El edificio ubicado en la avenida Abancay fue hasta el 2006 la sede de la BNP.
El edificio ubicado en la avenida Abancay fue hasta el 2006 la sede de la BNP. | Fuente: BNP

El 28 de agosto de 1821, un mes después de la proclamación de la Independencia peruana, don José de San Martín inauguraba la Biblioteca Nacional del Perú, la primera institución cultural de la naciente república.

Pavel Elías, historiador y docente de la Universidad de Piura, comenta que el Perú de esa época, que vio nacer a la BNP, era una sociedad con gran cantidad de retos y problemas por solucionar, después de su paso del Virreinato a la República.

“Estamos hablando de una sociedad que llega a la Independencia, que tiene que definir en primer lugar la forma de gobierno: este naciente Estado tiene que ver si se decanta en una monarquía como lo piensa José de San Martín o una república como lo ve la élite de esa época, que es lo que finalmente triunfa. El Perú, desde ahí, se va a tornar en una república unitaria. […] Otro de los problemas es la carencia de una clase dirigente preparada para asumir el gobierno del naciente Estado Peruano, así surge el primer militarismo”, comenta.

El historiador Jorge Huamán, especialista de la Biblioteca Nacional del Perú, comentó que la idea de una biblioteca pública, es decir, con acceso para todos los ciudadanos, no era nueva, “era una idea que iba rondando la cabeza de los intelectuales desde mediados del siglo XVIII”.

“Sin embargo, esta idea no se había podido efectuar. Entonces, el nacimiento de la Biblioteca Nacional tiene que ver con el fin de una institución virreinal: la Compañía de Jesús, una orden religiosa que habiendo sido expulsada de los territorios españoles en 1767, había dejado a disposición una magnífica biblioteca, probablemente una de las más grandes que existieron en América. Ese material es el que va a ser tomado como base dentro de la idea que traerá San Martín, no tan nueva como te dije, pero finalmente él es el que la va a efectuar, de tener una biblioteca a la cual pudieran acceder todos los ciudadanos”, afirmó.

Huamán agregó que, en este sentido, “la idea de creación de la biblioteca está muy asociada a los ideales de Independencia: así como se busca la libertad e igualdad, se buscaba que dentro de esa igualdad, todos los ciudadanos pudiesen acceder libremente al conocimiento”.

“San Martín fue muy claro el día que inauguró la biblioteca: esperaba que todo en la biblioteca podía generar los mismos servicios a la causa independentista que lo que los ejércitos habían logrado en el campo de batalla durante el proceso de independencia”, añadió.

La BNP fue fundada el 28 agosto de 1821 y sus primeros tres bibliotecarios, lo que actualmente sería el director de la biblioteca, formaron parte de estos grupos patriotas que buscaron la independencia. “El primer bibliotecario que tuvo la BNP fue Mariano José de Arce; el segundo, Joaquín Paredes; y el cuarto, Juan Coelho, esas tres personas aparecen como firmantes en el Acta de nuestra Independencia”, mencionó.

La nueva sede de la BNP, ubicada en San Borja, contiene las bóvedas con libros del Fondo Antiguo y Contemporáneo.
La nueva sede de la BNP, ubicada en San Borja, contiene las bóvedas con libros del Fondo Antiguo y Contemporáneo. | Fuente: BNP

HISTORIA COMPARTIDA

Huamán menciona que pensamos en el actual local de la avenida Abancay cuando hablamos del edificio clásico de la BNP, pero en sus inicios el espacio era mucho más reducido y no tenía acceso a la avenida.

“Originalmente, la biblioteca tenía acceso hacia una de las calles laterales, la anterior calle del Estudio que daba a la cuadra 4 del jirón Ucayali. El local que ocupaba la biblioteca es un espacio con muchísima historia porque desde el año 1568 funcionaba el Colegio Máximo de San Pablo, un colegio jesuita con gran presencia que formaba parte del complejo de espacios que tenían los jesuitas en ese sector. […] Una vez que los jesuitas son expulsados, este espacio quedó conteniendo los libros que habían pertenecido a esta compañía, allí con el tiempo va a funcionar también el Colegio para Caciques. Tras la proclamación de la Independencia va a pasar a llamarse el Colegio de la Independencia”, resaltó.

