Tyrion Lannister quedó finalmente como Mano del Rey.

"Game of Thrones" ha terminado de manera previsible: entre críticas, reclamos y lágrimas. A veces me pregunto qué hubiese pasado si las redes sociales hubiesen existido en tiempos de "Los Soprano" y aquella 'final interrumpida' tan polémica.

El final de "Lost" -otra serie histórica por lo que significó como fenómeno del incipiente universo de blogs y teorías en línea- también generó la inconformidad (por decir lo menos) de sus seguidores y "Breaking Bad"... bueno, esa sí terminó por todo lo alto.

El punto es ese: el final de una serie es una ruleta rusa. Nosotros no tenemos poder sobre él. El final de "Game of Thrones" se terminó de rodar hace meses y aún estamos tuiteado contra Benioff y Weiss, creadores de la serie, talentosos adaptadores y discretos guionistas.

¿Es válido pedir coherencia a una serie fantástica? ¡Por supuesto! ¿Han tenido coherencia los episodios de la temporada final de "Game of Thrones"? ¡Para nada! Es así, ya no lo podemos cambiar. Bran Stark, un personaje que durante varios capítulos repetía que no quería el poder, que existía más allá de la humanidad, que vivía en el pasado... termina aceptando el cargo más importante en la tierra de Westeros.

Arya Stark estaba destinada a apagar ojos marrones (Walder Frey y otro puñado de candidatos), ojos azules (el Rey de la Noche, confirmando este "destino") y ojos verdes. ¿Qué ojos verdes? ¡No importa! Es que ya nada importaba más que acabar la serie. Benioff y Weiss, como ellos mismos dijeron, deben estar ebrios ahora mismo.

El reinado de Daenerys Targaryen no duró mucho.

LO BUENO, LO MALO LO FEO

Los primeros minutos del episodio. Daenerys como tirana (apareciendo en una espectacular toma con Drogon detrás), Tyrion rebelándose y tirando su emblema de Mano de la Reina (demostrando tener los huevos que no tiene Jon Snow) y el verdadero heredero al trono (no sirvió de mucho tanta revelación) dudando entre el amor y el deber.

El final 'Disney' se adelantó y Jon Snow mata a su reina. Drogon derrite el trono de hierro (símbolo 'guionístico' evidente de que el poder nunca es bueno), agara a su mamá con la patita y se va volando.

Corte. Elipsis (ay, las elipsis en estas últimas temporadas). Pasó un tiempo y aparentemente muchas cosas han sucedido en Westeros. Lo que entendemos es lo siguiente: los Inmaculados han tomado King's Landing tras la muerte de su reina y apresaron a Jon Snow. El Norte rodea la ciudad y los señores más importantes del reino se reúnen a negociar.

El prisionero Tyrion Lannister sugiere de manera muy convincente que Bran Stark sea el rey (hay que acabar la serie, ya no queda mucho tiempo). Bran acepta. 

Aparentemente el que Jon sea el verdadero heredero del trono ya no importa, esto se debe acabar.

Sansa demanda que el Norte sea independiente y como Bran es el rey y también quiere que ya se acabe la serie, acepta y todo bien. Todos ganan: Jon nunca quiso nada, Sansa es la reina del Norte y Bran... bueno, es el rey.

A Jon Snow lo mandan al muro, Gusano Gris se va a Naath (tremendo detalle de los guionistas) y Brienne le hace justicia a Jamie Lannister.

Un nuevo consejo con Tyrion (nombrado Mano del Rey), Bronn, Samwell Tarly, Davis Seaworth y demás próceres se reúne entre broma y broma. La rueda sigue rodando.

¿Se podía haber hablado de un final bueno? No lo creo. ¿Quizás de uno mejor? Definitivamente. En el análisis, sin embargo, debemos ir más allá. En "Game of Thrones" podemos decir que importó más el viaje que el destino final. El debate continuará, pero esta serie ha sido quizás la última que nos reunió frente al televisor cada semana durante ocho años. Aunque la trascendencia más allá de la ficción sea motivo de otro análisis.

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