Mundial Qatar 2022
Luis Suárez en el Mundial Qatar 2022 | Fuente: EFE | Fotógrafo: Rodrigo Jim鮥z

Punto de quiebre:

Luego de que Uruguay clasificara a los octavos de final del Mundial Brasil 2014, todo el plantel charrúa se desbordó de emoción e ilusión en los vestuarios, pero a su goleador histórico, Luis Suárez, había algo en el fondo que no lo dejaba tranquilo. “No pasó nada, choqué con él. Solo choqué con él”, le respondía a su esposa Sofía cuando, una vez finalizado el partido, le preguntó si era cierto lo que aseguraba la prensa, si de verdad se había atrevido a morder al italiano Giorgio Chiellini tras aquella jugada de tiro libre.

En un primer momento, Suárez no solo negó el hecho al árbitro mexicano Marco Rodríguez y a las cámaras, sino hasta a su entorno más cercano. Con el correr de las horas, las imágenes de aquel minuto 70 venían repitiéndose millones de veces en el mundo y la verdad se hizo irrefutable: le había clavado los dientes en el hombro izquierdo al italiano y no fue ni amonestado. Dos días después del incidente, el 26 de junio, FIFA no solo le había impuesto el castigo más duro de su carrera, sino que Suárez debía despedirse del Mundial y abandonar la concentración de su selección en medio de lágrimas y aturdimiento. El ‘Pistolero’ sentía haber decepcionado a sus compañeros, su país y su familia, pero, sobre todo, también sentía que el fútbol se le acababa para siempre.

Suárez había vuelto a romper las reglas en una cancha y FIFA determinó prohibirle ejercer cualquier actividad deportiva o administrativa relacionada al fútbol -incluyendo entrenar junto a un club y visitar estadios- durante cuatro meses, inhabilitarlo en nueve partidos oficiales con su selección -incluyendo perderse la Copa América 2015- y pagar una multa de 100,000 francos suizos. “Yo pensé que mi carrera se me fue, se me fue. Por primera vez me fui y me encerré en el campo un tiempo para no saber de nadie”, reveló el delantero en una entrevista a Fox Sports. Meses después, ya en FC Barcelona -aunque aún sin poder jugar-, tuvo que acudir a un psicólogo solo por aquel incidente. “Mi forma de jugar no me la cambia nadie, pero debía ser más consciente y mejorar en el reconocimiento de errores”, contó. Desde ese momento, el descontrolado Luis Suárez comenzó a marcar su camino hacia una mayor madurez como jugador. O al menos intentarlo.

Esta vez los que aplaudían su irreverencia y elogiaban su instinto casi primitivo al defender la ‘celeste’ eran la minoría. Más bien, si bien la sanción fue vista como exagerada por muchos, la tendencia mundial era tildarlo de jugador sucio y cínico, un estigma con el que cargó siempre. Pero el ‘9’ charrúa, ya desde entonces, solía encarnar las paradojas en el fútbol y esa vez no fue la excepción. De hecho, cuatro años antes, en el Mundial Sudáfrica 2010, también había roto las reglas, pero, aquella vez, lo que obtuvo a cambio fue el logro más grande que vivió con Uruguay.

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Luis Suárez en el Mundial Brasil 2014 | Fuente: AUF

La otra mano de Dios:

“Siempre tómate un segundo más para pensar”, le aconsejaba, durante las concentraciones, el experimentado Diego Forlán a un joven Luis Suárez de 23 años que jugaba su primer Mundial. “Siempre hay un segundo para decidir”. Y fue esa mínima de tiempo la que le bastó para razonar -o, más bien, dejar de hacerlo- y, por puro instinto, convencerse de que no era mala idea correr hacia la línea de su propio arco, mimetizarse con Fernando Muslera y evitar el ingreso seguro de la pelota poniendo ambas manos. Era el último minuto del tiempo suplementario por cuartos de final contra Ghana y todo dependía de esa jugada.

Bastó ese segundo para que Suárez, quien recién empezaba a escribir su historia en los Mundiales, fuera expulsado en el partido que podía clasificar a Uruguay a semifinales, una instancia a la que no llegaba desde el Mundial México 70, hacía 30 años. Ante la mirada atónita del público, el reclamo indignado de los ghaneses y la incredulidad de sus compañeros, Suárez vio la tarjeta roja y la sanción de penal en favor del rival en la agonía del partido. Acto seguido, se llevó la camiseta hasta la frente para ocultar su rostro y salió de la cancha llorando como un niño sabiendo que, si esa pelota lograba entrar desde los doce pasos, su reacción desesperada no hubiera valido la pena. Pero quizá sí.

En ese segundo, Suárez había cambiado lo factible por lo fortuito, el gol seguro por el penal, lo certero por el golpe de suerte, esa que alimenta tanto el espíritu del fútbol y que aquella noche no acompañó a Asamoah Gyan. El delantero africano se paró en el punto penal y terminó estrellando la pelota contra el travesaño, el mismo al que luego Muslera agradeció. El resultado por 1-1 prevaleció y correspondía la tanda de penales. Diego Forlán, Mauricio Victorino, Andrés Scotti anotaron, pero erró ‘Maxi’ Pereira. Al final, un Loco de apellido Abreu y temple envidiable, picó la pelota y metió a Uruguay a semifinales. Luis Suárez, con la sensación de la pelota aún en las manos y siendo el héroe uruguayo de la noche, continuaba llorando fuera de la cancha, pero de alegría.

