La acción del hombre torna en desiertos doce millones de hectáreas de tierras productivas al año desde principios de 1980, lo que supone que desde esa fecha el planeta pierde anualmente un 1 por ciento de sus campos fértiles.

El secretario ejecutivo de la Convención de Lucha contra la Desertificación de la ONU (UNCCD), Luc Gnacadja, utiliza datos como esos para subrayar que la degradación de las tierras es "el mayor desafío medioambiental de nuestra era" y "la principal amenaza contra el bienestar global".

Gnacadja, exministro de Medio Ambiente de Benín, incidió en que la "desertificación" es la principal causa de que más de mil millones de personas en el mundo vivan en la pobreza, por la imposibilidad de cultivar o acceder al agua.

"Los países desarrollados han pensado tradicionalmente que la desertificación es algo que pasa en zonas muy remotas y que combatirla no les iba a generar ningún beneficio; por lo que durante años se han negado a desarrollar mecanismos de financiación para ponerle freno", explicó el secretario ejecutivo del UNCCD.

Ese planteamiento es "totalmente erróneo": "la degradación del suelo no solo incrementa la pobreza y la mortandad infantil a nivel local; afecta a los océanos y al bienestar global", puntualizó Gnacadja.

En ese sentido, recordó que la desertificación es una de las principales causas de las migraciones masivas en los países pobres, y que "la solución no es amurallar Europa para que no lleguen inmigrantes de África sino ayudarles a solucionar sus problemas para que no tengan que emigrar".

Para convencer a los países de que hay que pasar a la acción, Gnacadja propone dos fórmulas, una de las cuales sería "hablar de medio ambiente en términos macroeconómicos".

"El coste de la inacción es infinitamente más caro que el coste de la acción", destacó Gnacadja, quien defiende que su planteamiento no es el de un "activista" sino el de un "futurista".

El secretario ejecutivo del UNCCD reclama también más "sinergias" en las políticas nacionales, ya que, a su juicio, el 75 por ciento de las respuestas que hay que dar a los tres grandes retos ambientales son comunes.

"A veces hago un ejercicio práctico cuando me reúno con los ministros de medio ambiente de los países, les digo enséñenme sus planes para frenar la pérdida de biodiversidad, adaptarse al cambio climático y evitar la degradación de la tierra", prosiguió.

"La inmensa mayoría de las medidas de esos planes coinciden pero se tratan de manera separada, lo cual no solo es una sinrazón sino que conlleva la pérdida de importantes recursos económicos", agregó.

Gnacadja remarcó, además, que el cambio climático "está haciendo más severas y frecuentes las sequías y la destrucción del suelo", y es uno de los motivos por los que "urge actuar".

EFE