Mesas rotas, nostalgia y hasta cánticos de ‘Gaaaaaa’: así fue la noche de la WWE en Lima

La empresa de lucha libre más importante del mundo regresó al Perú para dar su mejor espectáculo de los últimos años. Pese al frío de la noche limeña, el público fue el mejor cómplice para los luchadores y luchadoras de la WWE.

Charlotte Flair posa con un cartel hecho por un grupo de fanáticos para ella (izquierda). Careo entre Rey Mysterio y Randy Orton (centro). Rey Mysterio posa con una bandera y fanáticos peruanos (derecha). | Fuente: WWE/RPP/WWE

La lucha libre es, ante todo, una puesta en escena. Está en el punto medio entre un deporte y una obra de teatro semiimprovisada. Las peleas tienen un resultado predeterminado y los luchadores -salvo en casos excepcionales en los que ensayan todo al detalle- coordinan durante sus presentaciones lo que van a hacer sobre el ring y cómo van a acabar la lucha, con los parámetros que les dan las autoridades de la empresa. En el caso del evento de lucha libre de este sábado en Lima, hablamos de la WWE: el gigante de la lucha libre a nivel internacional, la empresa más importante del rubro a nivel mundial.

¿Qué determina entonces que un evento en vivo de lucha libre sea bueno, regular o malo? Pues importan tanto las habilidades (fuerza, técnica y/o agilidad) de los luchadores dentro del ring, como su habilidad para hacer que el público reaccione a su performance. La noche del sábado en el Jockey Plaza, los luchadores de la WWE mostraron porque son los mejores en lo suyo y el público peruano estuvo a la altura, elementos que se tradujeron en el que probablemente fue el mejor evento de la historia de la WWE en el Perú.

El evento fue abierto por Sami Zayn y Kevin Owens. Como en cualquier historia o narración, la lucha libre casi siempre se basa en la dinámica del bien contra el mal, el héroe contra el villano. Cada luchador interpreta a un héroe o a un villano que debe hacer de todo para que el público lo apoye y grite su nombre, o que lo abuchee e insulte, según sea el caso. En esta pelea, el héroe (face dentro del lenguaje propio de la lucha libre) fue Kevin Owens, un barbudo peleador de 1.83 m. y 121 kilos, frente al villano (heel), un pelirrojo de 1.85 cm y 96 kg.

Kevin Owens (centro) saluda al pública tras su victoria en la pelea inicial. | Fuente: Composición RPP (Fotos de WWE)

Zayn ingresó al ritmo de su canción propia (cada luchador tiene una canción que lo caracteriza en su camino al ring), un ritmo al estilo ska-punk que despertó al público limeño. Micrófono en mano, alentó y pidió al público para que haga ruido, solo para insultar al público peruano poco después. Uno de los trucos más viejos para que un luchador sea abucheado. Al frente estuvo Owens, cuyo personaje es de un hombre ‘común y corriente’, que no se caracteriza por su musculatura o su fuerza, sino que lucha para mantener a su familia. Ambos luchadores (originarios de la misma ciudad y mejores amigos en la vida real desde hace más de 10 años) han peleado cientos de veces alrededor del mundo, intercambiando los roles de face o heel según decida la empresa. Esta vez la victoria fue de Owens.

Al final de la pelea, Zayn se negó a irse del ring aduciendo ante el árbitro que “no estaba listo” y que quería repetir la lucha. De inmediato salió Matt Hardy, un veterano de la lucha libre y uno de los más aplaudidos de la noche, para atacarlo y sacarlo del ring, ganándose al público de inmediato. Era turno de la segunda pelea. El rival era Andrade, un luchador mexicano en ascenso, cuyo personaje es el de un villano arrogante. Hardy, un sobreviviente del boom de la lucha libre a finales de los noventa, está en sus últimos años y la lucha fue sostenida por su joven y habilidoso rival, quien, pese a esto, se ganó los abucheos del público. En esto importa más el personaje que lo que sucede entre las cuerdas. Y la nostalgia por las épocas en las que Hardy era joven, fines de los noventa e inicios de los 2000, pese incluso más.

