Otros deportes concitan más aplausos, pero no tanta historia como el "kushti", la milenaria disciplina de lucha que practican cada día en la India miles de aprendices, sometidos a una disciplina espartana y un estilo de vida monacal.

El "kushti", similar a la lucha libre y ya existente al menos desde hace 2.500 años, es una disciplina en la que dos luchadores pelean sobre un cuadrilátero de arena vestidos apenas con un calzón.

"Había peleas entre dioses y hombres en el Ramayana o el Mahabharata. En la antigüedad se peleaba a muerte. Hoy, gana quien logra que su adversario quede inmovilizado con los hombros tocando el suelo", cuenta a Efe el instructor Maha Singh Rao.

"Nuestro deporte es viejo como el hombre, a diferencia del fútbol o el voleibol, traídos a la India por los ingleses", añade.

Rao dirige el más prestigioso centro (o "akhara") de la India, Gurú Hanuman, en Delhi, donde unos 150 jóvenes se someten cada día, desde las 04.00 de la mañana, a un exigente programa de ejercicios que incluye carreras, pesas e intensos combates sobre la arena.

Los luchadores, con edades comprendidas entre los quince y los treinta años, siguen una vida regular pero muy dura, en la que apenas existe privacidad, tienen un deber de celibato -"para no perder la concentración"- y solo descansan de la lucha en domingo.

"Lo más importante es la disciplina. Tenemos que respetar a nuestro gurú ("maestro"), y estamos obligados a ser trabajadores y sinceros", afirma a Efe el imponente luchador Rajiv Tomar, que se ha quedado fuera por poco de los Juegos Olímpicos de Londres.

En tanto que disciplina tradicional, el "kushti" no es olímpico, pero las autoridades indias decidieron hace unos años sustituir la tierra por lona, a fin de homologar la lucha india con la de otros países y poder competir con garantías a nivel internacional.

"Tú puedes cavar en cualquier pueblo, echas agua y listo, pero una lona cuesta mucho dinero y no todos se lo pueden permitir. Y además, la arena funciona como un ungüento para heridas y ayuda a quitar el cansancio", explica el entrenador Rao.

A los Juegos Olímpicos de Londres, la India llevará un total de cinco luchadores que buscarán repetir la hazaña de Sushil Kumar, un ágil combatiente que obtuvo una medalla de bronce en 2008 en Pekín, tras más de cincuenta y seis años sin indios en el podio.

Para ser como Kumar, un ídolo en la India, los muchachos se avienen a dormir juntos y sobre la lona, y ellos mismos se hacen su propia comida, una dieta vegetariana que incluye almendras molidas en grandes morteros y la típica mantequilla clarificada.

La "akhara" de Rao recibe donaciones de empresas privadas que financian los gastos y pagan a los mejores luchadores, la mayoría procedentes de familias con pocos recursos y venidos del campo, donde aún hoy se celebran campeonatos de "kushti".

"Un buen luchador requiere talento, flexibilidad, rapidez. Y sobre todo, interés por este deporte, porque eso es lo que llevará a su entrenamiento correcto, su dieta mesurada y su descanso necesario", cuenta Rao junto a la sala donde guarda los trofeos.

Quizá por los sacrificios que lleva consigo, el "kushti" ha ido cediendo terreno en los últimos años ante deportes de importación, como el críquet, pero en la actualidad sigue habiendo, mantiene Rao, entre 15.000 y 20.000 jóvenes dedicados a la disciplina en la India.

La escuela Gurú Hanuman es un centro modesto, con un gimnasio cerrado en el que se encuentra la lona y un espacio de arena al aire libre donde pelean, lentamente y hasta la extenuación, varias parejas de luchadores formadas de acuerdo con su peso corporal.

A su alrededor, los muchachos se dedican a escalar a pulso una cuerda atada a un árbol y otros hacen flexiones o pesas junto a los entrenadores, que les instruyen en las técnicas de lucha ante un templete del dios mono, Hanuman, adorado como patrón del "kushti".

Creado en 1928 por un luchador al que debe su nombre, el centro sigue el patrón de enseñanza tradicional india, en la que el alumno sigue con devoción y lealtad a su maestro, y con una jerarquía en la que, dijo el entrenador, el menor "respeta al mayor".

"Aquí viene gente de muchos tipos, pero enseñamos lo mismo: un toro y un elefante tienen mucha fuerza, pero aquí se trata de ser buen luchador tanto como buen civil. No buscamos que aprendas kushti para luego liarte a bofetones con gente en la calle", concluye Rao.

EFE