Foto: Cap Infobae

Diego, considerado el sucesor del Solitario George, demostró ser un macho a carta cabal al procrear a más de 800 tortugas descendientes, salvando de la desaparición a su especie Chelonoidis hoodensis de las islas Galápagos.

Diego fue repatriado del zoológico de California a las islas ecuatorianas en 1975, tras haber sido sacado por alguna expedición entre 1900 y 1930, debido a que solo quedaban dos machos y 12 hembras su especie.

Inicialmente fue colocado junto con los otros dos machos y las hembras en el mismo corral, pero Diego era dominante, agresivo y muy activo sexualmente, recoge la agencia AP.

Ello obligó a sus cuidadores a que en 1983 lo dejaran en un corral separado con cinco hembras, mientras que sus dos colegas se quedarían con siete compañeras. Las tortugas no son monógamas.

Linda Cayot, asesora científica de la organización Galápagos Conservancy, explicó que Diego es el más activo sexualmente porque "es el más viejo de los tres machos, es más grande, y en las tortugas, el más grande es dominante”.

Diego es una tortuga cuyo caparazón es negro y mide cerca de 90 centímetros, pesa unos 80 kilos y tiene las patas y el cuello más largos que el resto de las especies de tortugas gigantes de Galápagos, porque el hábitat del cual procede, isla Española, es árido y estos animales desarrollaron esas características para estirarse y alcanzar vegetales ubicados a mayor altura.

Su cuidador, Fausto Llerena, dice que Diego "es el nuevo mimado de los turistas, aunque ya desde hace unos años llamaba la atención. Creo que va a ser el sucesor del Solitario George y el nuevo consentido".

Con la muerte de George, el 24 de junio pasado, quedan vivas 10 de las 14 especies que habitaban originalmente las islas Galápagos.

Las cuatro desaparecieron en la antigüedad por la actividad volcánica y por la depredación de los seres humanos desde la época de corsarios y barcos piratas, y por los animales introducidos, como cabras, perros y cerdos.

El responsable del departamento de conservación sustentable del Parque Nacional Galápagos, Washington Tapia, señaló que "es imposible saber cuántos años tiene Diego, es una tortuga vieja que supera los 100 años".