizador que buscó, en todo momento, "humanizar" una historia que es digital en un 90 %. Lo dijo su propio director hace poco.  

"Los Na"Vi son todos animados por computadora, pero tú no te debes dar cuenta de eso sino que debes creer que son seres reales. Podrán ver en sus rostros las emociones que son tan fáciles de hacer para una persona pero que para una animación es tremendamente complicado. Y la promesa es que los conmoverán".

Por eso, estos detalles convierten a Avatar en una pieza cinematográfica sumamente conmovedora. En sí, en cada parte de la producción cohabita una aplastante lógica y verosimilitud en Pandora, que obliga al cinéfilo a tomar conciencia del mensaje ecologista que nos da la cinta. Uno decide. O eres el "malo" de la película o uno de los habitantes de ese mundo lleno de árboles, de criaturas inimaginables y una divinidad que es consultada a cada instante.

Cada uno de estos detalles son méritos de James Cameron, pero también es sano señalar que el guión es un tanto esquemático y simple que a muchos puede decepcionar. La voluntad por hacerlo llegar a todos los públicos la convierte en estándar y con pocas dosis de complejidad. Un argumento "universal", en otras palabras. Se habla de una saga de tres partes, pero la historia pinta para tener una sola emisión. Es autoconclusiva.

Por Alexander Changanaquí.