Luego fue el turno de la lucha libre femenina. Durante décadas, salvo contadas excepciones, las mujeres jugaron un rol secundario en la lucha libre. Eran las ‘representantes’ o parejas de los luchadores, haciendo de villanas o heroínas. Y las que luchaban, bien o mal, eran relegadas a solo un o dos minutos por show. Hoy la realidad es otra. Las mujeres han tomado mayor protagonismo en al WWE, al punto de que este año la pelea de fondo del máximo evento de la lucha libre a nivel mundial, WrestleMania, fue protagonizada por primera por tres mujeres. Una de ellas, Charlotte Flair, fue la siguiente en salir al ring para enfrentar a Ember Moon.

Parte de la división femenino de la WWE en Lima: Sonya Deville y Mandy Rose (izquierida). Charlotte Flair (centro). Ember Moon siendo atacada por Mandy Rose (derecha). | Fuente: Composición RPP (Fotos de WWE)

Charlotte, una rubia de casi 1.80 m., es hija del mítico Ric Flair, uno de los luchadores más importantes de toda la historia. Como su padre en su momento, Charlotte es hoy una de las luchadores más famosas, respetadas y talentosas, y tiene un rol peculiar. En teoría, hace de villana, pero su carisma y habilidad hace que los fanáticos clamen por ella en lugar de abuchearla, por más trampa que haga. A esto se le llama tweener, un intermedio entre el héroe y un villano (algo así como un antihéroe) que muy rara vez es derrotada. Pese a esto, fue Ember Moon, afroamericana de 1.57 m., quien se llevó la victoria con una espectacular llave desde la tercera cuerda a la que llama ‘eclipse’.

Charlotte se fue entre los aplausos del público y Ember Moon se quedó en el ring celebrando, momento que fue aprovechada por otra rubia, Mandy Rose, y su compañera, Sonya Deville (una pareja de villanas), para salir y atacar a la ganadora. Al rescate salieron otras dos ‘heroínas’: las carismáticas japonesas Asuka y Kairi Sane, conocidas como las ‘Guerreras Kabuki’. De esto salió la siguiente lucha, el único en parejas de la noche. Y en contra de las expectativas iniciales, fue en una de las más entretenidas de la noche gracias al carisma de las niponas y sus rivales, todas muy hábiles para conectar con el público y lograr ser apoyadas y abucheadas, respectivamente. La victoria fue de Asuka y Sane, con su estilo de alto impacto típico de Japón, gracias a un codazo de la segunda desde la tercera cuerda.

Luego vino la que fue la mejor pelea de la noche: una ‘lucha callejera’ entre Roman Reigns y Samoa Joe. Cada empresa de lucha libre elige a dedo a un luchador para ser el protagonista principal de sus historias, el que suele ser el campeón la mayoría del tiempo, el número 1. Los motivos pueden ser varios: carisma, habilidad en el ring, apariencia física, o una combinación de todas las anteriores. Estos suelen ser los luchadores más famosos a nivel mundial: Ric Flair, Goldberg o Sting en la antigua WCW, Hulk Hogan, Stone Cold Steve Austin o John Cena en la WWE. Hay un luchador así en cada generación y el de esta, desde ya hace unos años, es Roman Reigns.

Presentado casi siempre como el face más fuerte de la empresa, casi un ‘superman’ del ring’, y de mucha aceptación entre los más niños (para muchos de los cuales la lucha libre todavía es real) Reigns es -sin embargo- resistido por un amplio sector de los fanáticos adolescentes o adultos. Estos, que saben que ha sido elegido por la empresa como el ‘número 1’, no lo ven como digno de ese estatus. Sea esto justo o no, el sábado en Lima Reigns demostró por qué la WWE confía en él como el principal rostro de la empresa hacia el futuro.

