Jesús plantea una nueva forma de concebir la vida y el amor

Jesús no viene a abolir la ley sino a perfeccionarla. Escuchemos el diálogo franco y abierto entre el Padre Clemente Sobrado y Miguel Humberto Aguirre en torno a este interesante evangelio.
Lima
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Palabra de Dios según San Mateo en el capítulo 5, versículos del 17 al 37. (Hacemos

una lectura abreviada)          

 

“No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: “Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. “Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la condena del fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. “Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

 

 

Reflexiones del Padre Clemente Sobrado: 

 

El Evangelio de hoy nos trae toda una serie de mensajes fundamentales en nuestra vida de creyentes. Y eso que nosotros lo hemos abreviado en razón del tiempo. Vamos a hacer una breve síntesis:

 

Primero: Jesús no viene a abolir la Ley del Antiguo Testamento. Al contrario la viene a perfeccionar dado que a lo largo del tiempo nosotros la hemos deformado. Y una ley deformada ya no sirve.

 

Lo segundo: Nos dice que no basta ser como los demás, no podemos ser como los escribas y fariseo. Con frecuencia, nosotros nos medimos según la medida de los demás. Y para Dios, cada uno tenemos nuestra propia medida. No basta que yo sea como los demás. Yo tengo que dar la talla que Dios ha pensado para mí. Cada uno sabe los dones de gracia que ha recibido.

 

Lo tercero: La ley prohibía “matar”. Jesús establece otros criterios cuando se trata de nuestra relación con los hermanos. No es suficiente el “no matar”. Jesús nos pide un tipo de relaciones basadas en la caridad. No basta con no ofenderle, es preciso amarle. 

 

Y hasta llega a hacer una afirmación que para nosotros pudiera parecernos extraña. Yo diría que la reconciliación, la amistad y el perdón están por encima del mismo culto, o dicho de otra manera, son una especie de culto. No se puede acercar uno al altar, si en su corazón lleva el veneno de la enemistad con su hermano. Mejor damos vuelta atrás, amistamos y nos perdonamos y recién ahora podemos acercarnos al altar.

 

Y en cuarto lugar, Jesús clarifica de una manera nueva el adulterio. No solo cometemos adulterio con el cuerpo. También se puede ser adúltero con el pensamiento, con la mirada, con el deseo, por más que no lleguemos al adulterio físico. Al fin y al cabo, el adulterio lo llevamos en el corazón.

 

Como veis se nos abre un estilo nuevo de vida. Un estilo nuevo de ser. La ley adquiere otra vida.