De Cristo de la Buena Muerte al Señor de los Temblores

La actual imagen del Taytacha Temblores que se encuentra en la Catedral del Cusco con facciones menos finas y duras, fue modelada secretamente por artesanos cusqueños.
Cortes

Apuyaya Jesucristo (Jesucristo Señor Poderoso)
Qispichiqniy Diosnillay (Mi Dios que me hiciste hombre)
Rikraykita mastarispam  (Extendiendo hacia mí tus brazos)
Hampuy churiy niwachcanki ("Ven, hijo mío", me estás diciendo)


Este es el primer párrafo en quechua y su traducción de una de las canciones más populares dedicadas al Taytacha de los Temblores, un Cristo de color broncíneo, cuyas facciones pareciera que reflejaran el dolor y el sufrimiento del hombre andino.

La plegaria hecho canto llega a su máxima expresión durante la procesión del Lunes Santo.

El momento en que el Señor de los Temblores se encuentra en el atrio de la Catedral, con el fin de bendecir a los pobladores del norte, sur, este y oeste del Cusco, podría considerarse una de las mayores muestras de fervor religioso del Perú, porque sencillamente es emotiva.

La gente olvidando su color, su lengua y su condición económica, baja la cabeza y de rodillas, implora al Cristo Indio, su perdón, acompañan el instante sacro, el repicar de las campanas y la sirena de los bomberos, con el fin de dar relevancia al indescriptible momento.


Historia del Señor de los Temblores

La historia del Taytacha de los Temblores se remonta a la época de la colonia, cuando en 1620 se esculpe un Cristo distinto a los que veneran en España,  con el fin de consolidar el proceso de evangelización en el Perú. Este Cristo debía tener color cobrizo  y rasgos mestizos.

La imagen fue traída con esa misión, como un regalo del entonces rey Carlos a través del océano, en una arca herméticamente cerrada, la misma que fue sacada en plena travesía cuando la tormenta amenazaba con hacer naufragar a la tripulación. Los religiosos colocaron el crucifijo en el mástil de la nave y rezaron calmándose milagrosamente la furia del mar, motivo por el que los viajeros, lo  bautizaron con el nombre de “Señor de las Tormentas”.

Cuando la escultura llegó al Callao, se encomendó a un arriero español para que lo traiga al Cusco. Después de varias peripecias arribó a Mollepata, provincia de Anta, lugar donde descansó la comitiva. Al intentar reiniciarse el viaje,  la efigie se tornó tan pesada que el pueblo interpretó este hecho como un designio divino. “Cristo quería quedarse”. Con el tiempo se le construyó un templo y fue bautizado como “Señor Manuel Exaltación de Mollepata” y así es conocido actualmente en la provincia de Anta.

El Taytacha Temblores y su presencia en Cusco

La actual imagen del Taytacha Temblores que se encuentra en la Catedral del Cusco con facciones menos finas y duras, anatomía tosca pero impactante, fue modelada  secretamente por artesanos cusqueños con el fin de cumplir la orden del rey, pues el original se quedó en tierras lejanas a su destino.

Su tórax está hecho de fibra vegetal de lino, donde resalta la llaga abierta y de la cual sobresalen gotas de sangre; la cabeza de maguey, los pies y las manos se confeccionaron con madera balsa o poma de la selva.

Se manifiesta que el color de su piel  se oscureció por el humo y el contacto de la resina del Ñuqch’u, variedad de cantuta, considerada sagrada en el Tawantinsuyo. Desde 1741 sale en procesión los Lunes Santo con el fin de bendecir a su pueblo.

Corona del Señor de los Temblores

La cabeza del Taytacha tenía una corona de oro, diamantes y piedras preciosas que pesaba 1 300 kilogramos obsequiada por el Virrey Francisco de Borja y Aragón, la misma que fue robada de manera extraña EN 1985, pues no se rompieron chapas ni candados del recinto donde se hallaba. 

Hasta la fecha, luego de más de un cuarto de siglo, no se sabe el destino de esa joya preciada.

En el 2001, el dueño de la editorial Navarrete y su esposa donaron a la hermandad dos coronas nuevas para la imagen, una de oro y otra de plata, que son réplicas de la joya original aunque con menos peso y sin la majestuosidad y fastuosidad que la original.

Misivas fueron halladas en el pecho de la escultura

La escultura antigua del Señor de los Temblores fue sometida a restauración  por profesionales del exInstituto Nacional de Cultura en el 2005. Se refiere que en la bóveda de su pecho se encontraron más de sesenta cartas escritas en diferentes años, siendo la más antigua de 1762.

Las autoridades eclesiásticas, desde una anterior restauración en 1977, conocían de la existencia de estas cartas, pero optaron por dejarlas en el lugar donde fueron halladas.

Las cartas se introducían por la herida en el pecho y algunos sostienen que quizás el hecho de poner la misiva dentro del tórax del Taytacha, muy cerca a su corazón, nos indique la relación milenaria de hacer llegar al corazón de la divinidad nuestras más secretas necesidades y angustias.

De "Cristo de la Buena Muerte a "Señor de los Temblores"

Desde el momento que ingresó a la Catedral del Cusco, la sagrada imagen fue denominada por los  fieles como el “Cristo de la Buena Muerte”  y luego fue colocado en un lugar aislado del recinto religioso.

El Cristo despertó gran devoción al “calmar”, indican las crónicas de sus tiempos, las replicas del desastrozo terremoto  ocurrido el 31 de marzo de 1650. Fue en esta ocasión cuando lo bautizaron como el “Señor de los Temblores”.

También cuenta la historia que fue sacado en procesión el año 1720, tras la peste que asoló a la población, deteniéndose la enfermedad. Ante este milagro, la población lo proclamó “Patrón Jurado de Cusco”.

Por: Adelayda Letona García

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