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El salario emocional es una forma de reconocer el esfuerzo del trabajador. | Fuente: www.shutterstock.com

El salario emocional es, según la Fundación Factor Humá, el conjunto de retribuciones no monetarias que el trabajador recibe de su organización y que complementan el sueldo tradicional con nuevas fórmulas creativas que se adaptan a las necesidades de las personas de hoy. Podemos dividir el salario emocional en:

Elementos intrínsecos. Todos los elementos que son percibidos de manera subjetiva por el trabajador como una recompensa.

Elementos extrínsecos. Elementos con un coste cuantificable para la organización que el trabajador percibe como un beneficio objetivo.

El salario emocional cada vez toma más importancia en un mundo laboral permeable a los cambios de valores de la sociedad actual. La aplicación de políticas de salario emocional dentro del modelo de retribución organizativo tiene unos beneficios muy importantes. Beneficios que, por su propia naturaleza, no siempre son cuantificables:

  • Fideliza el talento, el cual suele residir en personas que, por motivos generacionales o de formación, valoran los beneficios intangibles.
  • Refuerza la implicación en los objetivos de la organización.
  • Aumenta el compromiso de los trabajadores.
  • Tiene un impacto muy positivo en el orgullo de pertenencia.
  • Flexibiliza la organización haciéndola más competitiva y más orientada a objetivos.
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El salario emocional cada vez toma más importancia en un mundo laboral permeable a los cambios de valores de la sociedad actual. | Fuente: www.shutterstock.com

Una política retributiva basada en el salario emocional cuenta con un amplio abanico de posibilidades que pueden combinarse para ofrecer una mayor flexibilidad:

Retribución variable. Se trata de vincular una parte de la retribución a la consecución de unos objetivos previamente definidos.

Retribución flexible o a la carta. Se trata de una opción retributiva en la cual el trabajador configura la composición de su retribución anual escogiendo entre una lista de opciones tanto monetarias como no monetarias. Por ejemplo, un trabajador puede optar por dedicar las tardes del viernes a su vida personal y otro por contratar un seguro de vida.

Beneficios sociales. Seguros, planes de jubilación, ayudas a la educación de los hijos, abono de los costes de transporte y alimentación, etc.

Servicios a dependientes. Cunas jardín en los centros de trabajo, por ejemplo.

Servicios de formación y asesoramiento. Como cursos de interés para el trabajador, ayudas al estudio, cursos que mejoran el clima laboral, etc.

Opciones financieras. Préstamos a bajo interés, bonificaciones, etc.

Medidas de conciliación. Jornadas a tiempo parcial, horarios flexibles, reducciones de jornada, extensiones de bajas, tiempo para asuntos propios, permisos, teletrabajo, etc.

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