Farid Kahhat: "La crisis económica y la desigualdad son fundamentales para entender el origen de la extrema derecha"

El especialista en relaciones internacionales, autor de ‘El eterno retorno. La derecha radical en el mundo contemporáneo’, analiza en conversación con RPP Mundo el (re)surgimiento de partidos que se alimentan del descontento social, el racismo, la xenofobia y las consecuencias de la globalización y las crisis económicas para ganar mayor presencia en el mapa político global.

En su libro ‘El eterno retorno. La derecha radical en el mundo contemporáneo’, de 224 páginas y compuesto por diez capítulos, Farid Kahhat expone las causas de la irrupción de la extrema derecha en el ajedrez político y su crecimiento electoral. | Fuente: RPP

Vivimos, como diría la filósofa alemana Hannah Arendt, "tiempos de oscuridad" caracterizados por una elevada y creciente desigualdad económica a escala mundial, concentración de la riqueza en pocas manos, vaciamiento de la democracia, deterioro del nivel de vida, pauperización del mercado laboral, pérdida de confianza en el sistema político y una exacerbación de la violencia contra la mujer. A esta serie de problemas se suma actualmente el resurgimiento en Europa de la extrema derecha.

Pero ¿cuáles son las raíces del auge de la ultraderecha que ha emergido también en Estados Unidos y Brasil? ¿Por qué en la era de la globalización un sector de la ciudadanía vota a favor de fuerzas políticas que deslizan y propagan ideas contra los inmigrantes, los refugiados y los pobres? ¿Acaso el ascenso de estos movimientos políticos tiene relación con la crisis de la socialdemocracia, la posmodernidad y los efectos sociales y económicos del neoliberalismo o mercado desregulado?

Muchos estudiosos han intentado dar una explicación acerca del sustrato de esta nueva (y vieja) construcción política que se alimenta de las frustraciones sociales y redefine los problemas estructurales (aumento del desempleo, descenso salarial, recorte derechos de los trabajadores, precarización existencial) en función de la raza o la identidad étnica (nacionalismo excluyente). Uno de los trabajos más consistentes para comprender este movimiento es el desarrollado por el especialista en relaciones internacionales, Farid Kahhat (Lima, 1959).

En su ensayo El eterno retorno. La derecha radical en el mundo contemporáneo, presentado el pasado 2 de agosto en la Feria Internacional del Libro de Lima, el profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) disecciona y describe con lucidez, pedagogía e inteligencia crítica la naturaleza de estos partidos que han cambiado el mapa político de un gran número de países: Reagrupación Nacional en Francia; Liga Norte en Italia; AfD en Alemania; Amanecer Dorado en Grecia; los movimientos Kukiz'15 y Ley y Justicia en Polonia; UKIP en Reino Unido; el Partido de la Libertad en Austria; el Partido Popular Danés en Dinamarca; Jobbik en Hungría; Ataka en Bulgaria; y Vox en España.

Farid Kahhat, cuya obra es de lectura imprescindible si se quiere entender realmente esa 'voluntad de poder' de la derecha radical global y sus consecuencias para la democracia y la sociedad en su conjunto, dialoga durante 30 minutos con RPP Mundo y afirma que estas fuerzas extremistas "no tienen un discurso anticapitalista".

Pregunta: Desde la Gran Recesión de 2007, los partidos de extrema derecha han ganado apoyo electoral en Europa y en el continente americano. ¿Qué tienen en común estas fuerzas políticas y cuáles son los fundamentos ideológicos que comparten?

Respuesta: La denominación derecha populista radical y la definición las tomo de algunos autores, en particular del holandés Cas Mudde. Este sostiene que hay tres características fundamentales que la define ideológicamente: populismo, nativismo y autoritarismo.

El populismo no solo se refiere a la tendencia de separar a la sociedad entre el pueblo y una élite económica y política que gobierna para su propio beneficio, sino que, además, cree que el pueblo solo es representado por la fuerza política que ellos construyen; son los únicos representantes legítimos, por decirlo así. Esto, obviamente, es una tendencia contraria al pluralismo político, lo cual ya entra el terreno del autoritarismo. Algunos dicen que, a diferencia de la extrema derecha de los años treinta, que era abiertamente antidemocrática, esta acepta las reglas del juego democrático; sin embargo, una vez en el Gobierno, empieza a socavar el orden constitucional y la división de poderes, por ejemplo, Hungría y Polonia.

