Del horror de la guerra a las olimpiadas, los refugiados que llegan a Río 2016

julio 30 | 23:00 hrs

Si el coraje fuera un deporte olímpico, los diez atletas que forman el primer equipo de refugiados de la historia de los Juegos deberían ganar muchas medallas en Rio-2016. Desde Yusra Mardini, una nadadora adolescente de Siria, que cruzó valientemente el Mediterráneo desde su país en una pequeña embarcación en mal estado, hasta Popole Misenga, que pasó ocho días escondido en un bosque para escapar a las luchas sangrientas del Congo, cada uno de los deportistas refugiados ha superado situaciones aterradoras para mantener vivo su sueño olímpico.

Méritos deportivos. La jefa de misión del grupo de refugiados que participará en los Juegos de Río de Janeiro bajo la bandera olímpica, la exmaratonista keniana Tegla Loroupe, afirmó este sábado que esta delegación competirá por sus méritos deportivos y no por su estatus político. "Lo que tenemos aquí es un equipo olímpico y estoy muy feliz de representar a estos atletas", dijo durante una rueda de prensa en el Parque Olímpico de Río de Janeiro.

Yusra Mardini "Es verdaderamente un honor para mí estar aquí", dijo en rueda de prensa esta joven de 18 años competirá en los 100 metros mariposa y los 100 metros libres. Hace menos de un año, Mardini tuvo que nadar para salvar su vida. Durante un peligroso viaje a la isla griega de Lesbos, se hundió el bote en el que viajaba. Mardini y su hermana saltaron al agua, se agarraron a una cuerda y pasaron las tres horas y media siguientes en el agua junto al bote.

Rami Anis. Un nadador que huyó de Siria en 2011 para evitar ser reclutado por el ejército, llegando a Bélgica desde Estambul en octubre del año pasado. "Estoy muy orgulloso de estar aquí", dijo a la prensa este sábado. "Pero siento un poco de tristeza de no estar participando como sirio. Estamos representando a gente que ha perdido sus derechos humanos y se está enfrentando a injusticias". El nadador de 25 años de los estilos mariposa y libre describió al equipo de refugiados como un grupo "que no desespera". "Tenemos una voluntad de acero, aunque nos sentimos tristes, por supuesto, debido a las guerras en nuestros países", dijo Anis.

Popole Misenga. Para el judoca congoleño las consecuencias del devastador conflicto en su familia han ido muy lejos. El deportista de 24 años rompió a llorar cuando fue preguntado sobre el mensaje que enviaría a través de su participación olímpica. Misenga tenía solo nueve años cuando huyó de la guerra en Kisangani, en la República Democrática del Congo. Separado de su familia, se escondió en la jungla durante ocho días antes de ser rescatado y llevado a un centro para desplazados en Kinshasa. Después se asentó en Brasil, quedándose en el país tras el Mundial de 2013.

Yolande Mabika. Otra refugiada de la guerra del Congo, Yolande Mabika, siguió los pasos de Misenga, asentándose en Brasil. "Esto no es solo una lucha por el deporte, sino una lucha por la vida. Cada uno de nosotros tiene sus propias historias que contar", dijo. 

Raheleh Asemani. Nacida en Karak, Irán, en 1989, quiso ser gimnasta desde niña, pero, por consejo de su padre, entrenó taekwondo. Eso fue en el año 2000 y en el 2009 ya era una profesional en el circuito de alta competición de Irán. En 2012, se convirtió en una refugiada por razones que no desea divulgar y llegó a Bélgica.

Una medalla de la humanidad. El técnico Geraldo Bernades afirmó que la pregunta de si alguno de los refugiados puede ganar una medalla, carece de importancia. "La gente pregunta si pueden ganar una medalla. Y yo digo que ya han ganado sus medallas, con el solo hecho de participar en Rio (...) La mayor medalla de ellos fue la social, la de volver a tener oportunidades de nuevo, la medalla de la humanidad", comentó.  El equipo de refugiados que participará en Río de Janeiro bajo la bandera olímpica está compuesto por 10 deportistas que competirán en judo, natación y atletismo.

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