Como “Chullo Chullos” son conocidas las agrupaciones de niños y jóvenes que animan la fiesta de la Navidad, quienes visitan las viviendas donde se arma el nacimiento del niño Jesús. Esta costumbre se realiza en la ciudad de Huancané, región Puno.

Los participantes se alistan días previos a la celebración, elaborando sonajas hechas a base de chapas de gaseosa o cerveza a las que llaman "Chullo Chullo".

Los antepasados los bautizaron con el nombre de “Chullo Chullos” por el sonido que emiten las sonajas cuando estos caminan de casa en casa el día de la Noche Buena.

Sus atuendos

Para ser parte de la celebración, cada participante busca el mejor traje donde lo indispensable son: el poncho y las botas, ya que por el frío y la lluvia se requiere del atuendo a fin de protegerse de la temporada.

Muchos optan por colocarse máscaras, chullos, gorras, sombreros a fin de que no sean reconocidos por la población de la ciudad chirihuana, que espera con ansias la visita.

Desde años anteriores, los jóvenes y niños de los barrios Taparaque, Centro y Pajcha, y últimamente de La Rinconada de la ciudad de Huancané practican la costumbre de sus ancestros.

En la Noche Buena

Los huancaneños que son parte de esa costumbre, muy conocidos por el dominio del siku en el altiplano puneño, cambian de instrumento musical por los pinkillos y tambores para esa fecha especial.

A partir de las 18:00 horas de la Noche Buena, las agrupaciones integradas por más de medio centenar de adolescentes y jóvenes salen a las calles de la ciudad de Huancané para visitar las viviendas a fin de adornar al niño Jesús.

Los moradores de esa localidad aymara retribuyen la visita de los jovencitos entregándoles galletas, panes, dulces y otros presentes, que es acopiado en sacos por una persona mayor.

Los "Chullo Chullo" que cantan y bailan al son de pinkillos, tambores y sonajas son reconocidos ya que se caracterizan por interpretar temas con letras sarcásticas como el de  “Ese niño viejo cada año nace”.

La Navidad en el templo Santiago Apóstol

Luego de la visita a las diversas viviendas de esa ciudad aymara, las agrupaciones acuden al templo Santiago Apóstol y a las 11 de la noche asisten a la misa del gallo para recibir la Navidad en medio de abrazos y bendiciones que reciben por el párroco.

Con el sonido de las bombardas, los “Chullo Chullos” abandonan la parroquia para luego apropiarse de las calles, de los alrededores de la plaza de armas de esa localidad, y batirse con las otras agrupaciones en el conocido “contrapunteo”.

Posteriormente, los jovencitos comparten de manera equilibrada cada golosina que les fue entregado en las viviendas donde adoraron al niño Jesús.

Por: Paty Condori

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