Irán desafía la hegemonía (en declive) de EE.UU.: ¿Qué es lo que realmente está en juego en el caótico Medio Oriente?

A medida que Estados Unidos pierde parte de su hegemonía en Medio Oriente, las principales potencias regionales –Irán, Arabia Saudita, Israel y Turquía– se encuentran en pugna por ampliar sus espacios de influencia y cuotas de poder. Tres especialistas explican a 'RPP Mundo' los intereses geopolíticos y económicos que hay detrás de la escalada de tensión en esta tumultuosa región.

Ya nadie lo duda en Occidente: Irán es un actor clave en Medio Oriente. Dos razones bastan para dar una idea de su importancia geoestratégica: cuenta con una de las mayores reservas de gas y petróleo del planeta (se sitúa en el primer y cuarto lugar del ránking global, respectivamente) y controla junto a Omán el estrecho de Ormuz, un enclave que une el golfo Pérsico con el océano Índico y por el que pasa cada día el 20% de todo el petróleo que se mueve por mar en el mundo.

Esta posición privilegiada de la República Islámica de Irán, que alberga a más de 80 millones de personas, afecta a los intereses estadounidenses en esta zona de alto grado de inestabilidad, como a los de Arabia Saudita e Israel, sus aliados en la región que mantienen una fuerte rivalidad y pugna con Teherán por ampliar sus espacios de influencia, cuotas de poder y hegemonía en Medio Oriente.

El acuerdo nuclear firmado en julio de 2015 entre el país del golfo Pérsico y el Grupo 5+1 (Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido, Francia y Alemania) tuvo un impacto sustancial en la economía persa (su venta de crudo se multiplicó y su mercado de exportación se diversificó) y su peso en las relaciones internacionales aumentó. Los nuevos (y viejos) halcones de la Administración de Donald Trump –conscientes de que la supremacía norteamericana se ha menguado en la última década– consideraron peligroso el rápido ascenso de Irán.

Ante el temor de un desequilibrio en la estructura de poder en la región, Washington abandonó en mayo de 2018 el pacto nuclear, alegando que no impide a Irán desarrollar o adquirir una bomba nuclear ni tampoco limitaba su programa de misiles balísticos. Pero ¿qué se esconde detrás de esta decisión unilateral? En una entrevista a RPP Mundo, la escritora Nazanín Armanian señaló que uno de los propósitos de la Casa Blanca es el de suscribir un acuerdo bilateral con Irán, en el que no participen las otras cinco potencias mundiales, de tal modo que pueda tener el control de su petróleo y gas.

Hace más de 70 años, Estados Unidos estableció una alianza con Arabia Saudita, fundada en 1932. Washington se aseguraba así el suministro de grandes cantidades de petróleo y, al mismo tiempo, frenaba las ambiciones de su principal rival, la extinta Unión Soviética, que ya había mostrado, incluso antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, su interés en los yacimientos de hidrocarburos de la región. En la imagen se observa al príncipe heredero​ de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, junto al presidente norteamericano Donald Trump. | Fuente: Foto: AFP

La nueva estrategia de una superpotencia en decadencia

Para, según palabras de Trump, lograr corregir los "defectos" del Plan Integral de Acción Conjunta (PAIC, nombre oficial del tratado atómico), el Gobierno de Estados Unidos presiona a Teherán desde noviembre pasado con severas sanciones en el plano económico, político y militar, causándole estragos y graves problemas domésticos, como la devaluación de su moneda (el rial), la caída de las inversiones extranjeras y la escasez de productos importados (medicinas). Esta política aumenta la probabilidad de una guerra entre ambos.

Esta táctica de Washington, dice la coautora –con Martha Zein– de No es la religión, estúpido. Chiíes y suníes, la utilidad de un conflicto (2017), está orientada a reconfigurar el mapa de Medio Oriente y recuperar la hegemonía mundial que perdió con el surgimiento y extraordinario avance de nuevos actores, como China, India y Rusia, en el primer plano de la escena internacional.

"La guerra que Estados Unidos está organizando contra Irán está centrada no en sus fronteras terrestres, sino en las aguas del golfo Pérsico, porque quiere matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, cerca del 52% de petróleo que sale del golfo Pérsico va directamente a China y una parte a la India. De modo, que EE.UU. quiere hacerse con el dominio del petróleo y gas para controlar la salida de este recurso por esta zona; y por otro, para impedir que Pekín pueda desarrollar su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda", sostiene.

