Adolescentes que no terminan de ser hijos y ya son padres

El embarazo adolescente puede destruir el proyecto de vida del chico o de la chica. Saltan una etapa de sus vidas, dejan sus estudios y terminan siendo hermanos de sus hijos.
Morguefile - Taliesin

El embarazo en adolescentes se considera un problema de salud pública y, además, un problema social por las consecuencias que tiene para todos los involucrados, incluidos el progenitor varón.

Existe un "muro de silencio" que rodea la paternidad adolescente, lo que implica una relación perversa de la sociedad con el adolescente. Al anular socialmente este tipo de paternidad, se acaba por legitimar la ausencia paterna, pues se le dificulta al adolescente la posibilidad de pensar, prevenir o asumir su condición de padre real o virtual.

Por lo tanto, es relevante abordar el tema de la paternidad desde los propios varones progenitores. El hecho de darles a ellos la palabra permite descubrir dimensiones antes desconocidas del significado de ser padre que pueden matizar la imagen parcial y problemática que se tiene de la paternidad.

La principal preocupación durante la adolescencia es la búsqueda de identidad. Los profundos cambios físicos marcan el comienzo de esta etapa, es así como los adolescentes pueden parecerse y a veces actuar como adultos, pero de alguna forma (particularmente en sus reacciones emocionales) todavía son inmaduros. Sin embargo, el deseo de ser independientes los impulsa a involucrarse cada vez más con su grupo de iguales y a separarse del nido del hogar.

Una de las tareas fundamentales durante la adolescencia es lograr un sentido de identidad y solidez personal. A medida que un adolescente se siente más a gusto y acepta la madurez de su cuerpo, aprende a tomar decisiones independientes, comienza a desarrollar un concepto de sí mismo como individuo y, en consecuencia, desarrolla su identidad.

Sin embargo, cuando le resulta difícil definir los conflictos acerca de su personalidad, de su independencia y de su sexualidad, el adolescente no logra desarrollar un concepto claro de sí mismo. Es así cómo un embarazo en esta etapa, podría generar una dificultad en el logro de las tareas de la adolescencia.

Si se produce en el seno de una pareja que lo desea y se encuentra preparada para llevarlo a buen término, será una verdadera experiencia de alegría. Por el contrario, si se trata de un embarazo no deseado en una adolescente, podría convertirse en una verdadera pesadilla y, a veces, hasta en una tragedia, tanto para ella, el futuro bebé, su pareja y los servicios sanitarios y educativos.

Concepciones en torno a la paternidad
La paternidad es uno de los pasos fundamentales del tránsito de la juventud a la adultez, uno de los desafíos que debe superar. Es, asimismo, la culminación del largo rito de iniciación para ser un "hombre", por cuanto, si tiene un hijo se reconocerá y será reconocido como varón pleno, se sentirá completamente hombre.

Entre los adolescentes, el concepto de responsabilidad se centra en la necesidad de evitar tener hijos en la calle o ser víctima de una mujer que los fuerce a asumir una paternidad no deseada que puede poner en riesgo el proyecto de vida del joven.

Estos embarazos truncan la vida de cientos de miles de jóvenes que saltean etapas de sus vidas, dejan sus estudios y son hermanos de sus hijos. Un embarazo adolescente puede destruir el proyecto de vida del joven.

Mientras disminuye la edad de inicio sexual, los embarazos adolescentes siguen creciendo: según datos aportados por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (CELSAM), los adolescentes entre 13 y 17 años saben sobre sexualidad y hablan del tema, pero la falta de educación de los más jóvenes y las diferencias de género fomentan prejuicios y generan estos embarazos inesperados.

Tanto padres como madres señalan diferencias entre la sexualidad de sus hijos y sus hijas, ven la actividad sexual masculina como "una necesidad biológica", al tiempo que viven la sexualidad de las mujeres como una forma de ser valoradas. Así la sexualidad de las mujeres es riesgosa, se prohíbe pero no se enseña a prevenir embarazos o enfermedades de transmisión sexual.

Mientras tanto, muchos chicos se inician los 12 y los 15 años, algunos para imitar amigos, otros por curiosidad y con frecuencia instados por el alcohol y los amigos.

Los padres y educadores no deben olvidar lo que numerosos adultos desconocen: la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que propone al doble método de pastillas anticonceptivas más preservativo, como la forma ideal de cuidado para los adolescentes, con la debida información y asesoría. También tener en cuenta que el placer y la sexualidad son parte de la experiencia humana y deben estar presentes en las conversaciones familiares.

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