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Muchas veces la infidelidad ocurre por la estimulación y emoción que nos produce el potencial amante y no tanto porque esa persona despierte en nosotros un sentimiento profundo. Una vez sucedida la aventura extramatrimonial, la relación de pareja queda gravemente herida y su recuperación amerita mucho trabajo por parte de ambos.
 
La infidelidad casi siempre es un síntoma de que la relación de pareja no está bien. Cuando una de las partes siente que la relación ya no llena sus expectativas busca fuera de ella cualquier elemento que le permita sentir pleno aunque sea de forma superficial.

Algunos especialistas opinan que la infidelidad sólo destruye las malas relaciones, aquellas que consciente o inconscientemente son débiles, están desgastadas o son neuróticas.

Cuando un miembro de la pareja mantiene relaciones extramatrimoniales, se da una primera fase de enamoramiento e ilusión muy similar a la que ocurre en otros momentos y con otras parejas. La clandestinidad sirve de refuerzo a una situación que, a priori, da miedo pero que después se convierte en la excitación que estábamos necesitando en nuestra vida diaria. Las aventuras amorosas  funciona a menudo como una droga porque generan excitación y luego relajación pero dentro de un círculo vicioso adictivo.

Una vez terminada la infidelidad, algunas parejas optan por volver a la normalidad, pero para superar una aventura extramatrimonial es necesario recuperar no solo la confianza, sino también la paz interior. Cabe resaltar que la persona engañada siempre puede optar desde el comienzo por salvar el amor o terminar definitivamente.

Según el psicoterapeuta José Luis Cano Gil, cuando una persona es engañada sufre inmediatamente tres heridas: “dolor por el abandono, humillación y  rabia”. La recuperación paulatina de estas heridas requiere experimentar el siguiente proceso:

1. Expresar y desfogar las emociones ocasionadas (dolor, despecho, rabia) no sólo ante la propia pareja, sino también con otros familiares o amigos, que acompañarán y compartirán el dolor de la persona y le darán ánimo y consejo.

2. Revisar y descubrir por qué ocurrió la infidelidad. Si el suceso fue ocasionado por una huida, una sustitución, un narcótico, una venganza,  una muestra de soledad entre otros. Esto es indispensable no solo para como parte del proceso curativo, sino también para prevenir futuras repeticiones de la infidelidad.

3. Resolver a fondo si se quiere y se puede todos los problemas descubiertos.

Si ambos miembros de la pareja se aman y son lo suficientemente conscientes y valientes para recorrer juntos, con o sin ayuda profesional, todas estas etapas, las heridas del engañado y el sentimiento de culpa del infiel tendrán la posibilidad de desaparecer gradualmente, la confianza del primero regresará espontáneamente, y la calidad de la relación podrá mejorar. Si, por el contrario, estas etapas no se dan o suceden a medias, es probable que el conflicto siga durante mucho tiempo y lleve incluso a la ruptura definitiva.

Según el doctor Fernando Maestre, para perdonar una infidelidad, la persona engañada debe mostrar mucho entendimiento y reconocer el arrepentimiento del infiel. Por otro lado, el infiel debe curar la herida de la infidelidad mediante las siguientes acciones para recuperar la confianza perdida: cambiar de actitud, mejorar la comunicación, conversar del tema si el afectado lo necesita, ser amoroso, tener gestos de cariño y comunicar con quién está.

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