En este juego geopolítico, indicó por su parte Raquel Pozzi, profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina), Estados Unidos mantiene –para doblegar a la nación persa a lo lógica del predominio norteamericano en el sistema-mundo– una alianza con Israel y Arabia Saudita, países que luchan contra Teherán para ser la gran potencia regional indiscutible. "Irán es un enemigo común, pero con diferencias bastante pronunciadas", dijo.

La especialista en política internacional explicó que la rivalidad, por ejemplo, entre Arabia Saudita (país mayoritariamente sunita) e Irán (con población principalmente chiíta) se remonta a siglos atrás, en concreto desde que murió el profeta Mahoma en el año 632. Los sunitas y los chiítas, las dos confesiones neurálgicas del islam, se enfrentaron para decidir quién iba a ser su sucesor, provocando un cisma.

El despertar de un país milenario remece el statu quo

Ya en el conflictivo siglo XX, Riad y Washington sellaron una alianza en febrero de 1945 y con ella el principal país islámico se tornó en una nación esencial en el tumultuoso Medio Oriente. Sus ingentes reservas de crudo y su posición estratégica le garantizaron durante décadas seguridad militar –que Estados Unidos le ofrecía– y paz social. Sin embargo, el triunfo de la revolución iraní en 1979 generó preocupación para los saudíes, en gran medida porque implicaba la irrupción de un competidor multiétnico y con más de 3000 años de antigüedad con capacidad de hacerle frente en el campo ideológico y por el control de los recursos energéticos y mercados en la región.

De hecho, el vertiginoso despegue de su principal adversario del mundo musulmán, que ha diseminado su influencia a través de alianzas, como las surgidas en Siria, Líbano, Gaza y Yemen, desafía su supremacía en la región e incluso la de Estados Unidos. "Arabia Saudita se siente amenazada por Irán, porque representa un modelo islamista alternativo", sostuvo Ana Belén Soage, politicóloga por la London Metropolitan University.

Y no solo eso. La especialista en estudios semíticos señaló a RPP Mundo que la República Islámica constituye actualmente "un desafío a las monarquías autoritarias" del golfo Pérsico, como por ejemplo la de Emiratos Árabes Unidos, al cuestionar la legitimidad de estos regímenes políticos que no son, desde luego, expresión de una elección popular.

En las últimas semanas, ha acaecido una serie de incidentes en el golfo Pérsico (la captura de buques petroleros en el estrecho de Ormuz, uno de ellos con bandera británica, el Stela Impero, así como el derribo de drones), por lo que el Pentágono anunció el envío de 500 soldados norteamericanos a Arabia Saudita con el fin de defender los "intereses" de Washington ante la "aparición de amenazas creíbles".

Israel es, actualmente, una potencia en Medio Oriente. Su arsenal nuclear y la ingente ayuda militar que recibe de Estados Unidos, como ningún otro país del globo, lo posiciona como un actor preponderante en el ajedrez geopolítico en la explosiva región. De acuerdo con las especialistas consultadas por RPP Mundo, el lobby israelí es una de los factores que explican su estrecha relación con la primera potencia mundial. En la foto, Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, durante una rueda de prensa. | Fuente: Foto: AFP

¿Hay que temer a China o a Irán?

El presidente Donald Trump afirmó que su Gobierno está preparado "para lo peor" y que la creciente tensión podría "terminar de cualquier manera". Al mismo tiempo, su asesor de seguridad nacional, John Bolton, advirtió que la opción militar sigue sobre la mesa. Ya en enero pasado, The Wall Street Journal reveló que esta figura puntera en la Casa Blanca no solo aboga un ataque contra Irán, también un cambio de régimen. ¿Se embarcará Trump en un conflicto con un país que, a diferencia de Irak o Siria, cuenta con una poderosa industria militar propia y un ejército de medio millón de combatientes?

Raquel Pozzi ve "difícil" que se desencadene una guerra en el golfo Pérsico, debido a que "Donald Trump tiene abierto varios frentes". "Y el más importante es el que tiene con la República Popular China", explicó.

Desde hace tres décadas, China ha experimentado un crecimiento asombroso y sin precedentes en la historia mundial. Entre 1978 y 2006 su tasa de expansión económica fue del 9,4%, muchísimo mayor que la de sus principales rivales industriales, como Estados Unidos, Alemania, Japón o Francia. Y su PBI (producto bruto interno), según cifras del Banco Mundial (BM), pasó de 309,000 millones de dólares en 1985 a 12,24 billones en 2017.

