Flores, sahumerio y cánticos religiosos acompañan la imagen del Señor de los Milagros en todas las ciudades del Perú y en Huancayo (región Junín), cientos de personas asistieron a las cinco procesiones del Cristo de Pachacamilla.

Cada año, las calles de Huancayo se adornan con alfombras de flores y aserrín, las viviendas se decoran con globos blancos y morados, en el cielo se tejen guirnaldas y los altares reúnen los cuadros religiosos más representativos junto a docenas de gladiolos, lirios, azucenas y crisantemos.

En octubre no importa el calor, ni la lluvia o una ocasional granizada. Las condiciones del tiempo climatológico no impiden que familias numerosas confeccionen alfombras del ancho de la calle y tampoco disminuye los ánimos de las familias con tres integrantes.

Cada recorrido es un momento para agradecer por los milagros realizados y pedir alguno más como la cura de una enfermedad,  mejorar en el trabajo o como hace poco, cuando un comerciante ambulante hizo bendecir las pulseras moradas que venderá durante el mes.

El acercamiento de los bebés y los niños hacia la imagen, cuadros y medallas demuestran que la fe en el Señor de los Milagros está presente expresado en la emoción de saber que existe un ser Todopoderoso que se apiada de los más necesitados y escucha a los corazones oprimidos.

Un ser supremo que fue pintado en un muro de adobe por un esclavo negro en 1651 y que, con más de 360 años, habita en las profundidades de las creencias de los fieles católicos.

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