EFE

Chuck Blazer era un funcionario de la FIFA que trabajó durante 17 años en el máximo ente rector del fútbol. En 2013, le suspendieron de sus cargos por fraudes millonarios mientras estuvo en sus gestiones, la policía actuó secretamente y lo capturó; el plan: tener a Blazer del lado del FBI e infiltrarlo en las instancias de la FIFA para que se descubran las redes de corrupción en esa institución.

Blazer llevaba un micrófono en un llavero, grababa absolutamente todas sus conversaciones con los directivos en distintos continentes y empezó a trabajar para el FBI aportando información acerca de millones que se mueven ilegalmente. Con eso evitó ser encarcelado colaborando eficazmente con la justicia.

Por hacer este trabajo -que se llevó a cabo en los Olímpicos de Londres 2012- le pagaban un departamento de 6 mil dólares mensuales que también era usado solo para sus gatos. Excentricidades del hombre que pesa casi 200 kilos y que tiene cáncer de colon.

Con las informaciones que logró obtener Blazer, se pudo llegar hasta los informes secretos que llevan a los indicios de que las sedes de los Mundiales Rusia 2018 y Qatar 2022 fueron comprados por ingentes cantidades de dinero.

Hay 44 directivos que están implicados en este caso y que poco a poco podrían ir en aumento según se vayan descubriendo las redes de corrupción en la FIFA. El fiscal peruano que investiga a la FPF afirmó que, gracias a la colaboración en investigación con EE.UU podrían tomar en cuenta el testimonio de Blazer para tener una aproximación de lo ocurrido y de si esas redes de corrupción alcanzaron también a nuestro fútbol nacional, tal como informó el diario La República.