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El resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Chile ha confirmado el declive de las fuerzas políticas que han gobernado ese país desde el fin de la dictadura de Durante tres décadas Chile mantuvo políticas públicas que favorecieron una alternancia apaciguada entre una derecha moderada y una izquierda moderada. Pinochet en 1990. Entretanto las manifestaciones de octubre del 2019 han dado lugar a un clima político diferente que se expresa en alianzas y partidos nuevos. Dentro de cuatro semanas se elegirá entre un socialista de 35 años, Gabriel Boric y un ultraconservador, José Antonio Kast quien ha arremetido contra el feminismo, el lenguaje inclusivo, el veganismo y los derechos de los animales. Boric ha querido transmitir una imagen optimista de los cambios en curso y una ruptura con el modelo neoliberal impuesto por Pinochet. Kast se presenta como el fin del “espíritu de octubre” y encarna la mano dura inspirada por Bolsonaro y Trump. Su buen resultado, 28%, sorprende sobre todo porque el año pasado 78% votó a favor de una nueva constitución.

El tema del narcotráfico ha tenido en la campaña un papel que contrasta con el silencio que se guarda sobre el tema en el Perú. Algunos analistas sostienen sin embargo que detrás de las diferencias ideológicas subyace una división territorial que ya se ha hecho sentir en las elecciones del Brexit en el Reino Unido y las de Trump en Estados Unidos. La población rural y la de pequeñas ciudades observa con desconfianza los años de crecimiento y los cambios culturales de las últimas décadas. Santiago y las grandes ciudades han votado por Boric, mientras que el mundo rural y las pequeñas ciudades lo han hecho por Kast. Por ahora lo seguro es que, como en el Perú, los partidos más moderados no llegan a la segunda vuelta, en la que los chilenos tendrán que optar por uno de los extremos de su espectro político.

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