"Lo que más le interesa a Trump es debilitar la potencialidad comercial que tiene China; y sobre todo, en el sector de la inteligencia artificial", dijo la profesora de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

El ascenso de China como una potencia manufacturera, exportadora e inversora ha modificado la dinámica mundial, tanto que ha desplazado a Estados Unidos y Europa en América Latina y África. Ante este desafío al poder y posición de Washington, el mandatario republicano le declaró una guerra comercial y tecnológica. "El dominio del 5G es mucho más peligroso que lo que puede ser la República Islámica de Irán en estos momentos", advirtió Raquel Pozzi.

Ana Belén Soage tampoco cree que Washington emprenda una aventura militar contra Irán. "Sería una locura una invasión de Irán. Este país es un poder regional y no representa una amenaza para Estados Unidos ni para ningún país fuera del golfo. Lo único que puede hacer es fomentar a ciertos grupos que llevan a cabo ataques terroristas en otras zonas. La República Islámica tiene una retórica muy agresiva, pero eso es más táctico que real. Es un país bastante pragmático en realidad", expresó.

Irán, el líder del mundo chií, es el principal rival de Arabia Saudita. Desde la revolución de 1979 ha expandido su influencia y poder en el convulso Medio Oriente. En las últimas décadas ha cimentado grandes alianzas con grupos que se oponen a Estados Unidos e Israel, logrando desestabilizar el statu quo. En la foto, el presidente iraní, Hasan Rohaní, en una reunión en Teherán. | Fuente: Foto: AFP

El largo alcance del lobby israelí

Nazanín Armanian disiente de ambos análisis haciendo hincapié en la nueva estrategia en Medio Oriente de la primera economía global, según la cual consiste en "despedazar los Estados grandes o mantenerlos, tras invadirlos, como territorios sin Estado". "En 1980 Estados Unidos crea la doctrina de Dual containment (doble contención) tras darse cuenta que ni con un títere como el sha (en alusión a Mohammad Reza Pahleví) puede garantizar sus intereses en un país tan importante como Irán. Y esta nueva estrategia consiste en destruir las infraestructuras de un país, ya sea a través de una guerra o vía sanciones, para que dicho pueblo nunca consiga un gran de desarrollo capaz de desafiar al imperio", explicó.

Con esta política, "prepararon una larga guerra entre Irak e Irán" que duró ocho años (1980-1988) y luego en 2003, bajo el argumento de despojar a Irak de armas de destrucción masiva, lo convirtieron "en un montón de cenizas". "Como si fuera la policía del mundo, quiere imponer su voluntad a todos los países, incluido sus aliados", señaló convencida la coautora, con Martha Zein, del ensayo El Islam sin velo (2009).

Ante esta escalada de tensión, ¿qué peso tiene el lobby proisraelí en la política exterior estadounidense relacionada con la búsqueda de desmantelar por completo el pacto nuclear o en el intento de provocar un conflicto militar? La politicóloga Ana Belén Soage sostuvo que este grupo de presión "tiene un papel determinante". "Y en el caso de Trump es uno de los principales factores que explican la actitud de la administración de Trump hacia Irán", dijo.

En Estados Unidos, existen cientos de grupos de presión que influyen en la acción gubernamental. Uno de los más poderosos, según Fortune, es el Comité de Asuntos Públicos Americano Israelí (AIPAC, por sus siglas en inglés), que desde su fundación en 1963 ha movido sus hilos para que la política exterior de la Casa Blanca coincida con los intereses israelíes, entre ellos vetar resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU en las que se condenan la violación flagrante de los derechos de los palestinos por parte de Tel Aviv o conseguir asignaciones millonarias en ayuda para apuntalar la superioridad militar del Estado judío en la región (por ejemplo, en septiembre de 2016, ambos países firmaron un acuerdo en el que Washington se comprometía desembolsar 38,000 millones de dólares a favor del otro en el curso de diez años para su defensa nacional).

"Las guerras que EE.UU. ha librado en Medio Oriente han sido en beneficio de Israel", indicó Nazanín Armanian, enfatizando que Tel Aviv, gracias al poderío bélico norteamericano, ha conseguido devastar a tres de sus principales enemigos: Irak, Libia y Siria. "Ahora va por Irán", dijo. "Israel, para ser superpotencia regional, necesita agua, petróleo y territorio. Y estos tres elementos están fuera de su espacio [geográfico]; por lo tanto, está ocupando los territorios palestinos, se ha anexado los Altos del Golán de Siria, y ahora lo que quiere es el petróleo de Oriente Medio, concretamente de Irak, el Kurdistán iraquí y de Damasco. Y es Irán, en estos momentos, el país que está impidiendo [que esto ocurra]", agregó.

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