Universitario de Deportes: el aliento como motivación para vencer al cáncer

Mientras la 'U' peleaba por quedarse en Primera, ella luchaba contra el cáncer. ¿Su incentivo? Acompañar a su equipo en el estadio. Conoce a Katherine Guerrero, la prueba de que el verdadero amor a los colores no conoce de pretextos.

Katherine Guerrero, hincha de Universitario de Deportes. | Fuente: Alex Melgarejo

No puede avanzar. Las piernas le pesan. A su alrededor, casi 35 mil personas andan sin problemas. Cantan, incluso. Ella no. Ya no. Le cuesta subir las escaleras. Le falta el aire. Son 94 gradas y, para llegar a lo más alto, el desgaste es demasiado. Pero las ganas son más. Se cansa, descansa y sigue. Se tropieza y siente que arrastra los pies, pero sigue. Siempre sigue. Y llora. No porque la salida sea difícil (o no solo por eso), sino porque ahí, mientras respira para recargar energía, una sola idea ronda su mente: Universitario ha ganado. Todo valió la pena.

Katherine Guerrero es hincha crema, deportista, periodista y tiene cáncer. “Quiero que te hagas unas pruebas más exhaustivas”, le dijo el doctor en 2015. El resultado fue claro: de cinco células, tres eran cancerosas. Biopsia, ganglio centinela y carcinoma se convirtieron en palabras comunes. Cáncer de mama, para entenderlo mejor. La misma enfermedad que se llevó a su mamá cuando tenía apenas tres años. Un monstruo con el que, pese a sus infaltables chequeos anuales, debía batallar.

Gerardo, su novio, quien la sujeta de la mano, le dice que suba con calma, que no hay apuro. Ella no responde. Igual, si lo hiciera, no se le escucharía. Hay mucha bulla y esa mascarilla celeste sujetada a cada oreja le impide gritar. Pero es obligatorio usarla. Sobre todo ahí, en el estadio, donde algunos otros  hinchas distribuyen su tiempo entre alentar al equipo y consumir tabaco (o algunas otras drogas). Es obligatorio si quiere estar en la tribuna. Y siempre quiere.

Katherine Guerrero en el partido ante Boys. | Fuente: Una Locura

La mejor herencia

Nunca se volvió hincha crema. Por lo menos, no recuerda haberlo decidido. Era simple: no tenía otra opción. En su casa se respiraba Universitario y nada más. Su abuelo, Artagnan Barbarán Pérez, fue socio fundador del club y, tiempo después, el encargado de vestirla con camiseta, short y medias de la ‘U’ para sus clases en inicial. Y Walter, su tío, como para encontrar un argumento más, jugó en las divisiones menores del club. Con el tiempo, se volvió jugadora del equipo femenino (en el área, de ‘9’). Y, a los 18, comenzó a escaparse de casa para ir sola a Norte. La ‘U’. Siempre la ‘U’. Nunca hubo otra historia por contar. Y esa misma historia fue la que la salvó.

Noviembre de 2015. Alianza visita a la ‘U’ en el Nacional. El desgano y el malestar la convencen de ver el partido tras una pantalla. Enrique, su mejor amigo, le ofrece ir al estadio, pero el dolor es mucho y la energía es poca. El 1-1 final, sin embargo, le cambia el chip. El año no era bueno. Ni para ella, ni para Universitario, que había peleado por quedarse en Primera. Juntos, entonces, se levantarían.

 

La foto preferida de Katherine Guerrero en el Monumental. | Fuente: Facebook

La fecha siguiente, en un triunfo ante Cristal, volvió a la tribuna. Pero el punto de quiebre fue un abuso de poder: “Un policía me quiso golpear y agarré la vara. No recuerdo nada, pero lo vi en foto. Estaba débil y triste, pero dije ‘mi equipo me necesita. Tengo que estar ahí para luchar contra la minoría que se enfrenta a las injusticias. Desde ahí fue más fuerte mi vínculo”. 

