El cuy fue domesticado en los Andes hace más de 3000 años, allí los animales son utilizados para rituales y platos de fiesta, no hay casa de campesinos sin él.

Para el hombre andino, el cuy es la mascota más popular, que se identifica con la vida, las costumbres de la sociedad indígena, los rituales sagrados o religiosos y sigue siendo esencial en la dieta.

Criar cuy era en un inicio exclusivamente familiar, se ha extendido al éxodo rural a las ciudades y se ha comercializado en los últimos años con éxito.

El cuy también es un plato famoso en Bolivia y Ecuador, pero en el Perú es en el que se trata realmente de un auge, pues cuenta actualmente con una población de más de 22 millones de cuyes, que producen anualmente 17.000 toneladas de carne.

El Mercado Caquetá, en la popular zona de San Martín de Porres, es el principal mayorista del cuy: quince puestos se dedican a la venta de los pequeños mamíferos. Ellos los crían, los matan y los venden principalmente a restaurantes y supermercados; pero también venden a granel a las empresas mineras para sus empleados.

En los años 70, un cuy pesaba 380 gramos en promedio dos meses después de su nacimiento, hoy puede ser superior a 1 kg. La carne de cuy, cuyo sabor es similar a la del conejo o el pollo, es particularmente rica, con más de 20% de proteínas, de fácil digestión y generosa en hierro y tiene muy poca grasa.

Con la colonización española, el cuy fue exportado a Europa en el siglo 16, siendo adoptado rápidamente, pero hasta ahora solo como una de las mascotas favoritas de los niños.


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