Muchos hemos visto a niños que llegan a una fiesta tranquilos, comen grandes cantidades de golosinas y se vuelven hiperactivos. ¿Cómo se explica eso? | Fuente: La idea de que el azúcar afecta a la conducta es muy generalizada.

¿Realmente el azúcar pone hiperactivos a los niños?

Muchos hemos visto a niños que llegan a una fiesta tranquilos, comen grandes cantidades de golosinas y se vuelven hiperactivos. ¿Cómo se explica eso?

Se dicen a menudo que el alboroto se debe a la cantidad de azúcar que han consumido. Y, para tratar de que las fiestas sean más calmadas, algunos padres organizan eventos libres de azúcar y ofrecen jugos naturales y sándwiches de pollo en lugar de gaseosas y dulces.

La idea de que el azúcar afecta a la conducta es muy generalizada y hay varias hipótesis que intentan explicar cómo, incluyendo suposiciones como que los niños pueden ser alérgicos al azúcar refinada o tener patrones anormales de niveles de glucosa en la sangre. Pero la evidencia de un vínculo entre el consumo de azúcar y la hiperactividad es débil.

El estudio más completo sobre el tema se llevó a cabo en 1995, en la John Hopkins University de Estados Unidos. Los autores hicieron dos tipos de investigación: le dieron endulzante artificial a varios niños sin que ni ellos ni sus padres supieran si comieron azúcar real o no y luego les hicieron seguimiento. El otro experimento se enfocó en niños diagnosticados con trastorno por déficit de atención u otra condición para ver si el azúcar los afectaba particularmente.

Los resultados del análisis fueron claros: no se pudo demostrar que el azúcar afecta a la conducta.

 ¿Pero, entonces?

Muchos hemos estado en fiestas infantiles y hemos visto niños corriendo de un lado a otro, imposibles de controlar. Pero, ¿si no es el azúcar qué es? La creencia parece haber nacido al relacionar el descontrol de los niños con la cantidad de dulces que han comido. Pero parece ser que la simple razón de estar en una fiesta los vuelve eufóricos.

Sobre el tema, un estudio de la Universidad de Kentucky, se propuso probar la expectativa de los padres que pensaban que el azúcar tenía un efecto negativo en sus hijos. En el experimento, a la mitad de las madres se le hizo creer que sus hijos estaban tomando algo azucarado. A la otra mitad, le revelaron que las bebidas no contenían azúcar.

Cuando se les pidió que observaran y calificaran la conducta de sus hijos, las que pensaban que habían consumido azúcar dijeron que estaban más hiperactivos que las que sabían que habían tomado un placebo. Pero hubo otro truco en el estudio: mientras las madres observaban a sus hijos, los investigadores las estaban analizando a ellas. Ellos notaron que las que creían que sus hijos habían tomado demasiada azúcar no solo los criticaban más, sino que se mantenían más cerca de ellos.

Después de todo, parece que el azúcar no modifica la conducta de los niños sino la de las madres.

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