Melchor, Gaspar y Baltazar, los tres Reyes Mayos mencionados en el evangelio de Mateo, son una de las importantes historias del nacimiento de Jesús que marcan el término de la Navidad en el mundo.

En el evangelio, los magos son guiados hasta Belén por una estrella que anuncia la llegada del Rey de los Judíos. Ellos al encontrar al Niño Jesús, le ofrecieron tres tesoros: oro, incienso y mirra. Estos regalos ayudaron a interpretar que fueron tres magos, debido a que las escrituras solo señalan que son magos de Oriente.

Sin embargo, en el siglo IV se establece que fueron tres magos por la Trinidad y los tres continentes que se conocían en aquella época y que trataban de acercarse a Cristo.

Esta breve historia narrada en el Nuevo Testamento logró una celebración en el mundo cada 6 de enero; no obstante, en nuestro país, la tradicional Bajada de Reyes se extiende hasta los primeros días de febrero.

La Bajada de Reyes es una fiesta que consiste en desmontar el nacimiento para guardarlo hasta la siguiente Navidad. En esta celebración, que evolucionó a partir de una interpretación distorsionada del evangelio, se acostumbra nombrar padrinos de cada adorno que se comprometen a llevar más regalos al Niño Jesús para la siguiente Navidad.

En la región Junín, nuestros ancestros refieren que esta celebración tenía un misterio religioso. Los padrinos y asistentes a la bajada formaban filas y al ritmo de huayno tomaban una de las figuras y dejaban dinero para el propietario del nacimiento, para recuperar los gastos que representaban su armado.

Con el tiempo, el dinero se transformó en ofrendas para el nacimiento. Debajo de cada figura se colocaba un papel donde estaba escrita la ofrenda que debía llevar al siguiente año. Estos regalos estaban orientados a enriquecer el nacimiento con pastores, animales, luces, entre otros adornos que embellezcan la llegada de Cristo. La oportunidad de dejar un regalo para el nacimiento también se entendía como la bendición de Dios durante el año.

Sin embargo, esta celebración religiosa se distorsionó en el tiempo. Las ofrendas de animales, los pastores, la ropa para el Niño Jesús, María y José, se cambió por decenas de cajas de cerveza, botellas de vino, bocaditos, entre otros regalos que caen en una actividad alejada del reconocimiento a la realeza y divinidad de los personajes que inspiran las festividades religiosas más importantes del catolicismo, tal como se observó hace unos días en una fiesta de Bajada de Reyes de residentes huancavelicanos, donde niños de entre cinco y siete años consumen alcohol.

Por: Lizzet Paz

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