Escribe  Efraín Trelles
Desde Buenos Aires

Admito que soy un sentimental. Se me han llenado los ojos de lágrimas. Tras un grato y acalorado intercambio de opiniones al término del encuentro Perú–Uruguay, donde hasta escuché al colega Martín  Fernández (lo cito con respeto porque es opinión ajena) pedir una nueva oportunidad para el Chemo… veo que el grueso de la afición  ha entendido algunas cosas y no ha  vacilado en expresarle todo su apoyo a esta selección y a este proceso. Hasta la prensa escrita, usualmente tan verraca y sacamantecas ha dejado latir su corazón a favor de este bicolor.

Más, todavía, los sabios del mundo virtual, usualmente opinando desde el extremo o sin control alguno de emociones, han sabido reconocer la entrega de este equipo.

Se me nublaron los ojos en la soledad de este centro de prensa. No hemos bregado en vano, pensé. Y lo mismo debe estarle ocurriendo al cuerpo técnico y a los jugadores.

Aunque esto no acaba todavía. Solamente podemos decir que Perú fue capaz de actuar como un equipo solidario  y ordenado por quinta vez en apenas quince días. Y lo subrayo porque falta el sexto partido y será impostergable esperar ese rendimiento (no el resultado) para poder cerrar bien esta evaluación. Y no olvidemos que los equipos solidarios también cometen errores,  pero no se derrumban nunca.

En el futbol, felizmente, nadie sabe más que nadie  y es por ello que se respetan todas las opiniones y las discusiones pueden ser fascinantes. Hubo un momento, dos goles abajo y con diez hombres, en que empezaba el camotito, se oían los oles y a lo mejor parecía venirse la típica goleada de la era del Chemo. Muy al contrario, Perú se recompuso y abandonó el campo con la dignidad de un equipo intacto o casi.

Y digo casi porque la expulsión de Vargas es muy censurable. Ya  sé que todos le pegaban y el juez nada, pero se precisa madurez para no perjudicar al equipo. Así como le festejamos la locura, hay que  hacerle saber que el futbol, como dijo un cibernauta, es de machos pero es de inteligentes.