Gracias por contarnos tus historias y anécdotas y confiar en RPP; los ganadores podrán llevar a sus papás packs de vinos y piscos.

En Lima, el recojo de premios en Av. Paseo de la República 3866 San Isidro; viernes 26 de Junio de 3 a 5 de la tarde con fotocopia de DNI y, en provincias, nuestros representantes coordinarán la entrega de sus premios.


Ganadores de Lima
Enrique Núñez
Patricia Torres Sotelo
Enrique Santiago Aliaga
Walter P. Quispe Rojas
Karina Tomas Fernández
María Julia Miluska Madrid Medina
Elmira Patricia López Silva

Ganador de Cusco
Yeferson Chamorro Bellota

Ganador de Tacna
Delker Elizabeth Sosa Larosa

Ganador de Cajamarca
Karla Mariela Alcántara Cabellos


¡Disfruten de algunas anécdotas!

Cumpleaños Feliz, por Enrique Núñez
El año pasado el 23/12 fecha de su cumpleaños, decidí salir con el e invitarle unos cuantos tragos, algo que nunca habíamos hecho antes, fuimos al boulevard de Los Olivos y empezamos a conversar y a conocernos en temas que nunca antes habíamos hablado; lo curioso fue cuando salí un momento a comer una hamburguesa y me tope con amigos de la universidad que no veía en años, y de repente decidí acceder a un par de vasos de cerveza en el pub y cuando me fije ya habían pasado como 30 minutos. Y lo vi a mi papa que estaba afuera con cara de preocupación, buscándome.

Salgo inmediatamente y lo invito a pasar y a participar de la reunión con mis amigos; el era el cumpleañero y no podía dejarlo ir… les comente sobre eso a mis amigos y todos le invitaron bebidas y nunca pensé que mi padre se iba a divertir tanto bailando con mis amigas, el gesto en su rostro era como si otra vez hubiere retrocedido en el tiempo y se estaba divirtiendo como un joven de 25 años, por supuesto que no se quedaba atrás y siempre bailaba con mucha alegría y garbo todas las piezas que tocaban en el pub.

Lo que mas me gusto fue ver a mi padre como a un amigo mas… conversamos de todo y le conté hasta secretos íntimos y el también lo hizo.

 
Azúcar Blanca, por Enrique Santiago Aliaga
Mi padre tenía un negocio personal que era la elaboración del dulce "La Melcocha" y su posterior venta, yo era el encargado de comprar los insumos todos los días por la tarde y a la misma hora para su posterior producción. Esta preparación de La Melcocha la realizaban en mi casa de 3:00 am a 6:00 am más o menos y consistía en cocinar el azúcar blanca con sus diversos ingredientes y luego jalar este producto caliente hasta que se ponga blanco. Un día de estos eran 6:30 am aprox. y me levantaba para ir al colegio y los veo a mi padre, mi hermano y mi tío, que eran los encargados de la producción, completamente contrariados por que La Melcocha no se cocinaba y seguía aguada, ellos pensaban diversas cosas como que las ollas estaban viejas y que el aluminio se estaba derritiendo, que el azúcar estaba pasada, que nos habían hecho brujería, o que era producto de la mala suerte y que se habían levantado con el pie izquierdo etc.,. Ese día fue todo preocupación tratando de encontrarle repuesta a lo sucedido y además no hubo producto que vender por lo tanto fue un día de lleno de incógnitas para todos, por la tarde me fui a comprar los insumos como siempre, por la tarde y a la misma hora, para la producción del día siguiente, pero esta vez fui acompañado de mi padre, cuando llegamos al puesto de "la casera" que era quién me vendía todos los días los insumos necesarios y además era la principal abastecedora del azúcar blanca, como era habitual me empezó ha atender en presencia de mi padre, quien ya la conocía, en eso ambos, mi padre y yo, escuchamos la conversación de nuestra "casera" con otra de sus clientes a quien yo conocía de vista ya que coincidíamos en la hora de compra de los insumos, la casera le decía "pero casera yo te he dado el Ají Nomoto te lo he puesto encima del maíz" por un par de segundos no le dí importancia a lo dicho por la casera pero luego empecé a pensar en el día anterior de donde había yo cogido el azúcar blanca que lleve a mi casa, mi padre me quedo mirando un momento con un signo de interrogación hasta que luego de unos segunditos abrió sus ojos al mismo tiempo que yo abrí los míos y nos quedamos mirando un instante hasta que soltamos una carcajada que al instante se convirtió en una sonrisa disimulada. La explicación que encontramos en ese momento, sin comentarlo, fue que yo me lleve el Aji Nomoto que reclamaba la señora cliente a la casera y lo que era mejor no existía ni brujería, ni mala suerte, ni que la olla se esta desgastando o azúcar pasada que hasta ese momento pensábamos que era, cuando lo comentamos en casa fue un momento de alivio y de risa ya que todos se imaginaban solo cosas negativas. Al final ese error que cometí en el cambio de producto la señora cliente perdió económicamente ya que un kilo de azúcar blanca costaba en ese entonces S/.2.00 y el kilo de Aji Nomoto S/. 50.00 y ese día compré 5 kilos de azúcar blanca.


