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Seis científicos y un funcionario serán enjuiciados en Italia por homicidio por el terremoto de L"Aquila, en el que hace dos años murieron 309 personas, lo que ha provocado enorme polémica y el rechazo de la comunidad científica.

A estas siete personas se les acusa de no predecir el terremoto de 6,3 grados en la escala de Richter que asoló la referida localidad italiana el 6 de abril de 2009, sin embargo lo que se cuestiona es que hasta ahora no es posible prever con precisión este fenómeno de la naturaleza.

Unos 5.000 científicos de todo el mundo han firmado una carta en la que apoyan a sus compañeros italianos, pero tal como reconoce el abogado de uno de los procesados es posible que su cliente termine en la cárcel.

"Temo que, como en un terremoto, nada en este caso es predecible. No nos olvidemos que este juicio está teniendo lugar en L"Aquila, donde toda la población ha sido afectada personalmente y está a la espera de una sentencia que no debería existir", dijo Marcello Milandri a la BBC.

Los firmantes de la carta piden a las autoridades que se concentren en la protección ante los terremotos en lugar de perseguir científicos. Consideran además que es un proceso inquisitorial al estilo del que sufrió Galileo.

Los fiscales que llevan adelante el caso aseguran que no se trata de un juicio a la ciencia y que son perfectamente conscientes de que no se puede predecir un terremoto.

Lo que cuestionan es si los acusados, miembros de la Comisión Italiana de Grandes Riesgos, hicieron su trabajo de forma adecuada.

Un inspector local, Lorenzo Cavallo, recordó que "la comisión calmó a la población tras una serie de temblores de tierra". "Después del terremoto, mucha gente comentó que cambiaron de actitud por los consejos de la comisión", sostuvo.

Giustino Parisse, periodista que vivía en Onna, una pequeña aldea cercana a L"Aquila, es uno de los que ha impulsado el caso.

Las semanas anteriores al terremoto hubo una serie de temblores. En la víspera, la noche del 5 de abril, varios sismos llegaron a despertar a su familia, sin embargo volvieron a dormir por recomendación de los científicos.

Su hija de 16 años y su hijo de 17 murieron aplastados en su casa debido al fuerte movimiento telúrico, junto a su padre.

Parisse explicó que la población estaba nerviosa por los avisos de un científico nuclear, Giampaolo Giuliani, quien había dicho que los altos niveles de gas radón sugerían que un terremoto era inminente.

Este indicador es ampliamente discutido. La mayoría de los expertos creen que no es confiable.

En aquel momento, el responsable de la agencia de protección civil italiana, Guido Bertolaso, tomó una decisión inusual al pedirle a la Comisión de Grandes Riesgos que viajara a L"Aquila para discutir la situación.

Allí se reunieron durante una hora con el funcionario que ahora también está siendo enjuiciado, Bernardo de Berandinis, quien era vicedirector del departamento de Protección Civil.