Comisión de Defensa | Fuente: Congreso

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En el mundo en que vivimos es cada vez más claro que las fronteras ya no son los límites que separan de manera segura y absoluta a entidades políticas diferentes. El fugaz ingreso de Donald Trump a la no reconocida Corea del Norte es todo un símbolo, puesto que la división de la nación coreana en dos Estados con orientaciones políticas contrapuestas es una de las herencias más anacrónicas de la Guerra Fría, culminada con el derrumbe y la disolución de la Unión Soviética.

Las fronteras no son y no pueden ser obstáculos a la circulación de la información y el conocimiento, así como no significan nada frente a otros desafíos mayores: los fenómenos climáticos, el movimiento de capitales, la migración forzada, las epidemias, el fanatismo terrorista. Lo mismo vale para la vigencia de valores como la libertad y el respeto a la diversidad de la especie humana. Algunos regímenes autoritarios subsisten, como Cuba, Venezuela y Nicaragua en América Latina. Pero la aspiración a la libertad de prensa, a la separación de poderes y al pluralismo político terminarán por imponerse en todos los espacios de nuestro continente, cuya modernidad se forjó en torno al ideal de la Independencia.

Por eso es importante prestar mucha atención a lo que reclaman nuestros compatriotas que viven cerca de nuestras cinco fronteras terrestres: Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Chile. Quieren seguridad ciudadana, servicios públicos y prosperidad, que es fruto del trabajo y la inversión. El ejemplo más claro lo ofrece Tacna. La Comisión de Defensa y Orden Interno del Congreso ha abierto la puerta a la inversión extranjera en zonas urbanas a menos de 50 kilómetros de la frontera.

Para hacerlo ha recurrido a una ley de desarrollo constitucional que interpreta el restrictivo artículo 71 de nuestra Constitución. El tema deberá ser discutido en el Pleno, pero un día u otro habrá que terminar con una actitud introducida en la constitución leguiista de 1920, cuando se vivía en un horizonte mental definido por el cultivo de la memoria de guerras y expectativas de revancha. El caso de Tacna es tanto más chocante, que Chile ha dotado a la región de Arica de un estatuto particular, que hace posible la inversión de empresas peruanas.

Cambios en Europa

La Unión Europea representa el caso más exitoso de progreso hacia la integración y en consecuencia de virtual eliminación de fronteras internas entre los países signatarios del Acuerdo de Schengen.

La Unión acaba de elegir nuevas autoridades, entre las que destacan la ex ministra de Defensa de Alemania, Ursula von der Leyden, en la presidencia de la Comisión Europea y la popular Christine Lagarde, quien deja el Fondo Monetario Internacional para presidir el Banco Central Europeo. Se trata de dos mujeres que han dado muestras de eficiencia y autoridad en campos generalmente reservados a la dominación masculina: la función militar y las finanzas.

Pese a todo, un acuerdo reciente ha dado lugar a reservas y advertencias. Nada menos que el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Al término de veinte años de negociaciones que parecían eternizarse para no concretarse, las autoridades salientes de la Unión firmaron con los cuatro presidentes del Mercorsur.

El ministro francés de Relaciones Exteriores ha hecho saber que Francia hará valer la existencia de cuatro líneas rojas que bajo ninguna circunstancia podrán ser transgredidas: los criterios ambientales definidos por el Acuerdo de París, las normas sanitarias y la clausula de salvaguarda de la política agrícola. Las reservas se dirigen claramente al presidente Jair Bolsonaro cuyas tendencias proteccionistas no son un secreto para nadie.

 Si “las fronteras son las cicatrices que la historia deja en la piel de la tierra”, ha llegado el momento de curar la piel y dejar de temer al futuro.

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