No existe nada más emocionante que salir del agobiante y estresante bullicio de la ciudad llena de contaminación y de grandes bosques de cemento.  Salir a algún lugar donde se pueda respirar aire con olor a naturaleza a barro húmedo y disfrutar de bellos paisajes.

El viernes 12 de abril fue uno de esos días en los que mi emoción creció al saber que iría a conocer la remodelada casa del poeta universal César Vallejo.

Madrugar no es un sacrificio cuando se tiene que viajar a un lugar como la provincia de Santiago de Chuco,  sobre todo porque estaría en un lugar lleno de historia y que vio nacer a uno de nuestros más ilustres personajes de la literatura.

Aunque  la salida se retrasó un poco, nada podía quitarme la alegría de recorrer tan hermosos paisajes junto a algunos colegas que -imagino- sentían muchas ganas de llegar a la casa de César Vallejo.

Mientras iniciábamos el viaje, venían a mi mente aquellos poemas que desde el colegio nos enseñaron nuestros profesores: Los Herlados Negros, Masa, Trilce, Piedra Negra Sobre Piedra Blanca, entre otros. No podía evitar imaginarme a Vallejo en sus momentos de inspiración.

Sin embargo, mis pensamientos se interrumpieron  al pasar por la zona conocida como Desvío a Otuzco, ahí el carro se detuvo y a lo lejos escuché decir: "En dos horas se abrirá el pase”.  Una obra que se ejecuta en la carretera fue la razón por la que teníamos que esperar. Momento propicio para poder descansar.

Tras un largo aguardo reanudamos nuestro recorrido, intentando dormir un poco. Lamentablemente, fue imposible conciliar el sueño pues el vehículo en el que viajábamos parecía haber entrado en una zona bombardeada.  Una carretera maltrecha, dañada por las fuertes lluvias nos hacía sentir como en una montaña rusa.

Lo que debía ser un viaje de cuatro horas se convirtió en uno de seis y entre bromas con los colegas, comenté: ¿Qué hubiese escrito Vallejo al ver que la carretera que lleva a su pueblo está en esta situación?, alguien respondió, “Seguro que hubiese preferido seguir viajando a lomo de caballo”.

Tanto sacrificio valió la pena pues a lo lejos se podía ver un conjunto de casas con techos de teja y rodeada de grandes montañas. ¡Ese es Santiago de Chuco!, alguien comentó y con una gran sonrisa dibujada en nuestros rostros alistamos nuestros equipos y nos preparamos para iniciar nuestra labor.

Ya en el pueblo y sin conocer la dirección exacta empezamos a indagar por el lugar donde se situaba la casa de Vallejo. Tras varias vueltas por estrechas calles pudimos llegar y en la fachada se leía: Casa Museo César Abraham Vallejo Mendoza.

Los responsables de mostrarnos los trabajos y el nuevo museo nos pidieron de favor esperar un poco y por ser la hora del almuerzo decidimos acudir a un tradicional restaurante de la zona para disfrutar de alguno de los potajes que aún son tradicionales como la sopa de chochoca y una rica gallina en fiambre que aplacaron el cansancio y el doloroso viaje.

Luego de disfrutar de esos deliciosos platillos volvimos a la casa y empezamos a recorrer  cada uno de las habitaciones  que albergó a nuestro ilustre poeta y que formaron parte de su inspiración, plasmada en grandes obras.

La vivienda tiene once  ambientes completamente restaurados  que  ahora podrán ser vistos por turistas nacionales y extranjeros.

Al caminar por el patio me sentí afortunado de estar respirando el aire que en algún momento acompañó a César Vallejo. Miraba aquella cocina con olor a barro, las sillas, bancas, pasadizos, sombreros, habitaciones y todo lo que el en sus poemas  mencionaba.

Sentado junto a la cocina me puse a pensar en una estrofa de uno de los poemas que él dedicó a su hermano (A mi hermano Miguel):

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

No hay duda que al estar en ese lugar pude darme cuenta de lo importante que fue para Vallejo su infancia, su familia, su vida y también lo doloroso que resultó para él perder a los que más amaba.

Esta casa, hoy convertida en museo, es una razón más para que los santiaguinos estén orgullosos de su tierra, de su pasado y de su gran poeta César Vallejo, admirado por generaciones en el mundo.

Nunca había sentido tanta satisfacción al conocer un lugar, se los recomiendo, visiten la Casa Museo del poeta universal. El viaje es un poco largo pero la emoción es mucho más grande.

Por: Oscar Sánchez

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