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A pesar de que desde hace muchos años se sabe que el consumo de alcohol durante el embarazo produce retraso mental y malformaciones al nacer, muchas mujeres beben alcohol sin tomar en cuenta las graves consecuencias que esto puede generar.

La causa de los trastornos provocados por el síndrome alcohólico fetal (SAF) es la alteración de los péptidos, las neurotrofinas, una familia de proteínas que favorecen la supervivencia de las neuronas y que en el período de formación fetal pueden ser destruidas por el alcohol.

El embrión o el feto alcanzan la misma alcoholemia (gramos de alcohol por litro de sangre) que la madre, ya que el etanol pasa sin dificultad la barrera placentaria.

El alcohol es perjudicial en cualquier etapa del embarazo:
•    El periodo embriogénico es el más vulnerable a los efectos del alcohol, alrededor de la tercera semana de gestación se pueden producir malformaciones craneofaciales y déficit neurológicos severos.
•    Si el consumo se produce durante las 10 primeras semanas se pueden producir malformaciones cardiacas, renales, genitourinarias, esqueléticas, de piel, alteraciones del sistema nervioso, oculares y de la boca, tumores embrionarios.
•    Entre las semanas 7 y 20 de gestación el riesgo es muy alto para el desarrollo cerebral, el sistema nervioso central, y se pueden producir malformaciones en el cuerpo calloso
•    En el tercer trimestre, el alcohol puede inducir disminución de peso y talla, con un dismorfismo craneofacial característico como la microcefalia y pérdida neuronal y glial, ocasionando disfunciones neurológicas, estrabismo, miopía, epicantus.

Los niños con SAF presentan un patrón específico de anomalías faciales: oblicuidad antimongoloide, nariz aplastada, paladar alto, boca grande y labios finos.

Estos niños tendrán problemas de salud y psicosociales a lo largo de su infancia y vida adulta, perdiendo calidad de vida.

La prevención es sencilla: hay que evitar el consumo de alcohol durante todo el embarazo.