Y, como tercera característica, el nativismo, que basa el nacionalismo en la etnicidad; o sea, hay que tener la religión y el color de piel correctos para ser nacional. La pertenencia a la nación se define por herencia; no es algo que uno adopta voluntariamente. Por tanto, los inmigrantes, por mucho que adquieran la ciudadanía, no son considerados nacionales; sino más bien un riesgo para el grupo étnico mayoritario.

El italiano Matteo Salvini, líder del partido Liga Norte; la francesa Marine Le Pen, de Reagrupación Nacional, y el holandés Geert Wilders, del Partido por la Libertad, en la plaza del Duomo en Milán. | Fuente: EFE

P: Algunos partidos de liberales y conservadores, como en España e Italia, se están aliando con agrupaciones de extrema derecha para gobernar en coalición en regiones, como Andalucía. Hace 20 años esto era concebido como inimaginable. ¿Cuáles son los factores por los que ahora no se oponen a pactar con estas formaciones que enarbolan un discurso contra los derechos de las mujeres, el colectivo LGTBI y los inmigrantes?

R: El libro empieza, desde el prólogo, con una experiencia particular: el Partido de la Libertad de Austria, que es de derecha radical, es una fuerza política fundada por un viejo militante (en referencia a Anton Reinthaller) del Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler. El año 2000, cuando por primera vez se le invita a formar parte de una coalición de gobierno, los demás países de la Unión Europea advirtieron que iban a congelar sus relaciones diplomáticas con Austria si eso ocurría.

En 2017 esa organización vuelve a ser invitada [por el Partido Popular] a formar parte del gobierno; pero, en esta ocasión, ya el resto de los países no dice nada. ¿Qué cambio en el interín? Fue el hecho de que el discurso del odio a los musulmanes e inmigrantes en general, el discurso antieuropeísta y contrario a la globalización económica, que inicialmente era considerado inaceptable en una democracia avanzada, empieza a ser adoptado por los partidos no solo de derecha, también por los socialdemócratas en ocasiones. El primero lo hace suyo como una forma de intentar privarla de su base de apoyo; pero, a la larga, lo único que ha conseguido es que la derecha radical se sienta legitimada, porque ahora sus opiniones son tomadas por los partidos tradicionales.

El riesgo es, como pasó ya en los años treinta, que la derecha tradicional crea que puede instrumentalizarla para sus propios fines y termine por perder el control sobre el Frankenstein que ha creado.

P: La extrema derecha responsabiliza a los inmigrantes, al feminismo y a los pobres de la precaria situación socioeconómica en la que viven sus compatriotas. Sin embargo, ¿por qué no quieren tocar las desigualdades exacerbadas existentes entre las diferentes clases sociales ni los privilegios de los multimillonarios y las multinacionales?

R: Los temas de crisis económica, en su momento la gran recesión, y, sobre todo, la desigualdad en la distribución del ingreso son fundamentales para entender el origen de estos grupos; pero una vez que surgen pueden mantenerse por otras razones, por ejemplo, culpar de esos problemas, no a la forma en que funciona la economía en su país, sino a los inmigrantes. Ahora bien, algunos sí tienen un discurso que aborda la desigualdad y la prevalencia de grandes intereses económicos en sus países.

La diferencia con la izquierda es que la derecha radical cuando tiene un discurso contrario al capitalismo transnacional no es uno que sea anticapitalista, lo que dicen es: 'hay que priorizar el capital nacional por sobre el capital extranjero'. Además, cuando hace un discurso en favor de la redistribución de ingreso, porque en Europa sí son partidarios de programas sociales y no en Estados Unidos, lo plantea en función de no argumentos de justicia social, sino dicen cosas como 'los jóvenes no pueden independizarse económicamente, casarse y tener hijos, por la precariedad del empleo, entonces vamos a revertir las normas de liberalización del mercado laboral que crearon esa precariedad'.

El caso de Estados Unidos es distinto, porque Donald Trump, una vez en el gobierno, en términos de política económica, ha hecho muy poco por su base electoral. De hecho, su reducción de impuestos como forma de estimular la economía benefició, sobre todo, a sectores de altos ingresos.