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Mano de Luis Suárez ante Ghana en el Mundial Sudáfrica 2010. | Fuente: Difusión

La figura insatisfecha:

Cuando llegó el Mundial Rusia 2018, Luis Suárez ya se había consolidado como uno de los mejores delanteros de Europa. De hecho, unos años atrás, el ‘Pistolero’ fue el único jugador capaz de arrebatarle en dos oportunidades la Bota de Oro a los rivales Cristiano Ronaldo-Lionel Messi desde inicios de la década. Además, ya había conformado uno de los mejores tridentes de ataque en la historia junto a la ‘Pulga’ y Neymar, y continuaba marcando hasta convertirse en el tercer máximo goleador en la historia de FC Barcelona. Con más títulos en sus espaldas y siendo goleador en su club, Suárez se perfilaba a ser la figura de su selección en ese Mundial y aquella expectativa no solo venía desde fuera, sino desde dentro. Y no le jugó a favor.

Era tanta la ilusión de Suárez por hacer un buen Mundial que hasta cambió sus propios hábitos. Parte de ello implicaba hacer una preparación parecida a la que tuvo Diego Forlán para el Mundial Sudáfrica 2010, con ejercicios y trabajos a los que él nunca estuvo acostumbrado. “Intenté experimentar y no me salió o no me sentí cómodo a la hora de jugar. Nunca fui el Luis que yo quería ser”, contó en una entrevista a Referi.

Si bien anotó dos goles y dio una asistencia que ayudaron a que Uruguay llegara a cuartos de final -donde cayó con la campeona Francia-, Suárez lo tomó como una buena campaña colectiva pero no individual: “En ningún momento me sentí bien en Rusia, más allá de los goles. Fue una mezcla de todo. Lo hablé con Diego (Forlán), quería hacer cosas parecidas (…). No me había pasado nunca. No me sentí como me quería sentir”.

Ya sea por la preparación distinta, los graves problemas de sueño que tuvo que afrontar durante su estadía en Rusia o por no llegar a la marca de goles quería, Suárez, aquella figura de la que tanto se esperaba, salía a la cancha siendo su mayor crítico y con incomodidad sobre sí mismo, pero con las mismas ganas irrenunciables de seguir llevando a su selección lo más lejos posible, cueste lo que cueste.

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Luis Suárez en el Mundial 2018 | Fuente: EFE

El último capítulo:

Doce años después, Uruguay nuevamente se encontraba frente a frente ante Ghana para saber quién se despediría de un Mundial, pero esta vez en la instancia de fase de grupos y en Qatar. Luis Suárez, viejo conocido y detestado para los ghaneses, se alistaba para saltar a la cancha como ‘9’ titular y, a diferencia del 2010, esta vez se besaba tres veces la muñeca en nombre de Delfina, Benjamín y Lautaro, sus hijos presentes en el estadio. 

Los dos primeros partidos -un empate y una derrota- en fase de grupos llevaron a Uruguay a la situación complicada de no solo depender de sí mismos para clasificar. Y, en tanto a lo individual, Luis Suárez no había podido destacar ni anotar en ambos encuentros en los que Diego Alonso, el entrenador, prefirió una muy criticada cautela en lugar del atrevimiento. Sin embargo, contra Ghana el único plan tenía que ser salir a proponer, buscar una victoria y esperar que los resultados entre Corea del Sur y Portugal le favorezcan. Y así fue, parcialmente.

Como las vueltas que da la vida y el fútbol, en el minuto 21, el ghanés André Ayew erró desde los doce pasos frente al arco Sergio Rochet y Ghana reabría la herida del penal fallado ante los charrúas. En el minuto 26, Luis Suárez controló el balón dentro del área y se animó a definir, pero atajó el portero ghanés y el rebote favoreció a Giorgian De Arrascaeta para abrir la cuenta con un cabezazo. Gol de Uruguay. En su mejor partido en fase de grupos, la influencia del ‘Pistolero’ volvió a aparecer en el minuto 32, cuando sirvió de asistidor para que De Arrascaeta firmara su doblete y, de momento, aquel 2-0 era suficiente.

Cuando Suárez se quitó la cinta de capitán para entregársela a Edinson Cavani en aquella sustitución del minuto 66, tenía la esperanza de que ese no iba a ser su último partido. Sin embargo, casi en la agonía, se enteró primero que sus compañeros de que Corea del Sur había remontado por 2-1 a Portugal en el minuto 91 del partido en simultáneo. “Falta marcar uno, solo uno”, les avisaba Suárez con gritos y gestos desde el banquillo de suplentes en referencia al gol que podría clasificarlos.

Tal como hizo en el Mundial 2010 tras ser expulsado contra el mismo rival, Suárez volvió a llevarse la camiseta hacia la frente y hundir su rostro para romper en llanto, pero esta vez la suerte no le jugaría a favor. Desde ese lugar de frustración en el que puede convertirse un banquillo de suplentes, el delantero a veces sacaba la cabeza solo para ver entre lágrimas si, de alguna manera, el gol milagroso llegaba, pero ya eran los segundos finales y la eliminación de Uruguay era inminente. Una vez que se dio el pitazo final, su certeza era otra: había llegado el fin de su historia en los Mundiales.

Mundial Qatar 2022
Luis Suárez ante Ghana. | Fuente: EFE | Fotógrafo: Rodrigo Jim鮥z