El trato consigo misma fue que, si los cremas salvaban el año, daría todo de sí para también salvarse. El trato con el doctor fue un poco distinto: solo podría ir al estadio si estaba bien. La motivación, entonces, era doble. Y dio resultado. Todo salió como debía salir. El equipo de Roberto Chale se salvó y ella venció el cáncer. La vida siguió, esta vez como asistente de Daniel Ahmed en el desarrollo integral de menores, en la FPF, y jugadora del primer equipo de futsal de la ‘U’. Campeonó el Apertura. El Clausura no lo jugó. El monstruo había vuelto.

Sigue la batalla

“En marzo de este año me vuelven a detectar cáncer en la misma mama. Fue más complicado porque el tumor era agresivo. Se estaba pasando a la otra mama. Tuve que dejar el trabajo y el deporte. Hace cuatro meses me volvieron a hacer un cambio en el tratamiento y este sí está haciendo efecto. Me faltan cerca de cuatro sesiones más para acabar mi último ciclo de ‘quimio’. Cada ciclo está compuesto por 10 sesiones. Hoy estoy acá por una más”, nos dice desde el hospital.

Ha dado 30 vueltas en casa antes de salir a la calle. Si para ir a Norte tenía que escaparse, para ir al tratamiento quisiera esconderse. Preferiría echarse en su cama y llorar. Porque cansa. Porque frustra. Porque duele. Pero basta un mensaje o un recuerdo en la tribuna para que se ponga de pie. Universitario la necesita. Y la única forma de acompañarlo es estar bien. ¿De dónde saca fuerzas? No tiene idea. “Solo ingreso al estadio y es como si fuera la primera vez que lo veo. Mi corazón se acelera, mi piel se pone más de gallina. Siempre se siente mejor”, cuenta.

Aunque a su abuela (a quien llama mamá) no le guste que vaya al estadio, la apoya. Es consciente de que, a sus 26 años, Katherine encuentra en la ‘U’ una fuente de energía que ningún químico le da. “Me ve tan feliz…  Sabe que es mi único medio de distracción. Siempre he sido muy sana y sabe que Universitario es mi vida. Me voy a exponer a muchas cosas, pero es un momento de alegría de soltar todo lo que cargo durante la semana”.

Katherine Guerrero fue parte del equipo femenino de la 'U'. | Fuente: Facebook

Su lugar en el mundo

Si vas al estadio, la verás. Porque, dice, la única forma de faltar es que se juegue a puertas cerradas. Estará 94 escaleras hacia abajo, en Oriente, para evitar el humo de Norte. De pie o sentada, dependiendo de las fuerzas. Con su novio al lado, para cuidarla. Porque, igual que una chiquitita, se para, salta y grita. “A veces se me apaga la batería durante el partido, pero me siento un rato y luego comienzo otra vez a cantar, a moverme. Igual, trato de no hacer mucho esfuerzo. Tengo que cuidarme para terminar el tratamiento. Ir al estadio es mi premio”. 

La verás, sin importar el puesto en la tabla. La verás porque, si está la ‘U’, ese es su lugar. La verás, de vez en cuando, sin esa mascarilla celeste que va de oreja a oreja. Se la saca para cantar. Para que su voz se escuche. Para que su aliento se sienta. La verás siendo feliz. “La ‘U’ y yo estamos hechos del mismo roble. Nos tocó un 2018 jodido, pero estamos demostrando que lo mejor está llegando. Si en verdad aman al equipo, visítenlo. No podemos querer a alguien que no vemos”.

Háganle caso. Lo dice quien no tiene pretextos. Quien, aunque le pesen las piernas, baja y sube 94 escalones. Quien, aunque le falte el aire, sigue cantando. Lo dice quien demostró que el fútbol no se trata solo de 22 personas en una cancha. Que es más. Mucho más. Que ese amor incondicional, tantas veces criticado, complementa. Que ese amor sin interés, por más que lo cuestionen, también sana. Y que siempre vale la pena querer así. Lo dice Katherine Guerrero. La guerrera de Universitario. Cómo no creerle.  

Katherine Guerrero, hincha de Universitario de Deportes. | Fuente: Asociación Hincha Crema
¿Qué opinas?