Juan Zapata

No es algo común ver a una mujer en silla de ruedas trabajar en una institución donde a cada minuto los bomberos salen corriendo, y donde el teléfono suena más de 300 veces al día; pero Miluska es de aquellas personas que nunca se rinden.

Eran las 6:10 de la tarde cuando quedé con Miluska Cueva Tiznado para la entrevista, y lo primero que le dije, ya instalado en la Compañía de Bomberos Nº 59 de Cajamarca, es que había sido más difícil concertar esta entrevista con ella que con el mismo presidente regional; fue entonces que ambos nos reímos, y es que pasaron cerca de dos semanas para que Miluska pueda contarme su historia de vida.

No pasan ni cinco minutos, y Miluska ya recibió más 20 llamadas de emergencia, de las cuales solo dos eran una verdadera emergencia y el resto simples falsas alarmas que lo único que hacen es que las dos únicas líneas que tiene la Compañía de Bomberos de Cajamarca se saturen.

Desde esta pequeña central de emergencia Miluska me cuenta que escucha una serie de improperios no solo de personas adultas sino también de niños, que aprovechándose de que es una línea libre pasan las horas marcando el 116.

El primer día que llegué -me dice Miluska- fui la primera que recibió la llamada de alerta de un incendio forestal en la zona de Porconcillo, me puse un poco nerviosa pero de inmediato comuniqué al comandante Luis Esaine de lo que sucedía disponiendo que varios vehículos acudan a la emergencia.

“A veces las personas que llaman exageran los hechos”, me cuenta y minutos después un poblador del distrito de Jesús (Cajamarca) alertaba de que un camión había caído a un abismo y había 10 muertos, luego se supo que fue solo uno, pero sí dejó 27 heridos con diversas fracturas.

Miluska ingresa a las 2 de la tarde y su hora de salida es a las 8 de la noche, pero por lo general se queda unas horas más. “Me encanta esta oportunidad que me han brindado, porque puedo ayudar a varias personas que lo necesitan”.

Agrega, “soy una persona que nunca se rinde, que mira siempre adelante y que le encantan los retos”.

Como en toda entrevista siempre llega la pregunta, que a veces prefieres evitar, sin embargo mi curiosidad es más grande y le consulto si su discapacidad es de nacimientoella me dice que no, y que más se parece aquellas historias que vemos a diario en la televisión.

“Mi accidente ocurrió en octubre del año 2003, tenía 15 años, todavía estaba en el colegio y caminaba por la calle José Gálvez, frente a la plazuela San Pedro (Cajamarca) y de pronto sentí que algo perforó mi espalda y desmayé, luego desperté en el hospital”, menciona.

Noto que Miluska prefiere no seguir y entiendo que aún busca una respuesta de lo que pasó aquella vez que una bala perdida la dejó discapacitada y que como siempre nunca se supo de donde vino el proyectil.

En ese momento, Denys Torres García, un bombero que está de turno, intenta animarla diciendo que aún no ha sido bautizada en la Compañía de Bomberos. “Ya vamos a coordinar para echarte agua, porque aquí solo vemos agua”, dice el hombre de rojo en medio de risas.

Ella sonríe, y termina la entrevista. Miluska continuará trabajando como siempre en esta central de emergencias recibiendo las llamadas de los pobladores cada luchando por salir adelante.

Por: Juan Zapata

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