Huamán sostuvo que en ese mismo espacio, pero en 1584, se imprimió el primer libro que vio la luz en toda América del Sur. “La primera imprenta que llegó de Europa a los dominios españoles de América del Sur se instaló allí en el Colegio Máximo de San Pablo. Ese espacio no solamente ha sido testigo del nacimiento de la imprenta de Sudamérica, sino que, con el tiempo, se convirtió en el espacio que resguardaría toda la memoria histórica de los peruanos”, mencionó.

Huamán agregó que la historia de la BNP está muy relacionada a la historia del Perú, ya que “así cómo nació con muchos auspicios en el proceso de Independencia, pronto también se vio aislada del apoyo estatal por los propios avatares del sistema político peruano”.

“Sin embargo, la biblioteca siempre se dio un espacio para poder brillar. Ese brillo vino de las múltiples colecciones que desde su nacimiento fueron siendo legadas por coleccionistas o por hombres esclarecidos que tenían muy claro que la memoria histórica de los peruanos se conserva en esos papeles”, sostuvo.

El historiador resalta que entre los hitos más importantes en la historia de la BNP podemos señalar, por ejemplo,  la donación de San Martín de su biblioteca personal que se estima que eran entre 600 o 700 volúmenes, muchos que aún se encuentran en la bóveda de la biblioteca. Al igual que San Martín, el sabio Hipólito Unanue, el poeta José Joaquín de Olmedo, Manuel Pérez de Tudela, quien redactó el Acta de Independencia, y muchos otros donaron sus colecciones personales, ampliando los volúmenes que integraban la BNP.

Del mismo modo, ya en el siglo XIX, se integraron la colección privada de Joaquín Paredes, un clérigo patriota muy importante y también director de la biblioteca y la colección de Miguel Fuentes Pacheco, esta última considerada la donación más grande que llegó a la BNP en su primera etapa institucional, es decir, desde la fundación por San Martín hasta la Guerra con Chile.

RICARDO PALMA, MODERNIDAD Y NUEVAS COLECCIONES

Un segundo hito, menciona el historiador, se da durante el expolio de los libros de la BNP durante la ocupación chilena de Lima. Así, durante la derrota del ejército peruano en el sur y posterior ocupación de la capital se dio la autorización de "desvalijar" la biblioteca, con una orden desde Santiago de Chile.

"Producto de esta situación partieron muchos libros hacia Chile. Un detalle a tener en cuenta es que siempre se ha pensado que todos los libros se fueron al sur y ahí viene lo triste del asunto: es más que probable que gran parte de sus 56 mil volúmenes que perdió la biblioteca al momento del expolio, más de partir al sur hayan terminado en manos de coleccionistas y libreros que aprovecharon este acto para comprarlos y hacer negocio con ellos. De esto da fe Ricardo Palma en sus primeras memorias institucionales (como director de la BNP)”.

Aquí el papel de Palma se hace preponderante: con un trabajo minucioso logró recuperar 15 mil volúmenes que habían quedado en manos de coleccionistas y libreros peruanos.

“En su gestión llegan dos de las tres bibliotecas más grandes que se han acopiado en el Perú del siglo XIX: la magnífica biblioteca y colección de documentos de don Mariano Felipe Paz- Soldán y la magnífica colección de don Félix Cipriano Coronel Zegarra”, añadió.

Después de haber pasado por el expolio de sus colecciones, la BNP volvió a pasar por un momento difícil: el 10 de mayo de 1946 sucedió un incendio en el que se perdieron 100 mil volúmenes impresos, cerca de 40 mil volúmenes manuscritos, muchas obras de arte, entre otros.

Con el pasar de los años, llegaron otras colecciones como la de Raúl Porras Barrenechea, que también se ubica en una zona especial de la sede San Borja de la BNP. Ya en la modernidad llegaron colecciones como la de Manuel Cisneros Sanchez, Pablo Macera, Franklin Pease, entre otros.

“Desde el 2006 surge la nueva sede institucional, la sede de San Borja en la que se depositó el Fondo Antiguo”, finalizó.

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