Una Experiencia Natural, por Walter P. Quispe Rojas
Siempre he tenido la idea de poder recompensar a mi padre lo bien que me hizo pasar mi niñez, una de las cosas que siempre hacía él es llevarnos a distintos lugares para conocer y aprender. Hasta que llegó la oportunidad de llevarlo a lugares donde el quería conocer "la selva".

Por motivos de trabajo tenía que ir al Manu (Salvación) fue entonces que nos reunimos en Cusco con mi papá, él venía de Lima y yo de Puerto Maldonado. Primero buscamos la "agencia de viajes (vaya agencia) no tenía ni un solo aviso y estábamos dando vueltas; pensé que el camino iba ser como de Puerto Maldonado a Iñapari, todo plano, pero me equivoqué, para variar mi papá estaba algo mal.

Iniciamos la travesía después de algunas horas se avizoraba las montañas de la selva, el carro cada vez subía u subía, yo estaba esperando la parte plana la cual nunca llegó. Luego de 10 horas llegamos a un pequeño pueblito donde hicimos "trasbordo" a un "carro" bastante viejo en el camino mirábamos partes de carros pensamos que eran robadas hasta que paramos de repente y la gente sonriente dijo ¡crucemos rápido! Era el río Carbón, algunos pasajeros contaban sus hazañas es que el río en cualquier momento subía y arrasaba con todo, es por eso que el carro "viejo" era el más adecuado, no recuerdo cuanto era la distancia de orilla a orilla de ese río pero era 10 veces más que el humilde Rimac. .

Hasta que llegamos a la capital del Manu "Salvación" ya veo porque le pusieron ese nombre. Nos alojamos en el "Hospedaje" que nos recomendaron, aquella noche no dormí, las ventanas eran de alambre los insectos cruzaban pero no los sapos, las distintas aves y otros animales que toda la noche hacían bulla, mi papá y yo estábamos "enjaulados" éramos los raros allí.

Al amanecer todo era silencio los zapatos estaban lleno de insectos, no había agua y tenía que trabajar pero antes a tomar desayuno, con mucha hambre en un "restaurante" pedimos lo necesario cuando entonces sentimos algo en nuestros pies, nos fijamos eran los sapos que estaban pasando por allí. Se me fue todo el hambre, trabajé todo el día mirándole suelo. Al caer la noche tenía que llevar unos documentos al otro lado del pueblo, mi papá como siempre valiente me dijo no te preocupes yo lo llevo. Miramos todo oscuro con el ruido aterrador, decidimos llevarlo al amanecer. Después de tres días retornamos a la "civilización" pero gustosos de haber conocido un rincón hermoso de nuestro Perú y yo muy gustoso de haberlo conocido con mi papá.

El Gran Tomas, por Karina Tomas Fernandez
Estábamos jugando con mi papá, mis 2 hermanas y yo por un pueblito de Chincha en una linda tarde soleada, recuerdo que habían muchas chacras en los alrededores, y nosotras estábamos jugando con una pelota inflable de playa, cuando de repente viene un aire muy fuerte y nuestra pelota se cae a una de las chacras y en eso comenzamos a gritar la pelota!, la pelota!, papa!! La pelota!!! Y mi papá el gran tomas, como le digo yo, trepa el muro de adobe, para entra a la chacra, con mis hermanas gritábamos ansiosas, papa tira! tira! la pelota!! Mi papá rescato la pelota, y cuando ya estaba de regreso trepando el mismo muro y tomándose un descansito sentado en el muro ya arriba y nosotras celebrando al Héroe Gran Tomas, vienen unos perros muy grandes y mi papa al girar para verlos pierde el equilibrio y se cae, pero adentro de la chacra, cuando los perros estaban llegando mi papá presuroso y con su cara de nerviosismo y pálido, se levanto y de nuevo trepo el muro para salir, recuerdo que salió todo asustadizo, gracias a dios los perros no lo alcanzaron, y mi papá salio todo sucio, porque callo como un tamalito, cuando nos acordamos de esa anécdota de mi papá, nos da mucha risa. Si hubieran visto su cara.

Pedro Infante, por Patricia Torres Sotelo
Siendo yo una niña pequeña (alrededor de 4 ó 5 años) recuerdo que andaba de moda el "cine" y más las películas hindúes y mexicanas.

Siendo familia de provincia, no había nada mejor que esperar el domingo para ir a ver la "película de estreno".  Tanto habló recuerdo mi padre de la película y de los actores, que distraídamente yo fui captando todos los pormenores de la misma, mientras jugaba.

Así que cuando llegó el "esperado" domingo, luego del almuerzo enrumbamos todos al cine.  Me senté junto a papá y expectante, esperaba ver de lo que toda la semana mi papá hablara.

Pasó cerca de una hora y yo "no veía" que aparecieran los actores principales.  Recuerdo que miraba y miraba la pantalla grande en blanco y negro y nada.
 
Llegó un momento en que no me aguanté y dije: "Papá ¿a qué hora salen el perro y el elefante?.

Mi padre me miró de manera curiosa y me dice: ¿cómo dices hijita?.  Yo contesté impaciente: ¡qué, a qué hora salen el perro y el elefante!.
 
Pasarían un par de segundos, cuando mi Papá rió estruendosamente, echando la cabeza hacia atrás y sin contener las carcajadas me dice:  ¡No hijita, la película que venimos a ver es de Pedro Infante!!!!!