Bordaberry derrocó democracia en Uruguay y fue depuesto por militares

Durante el régimen dictatorial, Bordaberry quiso implantar un nuevo sistema político inspirado en el franquismo español, que no gustó a los militares por implicar la desaparición de los partidos políticos.

Conservador, católico, antiliberal y empresario rural, además de reo por delitos de lesa humanidad, Juan María Bordaberry (1928-2011) fue el responsable de derrocar la democracia uruguaya desde la presidencia en 1973 sólo para ser depuesto por los militares a los que abrió la puerta del poder.

Sus ideas corporativistas, de un Gobierno de inspiración franquista y para eliminar los partidos políticos, a los que creía superados, no sirvieron para una clase militar que sólo reconoció su poder cuando les fue útil y que luego terminaron destituyéndolo en junio de 1976 cuando dejó de servirles.

Por ese breve período de poder constitucional (1972-1973) y como presidente de facto (1973-1976), Bordaberry se ganó el dudoso mérito de ser el único presidente civil condenado por atentado a la Constitución, asesinato y desaparición forzada en la historia de Uruguay.

Padre de nueve hijos, entre ellos el hoy líder del Partido Colorado Pedro Bordaberry, el expresidente nació en Montevideo en el seno de una familia de origen vasco-francés vinculada al Partido Colorado, si bien comenzó su carrera política muy joven en la Liga Federal de Acción Ruralista, de la que fue presidente y por la que accedió al Senado en 1963 en alianza con el Partido Nacional.

Sin embargo, poco después incorporó su organización a las filas del Partido Colorado y en 1969 fue nombrado ministro de Ganadería y Agricultura por el presidente colorado Jorge Pacheco Areco, representante del sector más derechista del partido e impulsor de las llamadas "medidas prontas de seguridad" para combatir a la guerrilla tupamara.

La imposibilidad de reelegir a Pacheco Areco como mandatario en las elecciones de 1971 llevaron a la candidatura de Bordaberry a la presidencia, que ganó ante el candidato del Partido Nacional Wilson Ferreira, en unas elecciones controvertidas y en las que hubo acusaciones de fraude.

Con una situación social deteriorada, y con los militares cada vez más dispuestos a tomar el poder, Bordaberry aceptó en 1973 ponerle fin a la democracia y decretó la suspensión del Parlamento y la ilegalización de los partidos políticos, estableciendo un Gobierno colegiado y corporativista.

Los militares, con los tupamaros ya derrotados y su organización desmantelada, cobraron cada vez más poder, mientras que Bordaberry proponía un nuevo sistema político inspirado en el franquismo español, que no gustó a los militares por implicar la desaparición total de los partidos políticos.

Apartado del poder, Bordaberry regresó a su trabajo como productor rural en el interior del país y sólo volvió a la luz pública cuando en 2006 se reabrieron las causas contra él archivadas hasta entonces por la Justicia.

Envejecido, el exmandatario fue arrestado y puesto en prisión mientras se juzgaba su responsabilidad en el asesinato de opositores y su papel en la destrucción de la democracia uruguaya.

Un año más tarde, en 2007 y debido a su precario estado de salud, le fue concedido el arresto domiciliario, condición en la que recibió en 2010 dos condenas a 30 años por esos delitos.

En aplicación de una ley adoptada en 2003 con el voto unánime del Parlamento, Bordaberry no recibirá honores de Estado y será enterrado sólo en la compañía de su familia y amigos apenas doce horas después de confirmarse su muerte. EFE