No ha sido un año completamente desastroso para el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pues consiguió logros como la firma del tratado de desarme START o la reforma del sistema de salud, pero en 2010 el electorado le obligó a poner los pies en la tierra.

Este año ya lo comenzó con mal pie, al incumplir lo que había sido la primera promesa de su mandato: el cierre de la prisión en Guantánamo (Cuba) en sus doce primeros meses de gestión.

Pero un varapalo mayor supuso ese mismo mes de enero que su partido perdiera la mayoría absoluta de la que gozaba en el Senado, después de que el republicano Scott Brown ganara por sorpresa una elección parcial en Massachusetts, uno de los principales feudos demócratas en Estados Unidos.

El revés obligó al presidente estadounidense a variar su táctica para aprobar lo que es la gran "joya de la corona" de su mandato, la reforma del sistema sanitario.

Tras semanas de dilación, una maniobra técnica permitió someter a votación la medida y evitar un bloqueo de la minoría republicana. La Cámara aprobó el 21 de marzo la histórica ley, que amplía la cobertura médica a 32 millones de estadounidenses para 2019.

Sin duda, fue el momento de mayor gloria de su mandato hasta el momento. Como le susurró al promulgar la medida el vicepresidente Joe Biden, sin darse cuenta de que las cámaras le grababan, era "algo de puta madre".

Su buena racha continuó el 9 de abril con la firma en Praga, junto al presidente ruso, Dmitri Medvédev, del nuevo tratado START de desarme nuclear, su mayor logro en política exterior y que sella el nuevo comienzo de las relaciones entre Washington y Moscú.

Sin embargo, a su regreso a Washington comenzaron de nuevo los problemas. El 20 de abril estalló en el golfo de México la plataforma de la petrolera BP "Deepwater Horizon".

Empezó así el mayor vertido de crudo en la historia de EEUU, un derrame que no se consiguió taponar definitivamente hasta el otoño y un problema cuyas consecuencias ecológicas a largo plazo aún no se han determinado con certeza.

La popularidad de Obama descendió cada vez más en las encuestas, sin que la aprobación de una reforma del sistema financiero causara un gran impacto entre los votantes.

En septiembre, el presidente de EEUU, que había prometido que haría de la paz en Oriente Medio uno de sus objetivos en política exterior, se apuntó un tanto cuando israelíes y palestinos retomaron en Washington sus conversaciones directas tras un año y medio de interrupción.

El alborozo se reveló prematuro: el proceso volvió a detenerse por el fin de la moratoria israelí a los asentamientos judíos de Cisjordania. Al comenzar diciembre se ha vuelto a las conversaciones indirectas.

Para entonces, la Casa Blanca comenzaba a dar muestras de nerviosismo. El 2 de noviembre se celebraron elecciones legislativas para renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, sin que las encuestas anunciaran buenas noticias para los demócratas.

Pese a la movilización masiva de la Casa Blanca y el propio presidente, los votantes, enojados por el estancamiento económico, dieron a los demócratas lo que Obama calificó de "una paliza".

Los republicanos consiguieron hacerse con la mayoría en la Cámara de Representantes y recuperaron seis asientos en el Senado.

Un Obama que tras su triunfo en las presidenciales de 2008 había replicado a los republicanos "yo gané", prometió ahora contrito gobernar desde el bipartidismo.

Sus primeros intentos, hasta el momento, no parecen haber dejado satisfechos a muchos.

El pasado día 7 de diciembre anunció un acuerdo con los republicanos para mantener como están, durante dos años, los recortes de impuestos que había aprobado su predecesor, George W Bush.

Si con ello ha ganado respaldo republicano en el Senado, ha irritado sobremanera a las bases demócratas, contrarias a que se prorrogaran los recortes fiscales a los más acomodados.

Pendiente está también el futuro del START, que para entrar en vigor necesita una ratificación del Senado que los republicanos no terminan de conceder.

Y para terminar de rematar el año, un juez federal de Virginia ha declarado inconstitucional parte de la reforma sanitaria, una decisión que el Gobierno apelará.

El año 2011 se perfila como decisivo para Obama, que tendrá que encontrar una fórmula para cohabitar con unos republicanos en alza y recuperar la magia que le hizo ganar las presidenciales de 2008.

El tiempo empieza a contar. Quedan 23 meses para las presidenciales de 2012. De lo que haga Obama a partir de ahora dependerá si eso es, realmente, lo que le queda de estar en la Casa Blanca, o si conseguirá cuatro años más. EFE

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