El gráfico muestra que los partidos de extrema derecha en Europa se caracterizan por ser autoritarios. | Fuente: http://www.agarzon.net

P: La globalización neoliberal se expandió a escala mundial tras la caída del muro de Berlín y la desaparición de la URSS. ¿Cuánto tiene que ver este proceso económico global, que implica libre comercio, desregulación de la economía y flexibilidad laboral, en la irrupción de la derecha radical?

R: El blog del actual ministro brasileño de Relaciones Exteriores [Ernesto Araújo], antes de ser canciller, tiene como subtítulo, no sé si lo mantenga, 'Contra el globalismo'. Trump hizo campaña [en 2016] contra los acuerdos de liberalización comercial, los foros multilaterales, como la Organización Mundial del Comercio, y en favor de medidas proteccionistas. Marine Le Pen, la líder de la derecha radical francesa (Reagrupamiento Nacional), cuando habla de la globalización y las finanzas internacionales como enemigas del pueblo francés, suena como un político de izquierda radical.

¿De qué acusan a la globalización? Básicamente, de beneficiar a las grandes empresas transnacionales a expensas de los capitalistas nacionales y de que tiende a homogenizar las políticas económicas y a restarle autonomía a los gobiernos a favor del comercio internacional y la inversión. Y este es uno de los puntos de encuentro que tienen con sectores de izquierda. En Estados Unidos, por ejemplo, Bernie Sanders es hasta más duro que el propio Trump en su discurso en contra de China y en favor del proteccionismo.

P: Un activista del ultraderechista Partido Nacional Británico dijo que "la izquierda se ha esfumado en la defensa de la clase trabajadora". ¿Se puede concluir que el eterno de retorno de los partidos ultraderechistas son producto también de la debilidad de la izquierda y el giro ideológico de la socialdemocracia?

R: En Europa la socialdemocracia ha venido acumulando derrotas electorales. Es discutible cuál sea la razón última; sin embargo, según argumentan algunos autores, estas se deberían a que abandonó a los sectores de clase trabajadora, que ahora se ha convertido en votante de la derecha radical. El Partido Socialista Obrero Español y el Partido Laborista (Reino Unido), en aras de adquirir respetabilidad en materia de política económica, viraron hacia disposiciones más similares a las políticas que auspician entidades multilaterales como el Fondo Monetario Internacional o que ha adoptado históricamente la derecha.

Entonces, cuando la izquierda en el Gobierno ha adoptado políticas de austeridad generalmente le ha ido mal luego electoralmente. En Grecia, por ejemplo, es la izquierda radical la que adopta las políticas de austeridad y pierde la siguiente elección. Cuando ha puesto más énfasis en políticas de fomento al crecimiento, sobre todo a través del gasto público y políticas distributivas, como en Portugal, le ha ido mejor.

6. ¿Cree que el avance de los partidos de extrema derecha va a continuar en Europa, teniendo en cuenta que las inequidades sociales, según informes de Oxfam, siguen creciendo y que las economías de ese continente se verán, probablemente, más afectadas por la fuerte competencia comercial china?

La última elección para el Parlamento Europeo fue una gran decepción para los partidos de derecha radical, porque algunos creyeron que, finalmente, iban a dar el gran salto que los convirtiese en la primera fuerza política en la Eurocámara; pero eso no ocurrió. Si bien crecieron, pasaron de tener el 21% de los escaños a conseguir el 23% de las butacas, es necesario hacer varias atingencias. Primero, no son una fuerza unificada. La derecha radical está dividida en tres bancadas en el Parlamento Europeo. Y, segundo, las elecciones parlamentarias europeas, generalmente, concitan menos participación electoral que las nacionales; por tanto, no son necesariamente un buen predictor de lo que va a suceder en los comicios de cada país.

Ahora bien, sea por su autoritarismo o porque no resuelven los problemas económicos, esto dependiendo del caso, la derecha populista está empezando a perder elecciones, como acaba de ocurrir en Eslovaquia. No me atrevo a predecir el futuro, porque no depende de factores estructurales únicamente, como la desigualdad, también de lo que hagan los actores políticos. Lo que sí puedo decir es que ya hay un nivel de respuesta que empieza a contener las aristas más punzantes de este fenómeno. Por ejemplo, Trump pierde [en noviembre de 2018] las elecciones de medio término para la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

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