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Fernanda llama a Joel a Huamanga y cuando está hablando con él escucha la voz de una mujer. “¿Con quién estás?”, pregunta. “Es Rosaura, una amiga de Grace”, responde Joel y luego le dice que lo espere un momento. La voz es de Cayetana quien insiste en que no sabe cómo encender la terma para tomar un baño. Toda la conversación es escuchada por Fernanda. “Esa es la voz de Cayetana”, le dice a Joel cuando retoma la llamada. “¿Cayetana? No, ¿qué va a hacer Cayetana acá”, le dice. Finalmente Fernanda cuelga pero luego lo vuelve a llamar pero Joel no le quiere responder. Fernanda sabe que al no contestar sus sospechas son ciertas. Y tiene que admitir que está celosa.

Peter reúne a Socorro y Manolo y les quiere revelar un asunto que le parece muy importante debido a que ellos están gastando demasiado dinero. “No sé por dónde empezar”, les dice y eso causa una desazón en Socorro quien recuerda lo que ocurrió en su casa cuando era joven y su padre cayó en bancarrota. “Mis padres nunca se resignaron a perderlo todo. La procesión iba por dentro”, le cuenta Socorro.

Fernanda llama a Grace y le pregunta cómo les va con su familia. “Todo va bien. Imagínate que mi tía Teresa le da clases de coreografía a Susú para su show infantil donde don Bruno es el payaso y mi mamá le da clases de cocina a tu mamá. Y ahora puedo hablar civilizadamente con Nicolás”, le cuenta. “Eso tengo que verlo”, dice Fernanda. “Te tengo que hacer una pregunta que te va a sonar un poco extraña. ¿Qué tal es tu amiga Rosaura? Hace un rato llamé a Joel y…”, le dice pero no puede seguir porque el ruido que hacen Pepe, Tito y sus amigas en su estridente fiesta no la deja tranquila.

Nicolás llama por enésima vez a Rubí que no le contesta. La llamada solo lo dirige a la casilla de voz, lo cual lo tiene molesto. “Me quedé sin saldo. Eso nunca me había pasado”, dice y va en busca de Pepe y Tito pero ellos no están en su cuarto. “Nunca están cuando se les necesita”, dice

Bruno está desesperado por el trabajo que está desarrollando y decide tomar una decisión. Va a la oficina de Miguel Ignacio y sale a la terraza con la intención de arrojarse al vacío. “¡La tierra me llama!”, gime. Miguel Ignacio no sabe qué hacer y llama a Lucho, Félix y Lucifer para pedir ayuda. “Si te tiras imagínate lo que dirá la prensa cuando encuentre tu cadáver con un uniforme de limpieza”, le dice Miguel Ignacio para disuadirlo. “La prensa dirá: “Ex de cocha billetona de millonario a pobre”, añade Félix. “Ah no, eso no ocurrirá. Tengo dignidad”, dice y se quita el uniforme y se queda en paños menores.

Susú conversa con Isabella. “¿Por qué le has pedido a Charo que te enseñe a cocinar?”, le pregunta a su pinky friend. “Porque si la salvaje lo conquistó por el estómago, yo lo pienso reconquistar por el mismo lugar”, responde.

Monserrat se lamenta del comportamiento de Socorro y Manolo que han cambiado totalmente desde que se volvieron millonarios. Y está arreglando las cosas que ha comprado Socorro cuando encuentra un par de zapatos dorados. “¡Qué lindos! Estos zapatos no son del estilo de la señora”, dice y la va a buscar. “Señora, encontré estos zapatos tan lindos que me parecen que no son de su estilo”, le dice. “Tienes razón, esos zapatos son tuyos”, le dice Socorro. Monserrat salta de alegría y dice que la señora Socorro es bien buena. “De qué sirve tener dinero si no podemos compartirlo con los que nos rodean”, le dice Socorro a Manolo y Peter. “Yo soy de la misma idea”, dice el muchacho. “Pero algo nos ibas a decir Rodolfo”, le dice Socorro. Peter se queda en silencio. “¿Se acabó el dinero?”, pregunta Manolo. “Yo sabía que este sueño no iba a durar”, añade Socorro. “¿Tenemos que devolverlo todo?”, insiste Manolo justo cuando llega Monserrat y Socorro se pone a llorar. “¡¿Devolverlo todo?! ¡No, mis zapatitos dorados no!”, dice Monserrat y sale corriendo de la casa para refugiarse en los brazos del padre Manuel que justo estaba frente a la casa en ese momento.

“Mi pinky Charo, ¿podemos seguir con nuestras clases de cocina?”, le dice Isabella a la madre de Grace que la recibe con agrado.

Miguel Ignacio convence a Bruno de no arrojarse al vacío. Le propone algo y al final lo abraza y lo saca de la terraza. Lucho le pregunta cómo hizo, qué le propuso. “Le di tu puesto”, responde lacónicamente Miguel Ignacio.

“¿Por qué has salido tan tarado? Cuándo dije que el dinero se había acabado. Lo único que quería decirles es que hay mucha delincuencia en todos lados y si siguen dando muestras de esa ostentación pueden llamar la atención. La plata está donde siempre ha estado”, les dice Peter con lo cual tranquiliza a Socorro y Manolo que suspiran aliviados. “La plata la tiene Francesca Maldini y yo me estoy gastando mi liquidación, si supieran”, dice Peter para sus adentros.