Comenzaron como cantares sobre la revolución mexicana, actualmente se inspiran en un gran problema dentro de dicha sociedad, el narcotráfico.

Si bien están presentes en todo México, el norte (en especial Sinaloa) es el área donde gozan de gran popularidad. Los narcocorridos tienen una forma particular de contar historias llenas de sangre.

El peculiar subgénero ha sido prohibido en las ciudades de Culiacán, Tijuana y Chihuahua. Los conductores de transporte público no pueden reproducir canciones de esta vertiente.

Sin embargo, sus cultores han encontrado la forma de producir su música sin ningún tipo de control; grabar los discos en Estados Unidos.

Para la historiadora en narco cultura Anajilda Mondaca, el subgénero musical es un documento valioso con valor incalculable.

Odiados o admirados, estos cantos son parte de la cultura mexicana.