Reigns y Joe, ambos de ascendencia samoana, se enfrentaron en una ‘pelea callejera’, un tipo de combate en que los peleadores pueden golpearse con cualquier objeto externo: sillas, palos de kendo, y hasta mesas de madera, elementos que suelen ser el plato de fondo de este tipo de combates. Tras darse con todos estos objetos, acción que sería castigada con la descalificación en una pelea tradicional, Reigns se llevó la victoria tras atravesar una mesa con el cuerpo de su rival. Fue el momento en el ring más vitoreado de la jornada.

Luego de una pausa de unos 15 minutos, fue el turno de la lucha por un título: el japonés Shinsuke Nakamura defendió su título intercontinental ante Mustafa Ali, estadounidense de ascendencia pakistaní. La pelea fue entretenida en sí misma gracias a la agilidad del retador y a los letales golpes del campeón, típicas del estilo japonés; pero fue ligeramente opacada por los gritos del público limeño. Nakamura suele gritar ‘Aaaaaaah’ luego de un golpe, grito que fue respondido por varios fanáticos con un ‘Gaaaaaaa’, sonido asociado al fenómeno ‘Chupetín Trujillo’, una broma nacida en las redes sociales. Fue quizás el momento más peruano de la jornada, más allá de la típica pose de los luchadores con la bandera del Perú o la camiseta de la Selección Peruana. La victoria fue del nipón.

Foto de Nakamura en Lima compartida por la WWE en Instagram

El momento más nostálgico llegó gracias a Rey Mysterio y Randy Orton, los siguientes en subir al ring. El primero es un menudo enmascarado mexicano con más de 30 años de experiencia en el ring y una de las principales atracciones de la WWE desde el 2002. Conocido por su estilo volador, sus máscaras coloridas y por su cercanía con Eddie Guerrero, otro carismático luchador de origen mexicano que murió en el 2005 con solo 38 años, Mysterio tomó el micrófono y se dirigió en español al público limeño. Les agradeció por el recibimiento (fue sin duda el más aplaudido de la jornada) y le dedicó la pelea a su fallecido amigo.

Acabado el discurso, salió Randy Orton. Si cada generación de la lucha libre tiene un héroe, también tiene a un villano. Conocido como ‘La Víbora’, Orton ha sido uno de los principales heels de la WWE durante casi 15 años. Es tan bueno haciendo de villano que los fanáticos, de hecho, hoy lo aplauden más de lo que lo abuchean. Lo que hace que el luchador se esfuerce el doble para ganarse el rechazo del público: se burló de la talla de Rey Mysterio (1.68 m. frente a su 1.96 cm.), intentó quitarle la máscara (la máxima vergüenza para un luchador enmascarado) y posó de forma arrogante. Pese a todo, gran parte de los fanáticos siguieron coreando su nombre. Esta vez, además, fue el villano el que se llevó la victoria con su ‘RKO’, una de las llaves más famosas de la lucha libre moderna.

La pelea de fondo fue la pelea por el campeonato mundial de la WWE. Kofi Kingston, un luchador nacido en Ghana, defendió su título ante Daniel Bryan, para muchos especialistas el mejor luchador técnico del mundo. El primero, conocido por su carisma, sus bailes y sus movidas aéreas, hizo del héroe. El segundo, que interpreta a un egocéntrico ‘vegano’ y ambientalista con complejo de mesías, hizo de villano. Cosas de la lucha libre.

La entretenida lucha apeló mucho a la participación del público con trucos de ambas partes para ser abucheados y apoyados, respectivamente. En un momento, el público comenzó a gritar ‘¡Hace frío!’ en referencia al clima de Lima a las 10:30 de la noche de un día de agosto, lo que fue respondido por Kingston con un baile en el que hacía un gesto de abrigarse. Al final, el campeón se llevó la victoria tras una patada voladora. En su despedida, posó junto a una bandera peruana y estrechó las manos de casi todos los fanáticos a su alcance, grandes y chicos. Y para cerrar la noche, el anunciador de la WWE, tras hablar toda la noche solo en inglés, se despidió con un ‘¡Hace frío!’, ante las risas del público que comenzaba a abandonar el lugar. Pese a esto, fue la noche más caliente de lucha libre en Lima en muchos años.

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